“Esto es medicina de guerra”: dentro de los hospitales y colegios cubanos golpeados por el bloqueo de Trump
Aún hay brigadas médicas en Italia. Incluso en Venezuela, donde murieron 32 soldados cubanos defendiendo a Nicolás Maduro del ataque de EEUU. De hecho, las brigadas médicas cubanas han representado, durante décadas, un escaparate de los logros sociales de la Revolución cubana, y un vínculo con su ciudadanía, junto con la educación, como símbolos del sistema político nacido en 1959.
Pero esos símbolos estás siendo golpeados de forma aguda a través del recrudecimiento de las sanciones de EEUU y del bloqueo de combustible al que el presidente de EEUU, Donald Trump, tiene sometida a la isla.
Araís Consuegra Otero, directora del Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, explica a elDiario.es: “El que nos sostengamos hoy de pie no es por lo que tenemos aquí en la mente, es por lo que llevamos aquí en el corazón, porque hay que ser más que valiente para estar hoy en pie. Nosotros somos parte de la población, pasamos también horas sin nada, sin agua, sin transporte, con dificultades para acceder a los alimentos básicos. Sin embargo, estamos aquí, por los niños”.
La doctora explica, rodeada de su equipo en un centro hospitalario de siete plantas, las dificultades para cuidar a una de las poblaciones más vulnerables de la isla, los niños enfermos: “Cuán difícil es pararse delante de una madre a decirle: ‘No tengo más nada que hacer, su hijo falleció, pero todos hicimos de todo'. El niño tiene que tener una calidad de atención, que no falte nada. Hay que seguir, porque ese déficit de recursos es real”.
“No se queda ningún niño sin atender”, prosigue Consuegra Otero: “Faltan muchos insumos, y puede ser que yo no tenga un antibiótico de primera línea, ni de segunda, ni de tercera, pero sí de cuarta y el niño no se queda sin antibiótico. Pero eso influye en la evaluación de casos. No es lo mismo poner con antibiótico de primera línea en esa patología que poner una tercera o cuarta. Y cuando digo medicamentos, digo yeso, gasas, jeringuillas, o sondas de aspiración”.
Y luego están las crisis de cuando se va la luz, explica la directora del centro: “Hay que funcionar, sobre todo en la noche, con un grupo electrógeno. La mitad del hospital se queda apagado, la terapia intensiva se queda sin aire acondicionado, da a los equipos; y la climatización del salón de operaciones le da a los equipos también. Es una sincronía que tiene que haber entre las consultas que se habilitan en el cuerpo guardia, emergencia y ascensores que no funcionan, y hay que subir a los pacientes por la escalera. Pero lo que no se puede morir es el paciente porque no teníamos un quirófano donde operar. Y como yo le digo todo mundo: en este momento estamos funcionando prácticamente con medicina de guerra. Es muy estresante, es muy duro, pero no es imposible, porque el colectivo de este hospital ha demostrado que se puede. Es difícil, muy difícil, hay que vivirlo. Para sentirlo hay que vivirlo. Yo a veces le hago la pregunta a muchas personas de si pueden imaginarse un neurocirujano que cuando va a operar un tumor cerebral durante 19 o 18 horas después de 24, 48 o 72 horas sin dormir y sin poderle poner dentro del salón el alimento que lleva porque no tengo forma, pero tampoco sé el alimento que toma en su casa... Y si da la casualidad de que una complicación neurológica aparece en medio de un problema energético grave con apagón... ¿Alguien se puede imaginar eso? Se pasa mal. Fuerza y hace falta voluntad para poder resistir. En el año 59, 60 y 61, que fue el triunfo de la Revolución cubana, no había muchas cosas y se salvaban vidas. Entonces, si en un momento determinado haya que volver a lo que se hacía en aquel momento para salvar a los niños, vamos a volver. A los niños no se puede dejar morir sin que nosotros lo demos todo”.
Precisamente la misión humanitaria española Rumbo a Cuba, que ha empezado su viaje desde Barcelona para romper el bloqueo estadounidense, lleva paneles fotovoltaicos para el pediátrico Juan Manuel Márquez.
