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El odio no crece en toda Europa: por qué se desploma la extrema derecha en algunos países

UltraCaída

Javier Biosca Azcoiti

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Aunque la extrema derecha crece considerablemente en el Parlamento Europeo, varios miembros rompen la tendencia y los partidos radicales pierden mucho apoyo en países donde recientemente habían cosechado grandes éxitos electorales, como es el caso de Finlandia, Suecia, Países Bajos y Portugal. 

Los grandes partidos europeos que aúnan a la derecha radical populista pasan de 118 a 131 escaños. A eso hay que sumar los 15 de los ultras de Alternativa para Alemania y los 11 de Fidesz, del húngaro Viktor Orbán, que no tienen grupo. En total, estas formaciones representan en torno al 21,8% del nuevo Parlamento Europeo. Sin embargo, una de las principales razones de este aumento es el éxito de estos partidos en países grandes como Francia, Italia y Alemania.

Los nórdicos, a la contra

En los países nórdicos, la tendencia es similar en toda la región. Mientras que el ultra Partido de los Finlandeses fue la segunda fuerza en las elecciones generales de abril de 2023 con un 20,1% de los votos, en los comicios europeos se ha descalabrado y solo ha obtenido un 7,6%, pasando a ser la sexta fuerza política. En su lugar emerge la Alianza de izquierdas, que se convierte en segunda fuerza y pasa del 7,1% de hace un año al 17,3% actual.

El Partido de extrema derecha, que controla siete ministerios y cuya líder, Riikka Purra, es viceprimera ministra, ha sufrido varios escándalos desde que alcanzó el poder. Durante su primer mes como viceprimera ministra se filtraron en la prensa las declaraciones racistas de Purra en un foro hace 15 años. “Si estáis en Helsinki, ¿alguien se apunta a escupir a mendigos y golpear a niños negros?”, escribía.

Unos días antes de que salieran a la luz los mensajes de Purra, otro ministro del partido, esta vez a cargo de Economía, se vio envuelto en un nuevo escándalo que acabó en su dimisión tan solo 10 días después de la formación del Ejecutivo. El ministro había participado e intervenido en un evento de 2019, cuando ya era diputado, con un organización con vínculos neonazis. Junto con su participación en el acto con neonazis, también circularon imágenes de supuestas publicaciones suyas racistas en redes sociales. Una de ellas era un mensaje a su asistente parlamentario con una foto de un muñeco de nieve con forma de Ku Klux Klan y una soga en la mano. “He hecho un muñeco de nieve según tus instrucciones. Blanca Navidad”, decía. El político borró los tuits, pero Oula Silvennoinen, historiador de la Universidad de Helsinki especializado en extrema derecha, aseguró a elDiario.es que eran reales.

En el caso de Suecia, la formación ultraderechista se convirtió en segunda fuerza con el 20,5% de los votos en las elecciones generales de septiembre de 2022 y fue clave en la formación del nuevo Gobierno, que apoya desde fuera. Ahora solo ha recibido un 13,2% y pasa a ser la cuarta fuerza en lo que supone el primer retroceso electoral para el partido desde su creación. Tras socialdemócratas y moderados, la sorpresa en Suecia es el auge de los Verdes, que pasa del 4,4% al 13,8%, multiplicándose por tres.

El líder del partido, Jimmie Akesson, ha culpado de los resultados a los medios de comunicación, que recientemente han publicado que el partido utiliza una red de cuentas falsas en redes, denominada ‘factoría de trolls’, que publica vídeos manipulados, insultos a la oposición y declaraciones racistas.

“Los Demócratas de Suecia tradicionalmente han tenido mejores resultados en las elecciones nacionales que en las europeas. Tienen más difícil movilizar a sus votantes euroescépticos”, señala a elDiario.es Thomas Persson, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Uppsala. “Aun así, su resultado ha sido inesperadamente malo. Primero por el escándalo de la 'granja de trolls'; segundo, el castigo por ser un partido que apoya a la coalición gobernante; y tercero, porque el principal tema del partido, la oposición a la inmigración no estaba en la lista de 10 primeras prioridades de los votantes, según las encuestas a pie de urna. La lista estaba encabezada por la paz, la democracia y el clima”, añade. 

En el caso de Dinamarca, la izquierda verde del Partido Popular Socialista ha ganado las elecciones, duplicando su apoyo respecto a las elecciones generales de noviembre de 2022 (del 8,2% al 17,4%). Sin embargo, en Dinamarca el apoyo a las fuerzas de extrema derecha se mantiene más o menos en el mismo nivel.

“En los países nórdicos, el medioambiente y el apoyo a Ucrania (especialmente en Finlandia, con su larga frontera con Rusia) han sido los temas más importantes en el periodo previo a las elecciones europeas”, explica a elDiario.es Mette Wigen, profesora de la Universidad de Leeds especializada en tendencias de derecha radical con el foco en los países escandinavos. “La idea de una extrema derecha más fuerte en el Parlamento Europeo ha alejado a la gente de estos partidos y les ha animado a votar a partidos de izquierdas con políticas más fuertes sobre el clima y claros en su apoyo a Ucrania”, añade.

