El extraño caso del compañero de celda de Epstein y cuádruple homicida Nicholas Tartaglione
Del pantanoso mundo de las desventuras criminales emerge la posibilidad de que los hechos acaecidos en una noche de abril de 2016 en el Likquid Lounge de Chester, en Nueva York, tuviesen repercusiones en la muerte de Jeffrey Epstein tres años después en una cárcel federal.
Lo sucedido aquella noche alimenta una teoría de la conspiración dentro de otra; las especulaciones sobre las actividades de Epstein y su círculo son bien conocidas en EEUU, pero el Likquid Lounge es fundamental para explicar otro misterio más reciente, el de cómo murió Epstein exactamente.
El relato de los fiscales es que fue a ese lugar adonde Nicholas Tartaglione, un expolicía reconvertido en traficante de cocaína de 49 años, atrajo a cuatro hombres, de los cuales al menos uno, Martín Luna, tenía vínculos con la mafia mexicana. Tartaglione sospechaba que Luna le había robado 250.000 dólares y pretendía pedirle cuentas. Luna apareció con dos sobrinos y un amigo de la familia.
Una vez allí, y siempre según los fiscales, el expolicía obligó a uno de los sobrinos de Luna a verle pegar a su tío, al que acabó estrangulando con una brida de plástico. Después, junto a otras dos personas, el presunto asesino trasladó el cuerpo sin vida —acompañado de Miguel Luna, Urbano Santiago y Héctor Gutiérrez— a su santuario para perros y caballos en Otisville, en el Estado de Nueva York.
Tartaglione fue arrestado y acusado de secuestro y asesinato. Pero solo fue condenado en 2023, a una pena de cuatro cadenas perpetuas. El reo, culturista y policía con claroscuros en su trayectoria, se declaró inocente y aseguró que todo era un montaje
A esos tres hombres los obligó a ponerse de rodillas y les disparó en la cabeza. Luego los enterró en una misma fosa. Pasados nueve meses, cuando los investigadores conectaron a Tartaglione con Luna, se desenterraron los cuerpos. Un vecino declaró que la finca de Tartaglione “olía a muerte”.
Tartaglione fue arrestado y acusado de secuestro y asesinato. Pero solo fue condenado en 2023, a una pena de cuatro cadenas perpetuas. El reo, culturista y policía con claroscuros en su trayectoria, se declaró inocente y aseguró que todo era un montaje.
Mientras tanto estaba preso en el correccional metropolitano de Manhattan, hoy abandonado, y en la misma celda que Epstein, proxeneta cuyos escándalos condicionan el discurrir político estadounidense. Informaciones posteriores recogieron que se llevaban bastante bien.
No obstante, Epstein dijo en 2019 que Tartaglione le había atacado tras comprobar los guardias —por indicación del propio Tartaglione— que presentaba heridas en el cuello. Luego se desdijo, y los funcionarios dedujeron que Epstein se había intentado suicidar.
Un detalle crucial es que Tartaglione reveló que había encontrado una nota escondida en una novela gráfica que Epstein estaba leyendo, pero que no lo hizo hasta cuatro días después, cuando los funcionarios de prisiones habían sacado a Epstein de la celda que compartía con él para ponerle en alerta por suicidio. Tartaglione se la pasó a sus aliados. Dos semanas después, Epstein fue encontrado muerto en su celda, en lo que se determinó que había sido un suicidio.
La nota se divulgó finalmente la semana pasada, después de que el New York Times se lo pidiese al tribunal federal que lo juzgó, en White Plains (Nueva York).
“Me investigaron durante meses... ¡¡¡y no encontraron nada!!!”, decía la breve nota, que dice que el resultado fueron cargos que se retrotraían 15 años.
“Es un placer poder elegir el momento de decir adiós”, seguía.
“¿Qué quieres que haga? ¡¡¡Ponerme a llorar!!”, continuaba.
“NO TIENE GRACIA”, concluye el escrito, con esas palabras subrayadas: “¡NO MERECE LA PENA!!”.
La anotación solo aparece ahora porque forma parte de la disputa entre los abogados de Tartaglione en el caso de asesinato y los designados de oficio por el tribunal para pleitear contra la pena de muerte si se le condenase a ella. Los fiscales, sin embargo, renunciaron antes del juicio a pedir la pena capital.
La nota manuscrita de Epstein no ha acallado las teorías que defienden que lo mataron en la cárcel. El hermano menor del proxeneta, Mark, que defiende que lo asesinaron en la celda, aduce que el escrito está falsificado.
