Lula se la juega en el estado que predice los resultados de las elecciones: “El bolsonarismo se ha infiltrado en la periferia”
“Quiero plantar marihuana en la huerta municipal, para hacer aceite y usarlo medicinalmente”. Elenice Delgado, alcaldesa de Lima Duarte (estado de Minas Gerais), municipio del sudeste del estado de Minas Gerais, saca pecho de sus políticas públicas. La regidora del Partido de los Trabajadores (PT) habla del Centro de Atención Psicosocial, del baño público y de la Piscina Viva, con clases gratuitas de natación, fútbol, baloncesto, jiu-jitsu y judo. Elenice, que recorre esta localidad de 17.000 habitantes con un Volskwagen Fusca azul (un “escarabajo”), reconoce la importancia de ser aliada del presidente Lula da Silva. “Beneficia a la mayoría de la población, incluso a gente conservadora. Aquí, Lula ha desatascado la fila de las pruebas especializadas del hospital”, asegura.
En 2022, Lula ganó en esta localidad con el 70,37% de los votos. En 2024, Elenice Delgado conquistó su segundo mandato en la primera vuelta. En los 142 municipios de la Zona da Mata de Minas Gerais, Jair Bolsonaro apenas ganó en 11 (Lula rozó el 60% de los votos). En 22 de ellos, Lula superó el 70%.
En el comité de campaña del PT de Lima Duarte, en Vila Cruzeiro, un joven de 19 años presume que en el barrio el 97% vota al PT. “Solo el carnicero es bolsonarista. La vida de mi familia cambió con el Bolsa Familia (programa asistencial). Antes, no teníamos electrodomésticos. Apoyo a Lula porque defiendo los derechos humanos y el fin de la escala 6x1 (trabajar seis días a la semana)”, afirma Biel Santana. Pedro Teixeira, presidente del PT en Lima Duarte y también sociólogo, argumenta que el voto a Bolsonaro en la ciudad viene de la derecha tradicional. “Ganaderos que te dicen que vendían más cara la leche durante el Gobierno Bolsonaro. O jóvenes que se rebelan contra sus padres lulistas”, matiza.
La Zona da Mata, con 2,1 millones de habitantes, se inclina a la izquierda en las elecciones presidenciales, cuya primera ronda se celebra este domingo. Y puede ayudar a que Lula gane en Minas Gerais, el segundo colegio electoral (casi 16,4 millones de votantes), el estado que sociológicamente se parece más a Brasil. Como Ohio en Estados Unidos, suele ser un termómetro electoral. Desde 1955, quien gana en Minas Gerais se lleva la presidencia. En 2022, el resultado aquí fue casi idéntico al nacional.
En Juiz de Fora, capital de la Zona da Mata, los militantes de izquierdas sienten que ganar en esta ciudad de 569.588 habitantes es clave para Minas. Y para Brasil. “En las últimas elecciones, la victoria de Minas Gerais se debió mucho al progresismo de Juiz de Fora. Lula ganó en Minas por 49.650 votos y aquí por 39.303”, asegura a elDiario.es el periodista João Paulo Oliveira, militante del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). En 2022, Lula ganó a Bolsonaro por 216.606 votos en la Zona da Mata.
Ciudad talismán
En un quiosco de periódicos de la calle Batista de Oliveira, a pocos metros de donde Jair Bolsonaro fue apuñalado durante la campaña electoral de 2018, un hombre habla de falsos profetas. “Los Bolsonaro engañaron a los gays, a las mujeres”, dice Eduardo Bento, de 52 años, mientras muestra una foto en su teléfono del expresidente ultraderechista tras la cuchillada. “Fue un montaje”, asegura. A su lado, María Elena Bastos, de 61, trabajadora del quiosco, argumenta que fue “una estrategia para ganar votos aquí, donde la mayoría es petista (que apoya al PT)”, reproduciendo una teoría de parte de la izquierda.
Tras la cuchillada de 2018, Jair Bolsonaro se alzó con la presidencia contra todo pronóstico. Para el bolsonarismo, Juiz de Fora es una ciudad talismán. Jair Bolsonaro comenzó en ella su campaña en 2022. El 9 de septiembre, Flávio Bolsonaro replicó la caminata de su padre el día de la cuchillada. El acto electoral de Lula el pasado miércoles en Juiz de Fora fue otra muestra de este carácter estratégico.
Margarida Salomão, alcaldesa de Juiz de Fora, conversa en su despacho sobre la importancia de que la ciudad, la segunda más habitada gobernada por el PT, esté alineada con el presidente. “Ellos tienen más presupuesto para activar políticas sociales que los municipios”, afirma, citando la ayuda millonaria de Lula a la región tras las inundaciones de febrero. Margarida está convencida de que el presidente va a ganar por “goleada” en una región tradicionalmente roja. En 2006, arrasó en Juiz de Fora con un 72,94% de los votos. El PT ganó las elecciones municipales en 2020. En 2022, Lula sacó 12 puntos a Bolsonaro en ciudad. En 2024, Margarida ganó en la primera vuelta.
La alcaldesa argumenta que la gente “busca soluciones para la salud, para la movilidad, para la educación” en las ciudades. ¿Gobernar Juiz de Fora ayudará en la campaña? “Ha sido un buen gobierno. Tarifa gratuita de autobuses los festivos y para los estudiantes. Desayunos y meriendas en las escuelas. 1.400 profesores para alumnos especiales. También cayeron los homicidios”, afirma.