Reto Mitteregger investigador en comportamiento electoral y partidos políticos en la Universidad de Zurich, aporta otra razón: “Lo que vemos en Suecia, Dinamarca y Finlandia podría ser una forma de descontento con el actual Gobierno. En estos países, la derecha radical es parte del Gobierno (Finlandia), lo apoya desde fuera (Suecia) o el Ejecutivo ha adoptado políticas migratorias de la extrema derecha (Dinamarca). Los partidos más a la izquierda son, por el contrario, los principales partidos de la oposición que no forman parte de la corriente principal. Esa es la diferencia con Alemania y Francia, donde la extrema derecha está en la oposición y es el principal vehículo para expresar el descontento con el Gobierno”.

En Portugal cae a la mitad

Portugal celebró elecciones hace solo tres meses y la derecha radical populista de Chega obtuvo un 18,07% de los votos y se convirtió en tercera fuerza y pieza clave para la agenda legislativa de un gobierno en minoría. Sin embargo, su apoyo en las europas se ha visto reducido prácticamente a la mitad (9,7%).

“La razón más evidente de esto es lo débil y mal preparado que estaba su principal candidato. Hubo momentos vergonzosos en la campaña, todo el mundo se dio cuenta de ello, incluido el líder del partido, que intentó hacerse cargo de la campaña a partir de un momento dado”, explica a elDiario.es Mariana Mendes politóloga en la Red Internacional de Investigación en Migración y Democracia en la Universidad de Dresden y especialista en Chega. 

“Además, el contexto es diferente al de las elecciones legislativas, en las que hubo un escándalo de corrupción que alimentó el voto de protesta contra el Gobierno. Asimismo, Chega no tiene aún una visión bien desarrollada y coherente de la integración europea y no hay mucho sentimiento euroescéptico del que pueda alimentarse”, añade.

Riccardo Marchi, autor del libro ‘La nueva derecha antisistema: el caso de Chega’, coincide. “La abstención ha sido muy alta. Votó poco más del 30%, lo que significa que el voto de protesta movilizado en las legislativas de marzo (en las que votó más del 60%) se ha quedado en casa”, dice.

“La campaña ha sido terrible. El principal candidato salió en los medios con declaraciones inapropiadas sobre el perfil positivo de [Slobodan] Milosevic, sobre judíos que no fueron a trabajar a las torres el 11-S... El líder del partido, André Ventura, tuvo que intervenir personalmente, pero centró su discurso en la inmigración. No han conseguido dar la idea de un partido con una idea clara y alternativa del proyecto europeo”, explica Marchi.

Otras caídas y sus razones

En Holanda, la extrema derecha de Geert Wilders se convirtió en las elecciones generales de noviembre de 2023 en el partido más votado con el 23,5% y la formación liderará una coalición de gobierno con otras fuerzas conservadoras. Unos meses después, los ultras han perdido el primer puesto en los comicios a la Eurocámara en favor de la alianza entre verdes y socialdemócratas y su porcentaje de voto ha caído más de cinco puntos.

Steven Forti, investigador autor del libro ‘Extrema derecha 2.0’, dice a elDiario.es que en la mayoría de casos hay que “pensar en dinámicas nacionales” aunque hay dos elementos importantes que pueden “ayudar a entender”. “Por un lado, un voto protesta que luego no se mantiene porque no es un voto tan ideologizado y, por el otro, un giro a la derecha en cuestiones como la inmigración en partidos en el gobierno tanto de derecha clásica como los socialdemócratas en Dinamarca que ha conllevado que la extrema derecha pueda perder votantes”.

“Las elecciones al Parlamento Europeo reflejan desarrollos a nivel nacional. Para los estándares de 2024, la derecha radical estaba infrarrepresentada a nivel europeo”, ha señalado el especialista en extrema derecha Cas Mudde en la red social X. “La idea de que a los partidos de extrema derecha les va mejor en las elecciones europeas porque son ‘elecciones de segundo orden’ es totalmente errónea. La derecha radical ya no es pequeña, no está en la oposición y no se ve como extrema, que eran los principales elementos de esta teoría”.

“No hay ninguna razón para ver estos resultados como una derrota de la derecha radical o una victoria para la democracia liberal. Con casi el 25% de los escaños, es mucho más grande de lo que debería”, sostiene el experto. “Además, la extrema derecha ha ganado principalmente la batalla política sobre la inmigración al tiempo que empuja los debates sobre el acuerdo verde, género y sexualidad.  Los partidos que se proclaman liberal-demócratas siguen teniendo todo el poder, No deberíamos dejar que se libren fingiendo que ‘el pueblo’ quiere políticas de extrema derecha. O que ‘no tienen elección’. La verdadera pregunta nunca fue si se mantendría el centro, sino qué centro se mantendría. En este sentido, se puede y se debe mejorar mucho”. 

La extrema derecha también baja en otros países como España, donde pasa de un 12,3% en las generales de julio de 2023 a un 9,6%. En el caso de Hungría, con un 44,6% de los votos, Viktor Orbán ha recibido el peor resultado electoral en dos décadas, pero se mantiene como fuerza más votada.

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