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Among the Sleep - Análisis PC

Te contamos al detalle qué se siente al volver a revivir nuestra más tierna infancia como un niño de dos años. El proyecto independiente de Krillbite Studio aterriza con esta original idea tras recaudar el presupuesto necesario para su desarrollo a traves de Kickstarter.

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Suele pasar. Cada vez que empezamos a despotricar sobre la falta de innovación o afirmamos con aires de erudito que ya no queda mucho que inventar, llega un estudio desconocido y se saca de la chistera un proyecto novedoso que no sólo rompe los moldes establecidos, sino que lo hace sólo a base de buenas ideas y un presupuesto que apenas se puede calificar de modesto.

Lo cierto es que la combinación de jóvenes talentos y financiación colectiva ha brindado más de una alegría a todos esos usuarios agotados de llevar más de dos décadas jugando a lo mismo pero con nuevas tecnologías gráficas de nombres impronunciables. Y es que no tener un productor encima de la chepa ejerciendo presión para maximizar la rentabilidad, permite a muchos estudios pequeños apostar por proyectos e ideas tan valientes y arriesgadas, que ningún gran estudio de desarrollo se atrevería a poner en marcha.

Lo más paradójico en estos casos es que muchas de esas ideas arriesgadas, pueden resultar tremendamente atractivas en sí mismas sin necesidad de recurrir al marketing, a los trailers engañosos, o a elaboradas presentaciones comerciales para que los jugadores compren.

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Nuestra adorable mamá a punto de darnos de cenar


Among the Sleep es sin duda uno de esos casos, al fin y al cabo se basa en una idea tan sugerente como ponernos en la piel de un niño y, ¿quién no ha fanteaseado alguna vez con revivir su más tierna infancia?

Durante los primeros compases del juego, los responsables de Krillbite Studio han sabido captar de forma magistral ese sentimiento con una escena donde viviremos en primera persona como nuestra querida mamá nos da de comer, nos hace carantoñas y nos lleva en sus cálidos brazos a nuestra habitación para que disfrutemos de nuestros juguetes antes de ir a la cama. La sensación está tan bien conseguida, que resulta imposible no esbozar una sonrisa cuando nos acerca la cuchara a la boca para que nos comamos el puré, no sin antes recurrir a aquel burdo pero efectivo truco del trenecito entrando en el túnel. Cuando nos encontramos solos en nuestro cuarto, la experiencia mejora al comenzar a gatear, al jugar con nuestro trenecito o al derribar nuestros bolos de plástico.

Una vez hemos experimentado con los controles, los elementos del entorno y la diferencia entre gatear y correr torpemente, da comienzo la trama, momento en el que por desgracia, también empiezan a desvanecerse todas esas maravillosas sensaciones.

No tardaremos en descubrir a quien será nuestro inseparable compañero a lo largo de esta peculiar aventura: nuestro osito de peluche. A partir de este momento y guiados por sus indicaciones, veremos cómo nos adentramos en un terreno tan delicado e imprevisible como son nuestros propios miedos. Aunque todo comienza cuando no conseguimos localizar a nuestra adorable mamá, en cuestión de minutos nos veremos inmersos en un mundo de fantasía siniestro y misterioso, pero que nos aleja de forma casi instantánea del gran atractivo del juego, llegando incluso a hacernos olvidar por momentos que encarnamos a un niño pequeño.

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Bajar escaleras no es muy agil cuando sólo tienes dos años


Pasamos de vivir en primera persona una situación tan agradable como gatear por nuestra habitación repleta de juguetes a realizar acciones tan extravagantes como colocar una pieza de un puzzle para que desaparezcan las raíces de un árbol que nos bloquea el camino. Sin duda se trata de un intento por mantener alto el nivel de interés aportando variedad, al fin y al cabo empujar una pelota para que ruede por una alfombra de colores no parece un pasatiempo que se pueda alargar indefinidamente sin provocar altos niveles de aburrimiento, pero trasladar la experiencia a una sucesión de excentricidades, tampoco es algo que funcione especialmente bien. Utilizar la imaginación infantil para justificar cualquier tipo de situación por extraña que sea, acaba resultando un recurso demasiado barato.

Among the Sleep es un juego muy original, pero sólo en la idea de base, no en la ejecución, porque la realidad es que acaba siendo una aventura de lo más tradicional donde tendremos que explorar para encontrar ciertos objetos que nos permitan librarnos de los obstáculos que nos impiden avanzar por un lugar determinado. Es cierto que se explotan en cierto modo las limitaciones propias de nuestro tamaño o la falta de agilidad, pero no va mucho más allá de tener que buscar lugares no muy altos a los que encaramarnos, mover ciertos objetos y resolver un puñado de sencillos puzzles.

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Uno de los muchos escenarios siniestros del juego


La aventura se puede completar en poco menos de dos horas si no nos entretenemos más de la cuenta, y aunque no cuenta con un argumento demasiado profundo, al menos tendremos un final de esos que quedan abiertos a la interpretación y que nos acaban obligando a recordar ciertos detalles para poder decodificar la simbología que envuelve a ese mundo fantástico que acabamos de recorrer.

En definitiva, Among the Sleep es más una curiosidad que el título cautivador que pretendía ser. Desde luego la idea era buena y muy prometedora, pero la búsqueda de variedad y emociones llevan la experiencia por unos derroteros que coquetean peligrosamente con la delgada línea que separa lo peculiar de lo absurdo.

Aunque también puede ser que encarnar a un niño de dos años no fuera tan divertido después de todo…


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Lo mejor:

  • La recreación de la infancia durante los primeros minutos de juego es una experiencia para recordar
  • Una idea muy original que apenas se había explotado hasta ahora
  • El final da que pensar

Lo peor:

  • El desarrollo del juego acaba resultando insulso y muy poco inspirado
  • Dura poco, muy poco
  • La imaginación de un niño no justifica el festival de excentricidades
  • La originalidad se desvanece casi por completo a medida que avanzamos
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