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Madrid, la casa del dron: aerotaxis, ‘puertos verticales’ y aparatos agrícolas que sirven para la guerra

Víctor Honorato

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El fabricante de drones chino DJI es la mayor empresa del sector, con una cuota de mercado de entre el 60% y el 70%. Destinadas al uso civil, las aeronaves autónomas de la compañía se emplean para un montón de utilidades y a veces con fines más problemáticos. Los aparatos se pueden trucar con cargas explosivas, como acostumbraba a hacer el Estado Islámico en Siria o Irak. Desde que Rusia invadió Ucrania, los ejércitos de ambos países vienen censurando este uso de los drones de DJI por parte del enemigo.

En la sección de Expodrónica del Congreso mundial ATM sobre gestión del tráfico aéreo, que se celebró de martes a jueves en el recinto de Ifema en Madrid, el distribuidor español de DJI montó un expositor. La pieza principal fue un artilugio equipado con una garrafa para fumigaciones agrícolas y un precio de venta de unos 16.000 euros, explica Eduardo Méndez, empleado de la distribuidora que reconoce que, aunque la matriz censure el uso bélico, impedirlo por completo es difícil “desde el momento en que tienen una cámara térmica”.

El uso ofensivo de los drones es una realidad por la que se pasa de puntillas en la Expodrónica, que lleva ya varias ediciones. Se trata aquí de resaltar las aplicaciones civiles. Si la policía local ha montado un ‘stand’, es para explicar cómo ayudan los drones en cuestiones de emergencia o seguridad. Por ejemplo, para examinar el estado de los edificios tras las explosiones de este año y el pasado en las calles Ayala y Toledo de Madrid. O para controlar el aforo en la Puerta del Sol en Nochevieja y que se respetasen las restricciones por la COVID-19. Cuestan bastante menos que un helicóptero (la policía municipal no tiene presupuesto para tanto) y son útiles.

En Madrid no han servido para detener a ningún delincuente, pero al oficial David López, de la sección de apoyo aéreo, le consta que en otros municipios han “enganchado” alguna plantación de marihuana. ¿Qué hay de los datos recopilados? El trabajador de DJI dice que, para que la guerra comercial de EEUU contra China no les afecte, toda la información se almacena en servidores de Amazon.

El interés se acrecienta año tras año, conforme la tecnología avanza. La Unión Europea aprobó el año pasado tres reglamentos para ordenar su uso del espacio aéreo, que entrarán en vigor en 2023. El reparto de paquetes es una de las primeras aplicaciones que se materializarán, quizás ya en 2025, según Isabel Buatas, directora de Expodrónica. El Ayuntamiento de Madrid ha habilitado unas instalaciones en el barrio de Villaverde donde ya se están realizando pruebas, indica.

Esta es una feria sectorial y, como tal, la consigna es reforzar el mensaje positivo. “Un dron es como un ángel. Es nuestros ojos”, alaba Buatas, que prefiere poner el foco en las novedades más llamativas de la exposición, como son los aerotaxis y ‘vertipuertos’ (el prefijo ‘verti-‘ hace referencia al despegue vertical de los aparatos), que permitirán transportar mercancías y pasajeros. La empresa Umiles, patrocinadora del congreso, ha patentado una tecnología que permite, explica Juan Rafols, director técnico y de operaciones, despegar y aterrizar con suavidad. Totalmente eléctricos, con mantenimiento escaso y más “asequibles” que los desplazamientos en helicóptero, los taxis voladores autónomos podrían ser una realidad en “10 o 15 años”, algo menos si van con piloto, calcula Rafols.

Apoyo institucional y aceptación social

Algunas iniciativas parecen absolutamente benévolas, como el proyecto Pharmadron, de la distribuidora farmacéutica Novaltia, para llevar medicinas a lugares mal comunicados. Otras tienen gran apoyo institucional. La Xunta de Galicia, que acudió a la feria, lleva más de un lustro inyectando millones de euros en un proyecto de I+D en torno al aeródromo de Rozas, en Castro de Rei (Lugo), para crear un polo sectorial.

Buatas considera que los recelos que pueda suscitar imaginar máquinas con hélices volando solas por las urbes de todo el mundo se irán disipando. “La aceptación social es importantísima, pero ya nos hemos encontrado con cómo nos ayudaron durante la pandemia, o con la erupción del volcán de La Palma”, apunta. Defiende que el advenimiento de los drones supondrá una revolución para la movilidad como la que supuso el paso de los coches de caballos al motor de explosión. Concluye: “Todos los avances tecnológicos requieren de seguridad y profesionales que los ejerciten, pero los drones nos ayudan”.

El fabricante de drones chino DJI es la mayor empresa del sector, con una cuota de mercado de entre el 60% y el 70%. Destinadas al uso civil, las aeronaves autónomas de la compañía se emplean para un montón de utilidades y a veces con fines más problemáticos. Los aparatos se pueden trucar con cargas explosivas, como acostumbraba a hacer el Estado Islámico en Siria o Irak. Desde que Rusia invadió Ucrania, los ejércitos de ambos países vienen censurando este uso de los drones de DJI por parte del enemigo.