Apoyo a Lula porque defiendo los derechos humanos y el fin de la escala 6x1 (trabajar seis días a la semana)
Biel Rocha, secretario de derechos humanos, también confía en que las políticas públicas locales ayuden a Lula. Cita la Mesa de la Ciudadanía, creada para combatir las desigualdades. “En ella gestionamos las donaciones. Nos ayuda a tener buena relación con iglesias evangélicas”, matiza. Cristiane Nasser do Valle, subsecretaria de Protección Social, resalta la importancia de políticas públicas adaptadas a cada territorio. “La extrema derecha dice que es asistencialismo. Usa la narrativa de la meritocracia para recortar lo público y abandonar al individuo a su propia suerte”, asegura en su despacho.
En el barrio periférico de Grama, Caroline Peixoto, de 29 años, conversa con dos asistentes sociales del Centro de Referencia de Assistencia Social (CRAS), uno de los 11 de la ciudad. Recibe orientación para solicitar ayuda económica y educación especial para su hijo con autismo. En el Centro de Convivencia de São Benedito, un barrio humilde, los niños y ancianos tienen sala de informática, infraestructuras deportivas, huerta, ludoteca, clases de música. “Trabajamos el sentimiento de pertenencia, para que se reconozcan en la comunidad”, dice Fabiana Reis, coordinadora del espacio.
Militancia en la calle
“Olé olá, Lula, Lula”. Los cánticos flotan sobre el parque Halfeld. Banderas rojas. Altavoces escupiendo melodías. Mesitas con panfletos. Militantes repartiendo material. Tambores.
En medio del parque, Wellinton Alves –pecho cubierto de pegatinas izquierdistas, bandera en mano–, sostiene que “hay que defender la soberanía de Brasil frente a Flávio Bolsonaro y Trump”. Giane Elisa, secretaria municipal de Igualdad Racial, se une al acto, acompañada de quienes participaron en el Chá Preto (Té Negro), un encuentro en el que afrodescendientes comparten sus memorias. “Necesitamos encuentros físicos y políticas públicas de reparación con la población negra”, asegura Giane. La multitud camina por la calle Halfeld. Cruza la esquina de la cuchillada a Jair Bolsonaro gritando “¡Bora Lula! (vamos, Lula)”, que ironiza el lema bolsonarista “fora Lula (fuera, Lula)”.
En la recta final de campaña, la ciudad está teñida de rojo. El suelo está lleno de pegatinas y santinhos de Lula (panfleto que cabe en la cartera). Hay comités de campaña en todas partes. Mesitas a mansalva. El sábado pasado, un acto tomó la entrada del teatro Central con percusión, capoeira y música. El domingo hubo una manifestación en coche.
El bolsonarismo es un movimiento social de base. Se han infiltrado en las periferias. Manipulan bien. Dicen: '¿Para qué dar dinero a lo LGBTQI+ si falta leche en el hospital?
Iluska Coutinho, profesora de comunicación de la Universidad Federal de Juiz de Fora (UFJF), piensa que la clave de la victoria local de Lula reside en la memoria obrera. “Aquí en el centro, al medio día, se escucha un silbato. Es un patrimonio inmaterial, recuperado por el Ayuntamiento, que remite a la salida de las fábricas”, afirma tras hacerse una foto con un Lula de cartón en la calle Halfeld. João Paulo de Oliveira piensa que la victoria de la izquierda puede llegar por una nueva “efervescencia cultural” de la ciudad, “por el debate político cotidiano en las calles” y por el “ecosocialismo de militantes a la izquierda del PT”.
Bolsonarismo en tierra roja
En la calle Halfeld, un mendigo usa pegatinas de Bolsonaro. Una mujer negra grita: “Fora Lula”. En la pared del Comite de la Direita lucen dos palabras: “Bolsonarista raiz”, como se conoce al núcleo duro de los seguidores del expresidente. Al final de la calle, jóvenes vestidos de negro reparten panfletos de Renan Santos, candidato presidencial de Missão, un nuevo partido de extrema derecha. “Están más organizados. Han abierto Casas de la Derecha en los barrios”, alerta el secretario Biel Rocha. “El bolsonarismo es un movimiento social de base. Se han infiltrado en las periferias. Manipulan bien. Dicen: '¿Para qué dar dinero a lo LGBTQI+ si falta leche en el hospital?”, afirma Talita Sobral, exconcejala del PSOL.
No me gusta el culto exagerado a Lula, pero no nos queda otra
¿Ganará Lula en Juiz de Fora, el espacio mitológico que el bolsonarismo sueña arrebatar a la izquierda? ¿Seguirá cumpliéndose el “quien gana en Minas, gana Brasil”? Las últimas encuestas dan una ligera ventaja a Lula en Minas Gerais. La alcaldesa Margarita Salomão piensa que la izquierda gana en la región. Y en Minas. Y en Brasil. Azuzando el miedo, apela a un voto pragmático: “Por mayor que sea la irracionalidad electoral, mucha gente no olvidará que la gestión de Jair Bolsonaro dejó 700.000 muertos durante la pandemia”.
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