Navi Pillay, jurista y expresidenta del grupo de expertos de la ONU que acusó a Israel de genocidio, premio Nobel de la Paz 2026
Navanethem “Navi” Pillay, distinguida jurista sudafricana con una dilatada carrera en instituciones en defensa del orden jurídico mundial, ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz 2026 “por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”, según ha anunciado el presidente del Comité Nobel Noruego, Jørgen Watne Frydnes, este viernes.
Pillay fue jueza de la Corte Penal Internacional y presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. También fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado de 2021 a 2025, que concluyó el año pasado que Israel había cometido genocidido en la Franja de Gaza. En la actualidad, es magistrada de la Corte Internacional de Justicia en el caso en el que Myanmar está acusado de genocidio.
“El Premio Nobel de la Paz de 2026 se concede a una persona que, con una valentía e integridad excepcionales, ha marcado el camino hacia un orden jurídico mundial más completo. El galardonado de este año ha desempeñado un papel fundamental a la hora de garantizar que se juzguen los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio”, ha dicho el presidente del Comité Nobel. “El compromiso de Navi Pillay con los principios jurídicos universales y su firme brújula moral han sido constantes a lo largo de su dilatada carrera”, ha proseguido Jørgen Watne Frydnes, que ha destacado en primer lugar cómo la galardonada nació en el seno de una familia de origen tamil indio bajo el régimen del apartheid en Durban (Sudáfrica) y se convirtió en abogada “y pionera en el ámbito jurídico, enfrentándose a una profunda discriminación estructural, segregación y exclusión”.
“Existe un hilo conductor que va desde sus primeros trabajos en defensa de Nelson Mandela y otras personas que se rebelaron contra el apartheid hasta su labor como jueza en algunos de los casos judiciales internacionales más importantes de nuestro tiempo”, ha añadido.
Con este galardón, el Comité Nobel ha querido lanzar un mensaje en tiempos de turbulencias. “En una época de retos existenciales —entre los que se incluyen más guerras y conflictos de los que el mundo ha visto en mucho tiempo—, el derecho internacional ya no es solo un complemento de la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta. Y, sin embargo, el sistema del derecho internacional se encuentra sometido a una presión tremenda, y sus instituciones están siendo objeto de ataques. Observamos un giro hacia la política del poder a expensas de los marcos jurídicos y del respeto global por la ley y la justicia. Cada vez que la fuerza se impone al derecho, se socava la estabilidad, la confianza y la coexistencia pacífica”.
“Al otorgar el Premio Nobel de la Paz de este año, el Comité Noruego del Nobel quiere recordar al mundo que el Estado de derecho —tanto nacional como internacional— sustenta el sistema que hemos establecido para garantizar la paz y resolver los conflictos de forma no violenta. La paz requiere justicia”, ha añadido el presidente de la institución. “La historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el imperio de la ley es injusto, imprudente e inhumano. Los jueces —aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos— merecen, por tanto, todo nuestro reconocimiento. Pero hoy, cuando estos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son objeto de ataques, necesitamos personas con valentía, visión y determinación, cualidades que Navi Pillay demuestra en su labor como jueza”.
La jurista sudafricana sucede así a la política opositora venezolana María Corina Machado, una elección que vino rodeada de polémica. En un gesto controvertido, Machado le entregó a Donald Trump su medalla del Nobel de la Paz poco después de que Estados Unidos secuestrara y encarcelara al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La decisión recibió amplias críticas de la clase política noruega y llevó al Instituto Nobel a aclarar que el premio es inseparable del ganador e intransferible y que un laureado no puede compartirlo con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado. Trump, que ahora libra una guerra contra Irán, lleva tiempo anhelando el premio y ha afirmado repetidamente que lo merece.
Este año, el Comité Nobel noruego había recibido 287 candidaturas para el premio de este año. Únicamente publica el número total de aspirantes y no confirma nombres hasta pasado medio siglo, que sólo se pueden conocer antes si los revelan quienes los han nominado. Los analistas habían señalado como posibles candidatos la Estación Espacial Internacional, los equipos de emergencia en Sudán, los defensores de los derechos de la infancia en Ucrania y dos de los principales tribunales internacionales.
Según el testamento de Alfred Nobel, el magnate sueco creador de los premios, pueden designar candidatos al premio de la Paz catedráticos de universidad en Derecho, Historia y Ciencias Políticas, parlamentarios, antiguos laureados y miembros de tribunales internacionales, entre otros.
El de la Paz es el único de los seis premios Nobel que se otorga y se entrega fuera de Suecia, en Oslo, por deseo expreso del creador de los premios. Su testamento estipuló que se concedería a la persona “que más o mejor haya trabajado por la fraternidad entre las naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y por la celebración y promoción de congresos de paz”. Lo decide el Comité Noruego del Nobel, un organismo independiente de cinco miembros designado por el Parlamento noruego.
En 125 años de historia, antes de esta nueva edición, el Nobel de la Paz ha premiado a 28 organizaciones y 112 personas. De ellas, solo 20 eran mujeres.
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