Pero esa renuncia no se conocía durante el tiempo de Tartaglione en prisión preventiva, y su conducta en el centro penitenciario habría sido un factor relevante para el jurado que tuviese que decidir si votar a favor de la ejecución, señala Bruce Barket, su abogado defensor.
“Se había afirmado sin base que había atacado a Epstein, cuando Epstein ya se había intentado suicidar una primera vez. Teníamos la nota, sabíamos que no era cierto, pero pensamos que nos podía servir para esos fines”, añade.
De entrada, no obstante, “nadie sabía seguro qué era, quién la había escrito o de quién era hasta varios meses después”. Además, Barket añade: “Nick tenía varias otras cuestiones que abordar, la más importante de las cuales era defenderse de una acusación de homicidio cuádruple. Una vez que demostramos que no se le había acusado de herir a Epstein, nos dejó de importar”.
La nota no ha acallado las teorías que defienden que a Epstein lo mataron en la cárcel. El hermano menor del proxeneta, Mark, que defiende que lo asesinaron en la celda, aduce que el escrito está falsificado.
“No sería difícil poner a un profesional a falsificarla”, declaró a Business Insider. Y remachó que “es fácil de cojones”. Planteó que la frase “ponerme a llorar” es una referencia a un programa infantil de televisión que veían juntos de niños, Little Rascals.
La frase aparece en los correos de Epstein. “Así que me la robaron para que pareciese que era suya”, defiende.
“Todo el mundo tiene derecho a su opinión”, opone Barket, que agrega que usar la nota para apuntalar la tesis de que a Epstein lo mataron es “risible” porque supondría que alguien hubiese tenido acceso a los correos de Epstein en 2019, seis años antes de que se publicasen por orden del Congreso.
“No hay conspiración”, insiste. “Pensar que lo mataron es absurdo. Se suicidó. Ya lo había intentado al menos otra vez y lo consiguió”.
Pensar que lo hubiesen asesinado es “una gran misión imposible”. “La idea de que alguien se meta en el décimo piso de un centro de detención federal y se cuele, asesine a alguien y se escape sin que nadie lo vea es un poco ridícula”, plantea.
También considera inverosímiles las teorías de que el responsable fuese otro de los encarcelados en las celdas próximas a la de Epstein. “Son un hatajo de descerebrados, no es por ofender a mi cliente, y durante la noche están encerrados en sus celdas”, señala.
Pero en el vodevil de Epstein nadie acepta que las apariencias correspondan a la realidad. La historia de Tartaglione no es una excepción, y ahora la bloguera Jessica Reed Kraus se está haciendo eco de ella. Tartaglione le envió un mensaje de voz la semana pasada en el que alega que Epstein quería que los volviesen a poner juntos en la celda.
“Epstein me ofreció dinero para no volver con lo demás reclusos y quedarme en 'la caja' con él porque conmigo se sentía a salvo”, dijo en el mensaje, según la bloguera.
También destacó: “Si hubiese querido hacer daño a Jeffrey Epstein, habría podido hacer daño a Jeffrey Epstein. No hice daño a Jeffrey Epstein. Jeffrey Epstein se suicidó”.
Tartaglione busca revocar su condena basándose en que se fundamentó en pruebas endebles; no apareció el arma homicida, ni dinero proveniente del tráfico de drogas ni nada relacionada con el negocio ilegal. Tampoco se encontró su ADN en la brida con la que, según los fiscales, estranguló a Luna.
Su abogada para la apelación, Inga Parsons, envió un comunicado a Kraus en el que llama la atención sobre el hecho de que la fiscal del caso de Tartaglione fue Maurene Comey, que también dirigió la acusación pública contra Epstein, Ghislaine Maxwell y Sean “Diddy” Combs.
“Nick es un agente de la ley retirado. Se dedica a rescatar animales. No es un asesino, ni un cooperador o miembro del cártel mexicano, y los hombres a los que mató el cártel eran miembros del cártel. Nick Tartaglione es inocente y está cumpliendo injustamente penas de cadena perpetua por crímenes que no cometió”, asegura.
El breve encuentro entre Tartaglione y Epstein no ayudó ni dejó de ayudar a su propio caso, según Barket. “Es una desafortunada secuencia de sucesos. No creo que perjudicase a Nick, pero tampoco le ayudó. Sí que llevó a un juicio largo en el que nos vimos envueltos mi despacho y yo mismo al respecto de nuestra conducta en torno a la nota. De haberlo sabido, me lo habría ahorrado”, reflexiona.
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