En la sección de Expodrónica del Congreso mundial ATM sobre gestión del tráfico aéreo, que se celebró de martes a jueves en el recinto de Ifema en Madrid, el distribuidor español de DJI montó un expositor. La pieza principal fue un artilugio equipado con una garrafa para fumigaciones agrícolas y un precio de venta de unos 16.000 euros, explica Eduardo Méndez, empleado de la distribuidora que reconoce que, aunque la matriz censure el uso bélico, impedirlo por completo es difícil “desde el momento en que tienen una cámara térmica”.

El uso ofensivo de los drones es una realidad por la que se pasa de puntillas en la Expodrónica, que lleva ya varias ediciones. Se trata aquí de resaltar las aplicaciones civiles. Si la policía local ha montado un ‘stand’, es para explicar cómo ayudan los drones en cuestiones de emergencia o seguridad. Por ejemplo, para examinar el estado de los edificios tras las explosiones de este año y el pasado en las calles Ayala y Toledo de Madrid. O para controlar el aforo en la Puerta del Sol en Nochevieja y que se respetasen las restricciones por la COVID-19. Cuestan bastante menos que un helicóptero (la policía municipal no tiene presupuesto para tanto) y son útiles.

En Madrid no han servido para detener a ningún delincuente, pero al oficial David López, de la sección de apoyo aéreo, le consta que en otros municipios han “enganchado” alguna plantación de marihuana. ¿Qué hay de los datos recopilados? El trabajador de DJI dice que, para que la guerra comercial de EEUU contra China no les afecte, toda la información se almacena en servidores de Amazon.

El interés se acrecienta año tras año, conforme la tecnología avanza. La Unión Europea aprobó el año pasado tres reglamentos para ordenar su uso del espacio aéreo, que entrarán en vigor en 2023. El reparto de paquetes es una de las primeras aplicaciones que se materializarán, quizás ya en 2025, según Isabel Buatas, directora de Expodrónica. El Ayuntamiento de Madrid ha habilitado unas instalaciones en el barrio de Villaverde donde ya se están realizando pruebas, indica.

Esta es una feria sectorial y, como tal, la consigna es reforzar el mensaje positivo. “Un dron es como un ángel. Es nuestros ojos”, alaba Buatas, que prefiere poner el foco en las novedades más llamativas de la exposición, como son los aerotaxis y ‘vertipuertos’ (el prefijo ‘verti-‘ hace referencia al despegue vertical de los aparatos), que permitirán transportar mercancías y pasajeros. La empresa Umiles, patrocinadora del congreso, ha patentado una tecnología que permite, explica Juan Rafols, director técnico y de operaciones, despegar y aterrizar con suavidad. Totalmente eléctricos, con mantenimiento escaso y más “asequibles” que los desplazamientos en helicóptero, los taxis voladores autónomos podrían ser una realidad en “10 o 15 años”, algo menos si van con piloto, calcula Rafols.

Apoyo institucional y aceptación social

Algunas iniciativas parecen absolutamente benévolas, como el proyecto Pharmadron, de la distribuidora farmacéutica Novaltia, para llevar medicinas a lugares mal comunicados. Otras tienen gran apoyo institucional. La Xunta de Galicia, que acudió a la feria, lleva más de un lustro inyectando millones de euros en un proyecto de I+D en torno al aeródromo de Rozas, en Castro de Rei (Lugo), para crear un polo sectorial.

Buatas considera que los recelos que pueda suscitar imaginar máquinas con hélices volando solas por las urbes de todo el mundo se irán disipando. “La aceptación social es importantísima, pero ya nos hemos encontrado con cómo nos ayudaron durante la pandemia, o con la erupción del volcán de La Palma”, apunta. Defiende que el advenimiento de los drones supondrá una revolución para la movilidad como la que supuso el paso de los coches de caballos al motor de explosión. Concluye: “Todos los avances tecnológicos requieren de seguridad y profesionales que los ejerciten, pero los drones nos ayudan”.

El fabricante de drones chino DJI es la mayor empresa del sector, con una cuota de mercado de entre el 60% y el 70%. Destinadas al uso civil, las aeronaves autónomas de la compañía se emplean para un montón de utilidades y a veces con fines más problemáticos. Los aparatos se pueden trucar con cargas explosivas, como acostumbraba a hacer el Estado Islámico en Siria o Irak. Desde que Rusia invadió Ucrania, los ejércitos de ambos países vienen censurando este uso de los drones de DJI por parte del enemigo.

En la sección de Expodrónica del Congreso mundial ATM sobre gestión del tráfico aéreo, que se celebró de martes a jueves en el recinto de Ifema en Madrid, el distribuidor español de DJI montó un expositor. La pieza principal fue un artilugio equipado con una garrafa para fumigaciones agrícolas y un precio de venta de unos 16.000 euros, explica Eduardo Méndez, empleado de la distribuidora que reconoce que, aunque la matriz censure el uso bélico, impedirlo por completo es difícil “desde el momento en que tienen una cámara térmica”.