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Trump pone en la diana a los socialistas democráticos de Mamdani y organizaciones sociales en su cruzada contra Cuba

Marco Rubio susurrando al oído de Trump.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
20 de julio de 2026 17:39 h

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La semana pasada Marco Rubio afirmó en su cumbre contra el supuesto “terrorismo de extrema izquierda” que “la extensa red de inteligencia e ideológica del régimen cubano contribuyó a la formación de la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue estando inextricablemente vinculada a los grupos y movimientos de extrema izquierda en Occidente y más allá”.

La designación de Cuba como amenaza a la seguridad nacional de EEUU es la que ha permitido a la Administración Trump justificar el bloqueo de combustible a la isla y las sanciones para cualquier entidad que mantenga relaciones con el Gobierno cubano o sus empresas públicas.

Pero este lunes ha dado un paso más por medio de un informe de 100 páginas que sigue construyendo la narrativa del supuesto “asalto de Cuba” a EEUU por parte de una Administración que tan pronto afirma que el cubano es un “régimen fracasado” que sufre una crisis humanitaria como que la isla es una amenaza casi existencial para la primera potencia económica y militar del mundo.

En este contexto, el informe del Departamento de Estado de Marco Rubio hace un repaso de la Cuba tras la Revolución, sin mencionar el protectorado de facto que era la isla en tiempos de Batista, dictador amparado por Washington, ni los múltiples intentos de atentar contra la vida de Fidel Castro o la fracasada invasión de Playa Girón –Bahía Cochinos–, de la que se acaban de cumplir 65 años, como un ejemplo de imperialismo y quiebra del derecho internacional.

Al contrario, el documento enmarca la invasión como una coartada para prácticas sediciosas en EEUU. “En Estados Unidos”, dice el informe, “muchos radicales negros estuvieron de acuerdo con entusiasmo [con Cuba]. En 1961, un grupo de destacados intelectuales y activistas negros, patrocinados por el Comité Fair Play for Cuba, publicaron una carta abierta condenando la invasión de Bahía de Cochinos, respaldada por el gobierno estadounidense. Los autores (entre los que se encontraban Robert Williams, LeRoi Jones y W.E.B. Du Bois) plantearon el conflicto entre Estados Unidos y Cuba en términos explícitamente raciales, condenando a la 'pandilla de políticos blancos cubanos depuestos' que habían liderado la invasión de Bahía de Cochinos en un intento de 'aplastar a un pueblo libre vinculado a nosotros por lazos de sangre y una herencia común'. Los autores plantearon la lucha por los derechos civiles de los negros en EEUU y la lucha de Cuba contra el imperialismo estadounidense como vinculadas, exhortando a sus compatriotas negros estadounidenses a luchar por sus derechos civiles. El incipiente movimiento del Black Power en EEUU veía en la Revolución Cubana el modelo de resistencia armada y se identificaba explícitamente con la solidaridad militante del Tercer Mundo a la que Castro y sus homólogos buscaban apelar. Cuando el líder cubano llegó a Nueva York con su delegación para la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1960, se trasladaron de su lujoso hotel en Manhattan a un local en Harlem por invitación de Malcolm X. Allí, fue recibido por una multitud entusiasta de miles de simpatizantes negros estadounidenses”.

La narrativa del texto es construir el imaginario de Cuba como amenaza y señalar a los supuestos aliados de La Habana en esa supuesta amenaza. Así, además de hablar de los movimientos afroamericanos contra el racismo, la marginación y la segregación, el informe da un salto cualitativo al volver a señalar a organizaciones de la sociedad civil –CodePink y Peolple's Forum–, además de al DSA (Democratic Socialists of America), la organización política del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que está avanzando posiciones en las primarias del Partido Demócrata de cara a las elecciones legislativas del próximo noviembre.

Así, el documento afirma sobre la organización de congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlahib que “mantiene un compromiso férreo, casi religioso, con la causa del régimen cubano, no porque el grupo esté controlado por agentes cubanos, propiamente dicho, sino porque ese compromiso se ha convertido en la ortodoxia política de facto de la extrema izquierda estadounidense”.

A continuación, el informe intenta hilar una supuesta connivencia entre el DSA y un Gobierno exterior, lo que puede servir de coartada para tomar medidas contra los socialistas democráticos, calificados de comunistas por Trump y retratados como “la mayor amenaza para EEUU desde la independencia”, según el presidente de EEUU.

“Esto representa un avance significativo para la operación de influencia cubana”, dice el texto: “La Habana ya no necesita depender únicamente de la infiltración de inteligencia o la formación de activos para ejercer influencia sobre EEUU. [...] El DSA representa un desarrollo más reciente y mucho más trascendental políticamente: una organización de militancia masiva [son 120.000 militantes, frente a los 45,4 millones de demócratas registrados y 39,2 millones de republicanos], que opera abiertamente en la política electoral estadounidense, con delegaciones en todo el país, un creciente grupo de representantes electos y una influencia real dentro del Partido Demócrata. El DSA ha construido una infraestructura nacional dedicada a llevar la política de extrema izquierda a la, y con ella, una profunda y duradera devoción al régimen cubano”.

Según el informe, el DSA “gestiona un fondo llamado 'Venceremos', que solicita donaciones para 'apoyar la lucha por desmantelar el imperio estadounidense', destinando los fondos a Cuba. En esta y otras iniciativas relacionadas con Cuba, los activistas del DSA no ocultan sus ambiciones políticas. [...] El DSA ha expresado su intención de incluir a más representantes electos apoyados por la organización en las delegaciones [a Cuba], como medio para 'fomentar la solidaridad con Cuba entre los políticos emergentes' y construir un 'bloque pro-Cuba, básicamente de representantes electos… especialmente a nivel federal [congresistas, senadores...]”.

El documento del Departamento de Estado, además, señala con nombres y apellidos a activistas del grupo pacifista CodePink: “Medea Benjamín vivió en Cuba entre 1979 y 1983 bajo la protección del régimen (fue deportada tras escribir un artículo que criticaba internamente ciertas políticas cubanas, pero siguió siendo una simpatizante del régimen). Anteriormente, en 1988, cofundó el grupo Global Exchange en San Francisco, junto con su esposo de entonces y otro activista. Los Reality Tours de Global Exchange llevaban a estadounidenses a Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua, Bolivia y otros destinos 'alternativos', en lo que en realidad eran viajes ideológicos organizados por el Estado”.

Y sigue: “El evento clave en la relación de Code Pink con regímenes extranjeros, sin embargo, fue la boda de Jodie Evans con el mismísimo Neville Roy Singham en 2017 [...]. En los años posteriores al matrimonio, y con una importante inyección de capital por parte de Singham, Code Pink pasó rápidamente de ser un grupo pacifista de izquierda más convencional a un defensor acérrimo y oficialista de la República Popular China y otros estados extranjeros antiestadounidenses”.

El informe, además, señala al People's Forum de Nueva York y a su director, Manolo de los Santos: “En los últimos años, el People’s Forum ha surgido como uno de los grupos de protesta de izquierda más importantes de Estados Unidos, actuando como un centro neurálgico para la agitación contra Trump y el ICE, así como a favor de Cuba. Su director fundador, Manolo De Los Santos, es una de las figuras estadounidenses más destacadas dentro de la actual red de influencia cubana. El propio Santos constituye un ejemplo paradigmático del vínculo entre la operación ideológica cubana y el activismo de izquierda en general en Estados Unidos”.

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