Los versos de Federico García Lorca en el portal del edificio de Chamberí donde vivió
Una pared blanca es el lienzo sobre el que se han rotulado los versos de García Lorca. Debajo, la firma poderosa del poeta, con las iniciales del nombre y los apellidos encaramándose sobre el resto de las letras. Un homenaje a quien estuvo alojado en un apartamento de este edificio en 1932, época de esplendor creativo, con los ensayos de Bodas de sangre a punto de iniciarse.
Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
En la calle General Arrando, muy cerca de la calle de Santa Engracia, sobrevive el recuerdo de Antonio Machado, que residió con su familia en el inmueble del número 4, como informa una placa colocada en su fachada, hasta que hubo de marchar al exilio. Pero no sospechábamos que también Federico anduvo por esta calle durante unas semanas antes de instalarse con sus padres en un piso amplio y confortable de la calle de Alcalá.
Es ahí, en el inmueble que hoy está marcado con el número 96, donde el Ayuntamiento de Madrid y el Teatro Español colgaron, en 1984, una lápida con el nombre de García Lorca, vecino ilustre de la Villa, aunque siempre apegado a la Granada en la que nació y creció. De aquella tierra andaluza se vinieron, en 1932, Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca para afincarse en Madrid y estar con sus hijos Federico y Francisco.
El padre tenía 72 años, la madre 62. Ambos mantenían una relación estrecha con Federico a quien ellos, desde que empezara a demostrar su talento con las letras y la música, habían apoyado económicamente: financiaron su estancia en la capital mientras estudiaba en la universidad, costearon las primeras ediciones de sus poemarios, le pagaron sus viajes a Nueva York y Cuba para que siguiera formándose y dándose a conocer. Porque el poeta, cuyo prestigio crecía de día en día en los ámbitos culturales hispanoparlantes de principios del siglo XX, no empezaría a ganar dinero por sus obras hasta 1933, cuando se estrenó Bodas de sangre, que en Argentina tuvo un éxito clamoroso.
Ian Gibson lo cuenta en Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca. Refiere las conversaciones epistolares del poeta con sus padres, el empeño de estos en que consiguiera un trabajo remunerado para cuando ellos ya no pudieran ayudarlo, y el reconocimiento de Federico por su comprensión y la confianza que mostraban en sus proyectos literarios.
En este libro, Gibson reproduce una carta remitida por Federico al pintor Eduardo Rodríguez Valdivieso, en la que le pide que le escriba a su domicilio en Chamberí. “Escríbeme enseguida y cuéntame cosas. Ya vivo en General Arrando, 7”.
En 1933 la familia se trasladaría a la vivienda de la calle de Alcalá. En ella permanecería hasta julio de 1936. Cuando se produjo la sublevación militar, Federico y Vicenta creyeron que en su casa de Granada, arropados por vecinos y parientes, se encontrarían más seguros. Sobre todo Federico, cuyos estrenos y publicaciones solía acoger la prensa conservadora con frases injuriosas y humillantes. Nadie esperaba que un hombre tan querido y alabado, un creador de renombre internacional, fuera víctima fácil de la envidia, la ignorancia y la maldad que anidaba entre sus paisanos.
En Chamberí quedó la huella física del poeta en forma de versos. Los descubrimos una mañana de verano, guiándonos por la lectura de Ian Gibson. El zaguán del inmueble de General Arrando está abierto para quien quiera acercarse a leerlos. Las palabras encienden el ambiente, se escuchan en el silencio del recinto.
Casi es posible oír la voz de Federico.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.
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Este artículo fue publicado inicialmente en el número de diciembre de 2025 de la revista Chisper@s. Puedes leer aquí el resto de números de la publicación.
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