La directora del Instituto de Nefrología de La Habana, Yamilé García Villa, abunda en el análisis de su colega con los problemas que tiene para atender a los pacientes de hemodiálisis: “Somos un país bloqueado y esto ha disminuido las posibilidades de obtención de insumos para la asistencia médica con los proveedores. Teníamos un stock aproximadamente de un mes como mínimo para tener garantizado nuestro tratamiento. Sin embargo, hoy esos insumos nos llegan día a día en condiciones que a veces no sabemos cómo nos van a llegar, porque sin combustible fósil el transporte y la producción se ha visto muy limitados, y las materias primas para que esta industria pueda fabricar a tiempo todos los insumos se han visto deterioradas por las relaciones contractuales sin posibilidades de acceder a proveedores”.
García Villa da un ejemplo: “Nosotros en 2022 recibimos una inyección tecnológica derivada de un crédito blando que ofreció la Unión Europea y la Agencia Francesa de Desarrollo, entre otros, para que se pudiera adquirir un parque tecnológico importante que restituir el 80%- 100% de la tecnología para hemodiálisis en el país. Fue una inyección importante y mucho más en el tiempo post pandemia. Sin embargo, desde hace un tiempo tenemos dificultades para el intercambio con algunos proveedores. Eso amenaza mucho nuestra tecnología, incluso la necesidad del cambio total del parque tecnológico, porque hoy no tenemos las piezas para el mantenimiento de esa tecnología que ya está instalada. Estamos hablando de más 800 riñones artificiales a lo largo del país”.
“Las transacciones comerciales a través de bancos también están sancionadas”, abunda la directora del Instituto de Nefrología, “los bancos que intenten hacer operaciones con Cuba también sufren sanciones; las consignatarias para el traslado de contenedores con insumos también están siendo sancionadas; es un cerco total cuyo impacto va contra la población, fundamentalmente. Nos toca cuestionarnos lo lícito de políticas cuyo objetivo sea impactar directamente sobre la población a riesgo de la vida de las personas, de generar crisis humanitarias... Porque si no hay un acceso a la higiene básica, si no hay bombeo de agua, si no hay acceso a una salud pública que pueda tener los estándares a los cuales estamos acostumbrados, si no hay acceso a una educación adecuada, ni hay transporte público, o alimentación adecuada, entonces, ¿a qué se está apostando? A una masacre. Se está permitiendo que la población cubana esté con un riesgo inminente para su vida, y además a eso se suma a una posible agresión. Yo creo que es demasiado alevoso realmente todo lo que nos está pasando, junto con la imposibilidad de poder fumigar un país tropical con epidemias como el dengue, fiebre amarilla, oropuche y todas las arbovirosis que conocemos y que pueden ser también letales. Es demasiado”.
Abel Prieto, exministro de Cultura y director de la Casa de las Américas señala que el nuevo “eje Roma-Berlín-Tokio” lo tiene establecido Donald Trump con “Javier Milei, Daniel Noboa y Nayib Bukele. Aquel ideal de Bolívar, de Martí, de Chávez, de Fidel, de la América integrada, la América anticolonial, antiimperialista se está agrietando. Ahora es un momento muy tenso, de mucho peligro, para todas las causas justas de este mundo, para nuestra América. Un momento muy peligroso. Por un lado, la asfixia, el cerco energético brutal, por otro, la guerra psicológica, las declaraciones de Marco Rubio, de Trump sobre tomar a Cuba con cariño o de manera violenta”.
“Aquí tenemos gente que quiere que venga Trump”, afirma Prieto, “tenemos jóvenes cubanos graduados en las universidades revolucionarias que son trumpistas. ¿Cómo lograron lavarle el cerebro a esta gente? No son batistianos que les quitaron los latifundios ni eran millonarios, eran gente humilde, que se formó con la revolución. Seguramente hay una minoría de gente que está ya harta, que no quiere oír hablar de socialismo, considera el bloqueo un pretexto. Pero la mortalidad infantil se ha duplicado, una cosa que es muy dolorosa, criminal, es genocida”.
En este sentido, Prieto considera que este verano “es una prueba de fuego, no, no hay manera de comprar combustible. Es muy delicado este momento, si bien sorprende la tranquilidad en un momento tan difícil”.
La directora de la escuela Gustavo Pozo, de La Habana, Marina Aquiles, un centro que se encuentra en el popular barrio de La Timba, explica: “Ahí está la falta de corriente, nosotros estamos así. Pero no paramos, damos las clases, los niños hacen sus actividades complementarias y asisten a la escuela”.
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