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El barrio de Lavapiés mantiene su pulso reivindicativo durante las fiestas de San Cayetano y San Lorenzo

Acción en la plaza de Arturo Barea

Luis de la Cruz

Madrid —

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El pasado 4 de agosto cientos de personas se concentraron en Lavapiés en respuesta a las muertes en la frontera ceutí bajo el lema “No más muertes en las fronteras”. La cita fue convocada por Red Interlavapiés y Red Solidaria de Acogida, y contó con el apoyo de distintos colectivos de marcado cariz social y antiracista. La escena no es extraña en las calles del barrio de Lavapiés, territorio combativo y escenario habitual del rodar de los distintos movimientos sociales madrileños.

La concentración coincidía prácticamente con el inicio de las fiestas de San Cayetano, las primeras de la triada (junto con San Lorenzo y La Paloma) de las celebraciones de agosto en el distrito Centro. Una de las características distintivas de estas fiestas patronales es que, a diferencia de otras de los distritos, transcurren en las estrechas calles y vetustas plazas de Lavapiés, el Rastro y el barrio de La Paloma, y no en recintos feriales acotados y alejados del día a día de la mayoría de los vecinos.

Siendo así, es imposible que las fiestas de estos barrios no transcurran coherentemente contaminadas de la idiosincrasia habitual de las barriadas, sobre todo en tiempos en los que la crisis de la vivienda y la gentrificación en el centro de Madrid estampan sus nombres mes sí, mes también, en las páginas locales de los periódicos.

Uno de los muchos mensajes que se colocaron en el campo en obras de Dragones de Lavapiés

No hubo que esperar mucho para encontrarse con la política a pie de calle en las fiestas. El 5 de agosto varios miembros del equipo senior de Dragones de Lavapiés hicieron una acción reivindicando volver a entrenar en su campo de la calle de Embajadores 18. Los vecinos y visitantes de las fiestas de San Cayetano primero, y ahora de San Lorenzo, tienen muy presente la causa gracias a los mensajes que tapizan la valla de solar.

Las obras de la instalación deportiva básica que sirve de sede deportiva al club, conocido por su labor de inclusión social, llevan paradas ya cerca de 300 días a pesar de que, supuestamente, deberían haber seguido su marcha en algún momento del pasado mes de julio.

Con el comienzo de las fiestas de San Lorenzo, el 8 de agosto, se produjo una acción de Lavapiés al límite y el Sindicato de Inquilinas contra la turistificación. Una gran pancarta donde se podía leer Tourism is killing Madrid se descolgó de la fachada de un bloque de viviendas, queriendo hacer partícipes a los propios turistas de un problema que ha sido central en el barrio durante el último año.

El sabor popular de las fiestas de Lavapiés va más allá de la participación de sus colectivos sociales, pero estos han revitalizado en los últimos años la vertiente más social de las fiestas a través de la Plataforma por unas Fiestas Populares de Lavapiés. Está formada por colectivos muy diversos: asociaciones migrantes, el Sindicato de Manteros, espacios como Esta es una plaza, proyectos deportivos como CD Dragones de Lavapiés, cooperativas y otros colectivos de distinta naturaleza radicados en el barrio. Cada año, ponen una caseta en las fiestas con precios populares y organizan distintas actividades. Este año repiten caseta en Arturo Barea con el lema Sin vecinos, no hay verbena.

En 2026, como en años precedentes, ha habido batalla de agua, imaginativo engalanamiento de bolardos, juegos populares, decoración popular –y a menudo reivindicativa– de las calles del barrio y una cena del traje, que se celebra el lunes 10 de agosto al caer el sol.

Bolardo reivindicativo de la causa palestina en la edición anterior de "Bolardo voy, bolardo vengo"

Las fiestas populares de Lavapiés recogen el espíritu de los antiguos barrios bajos de Madrid, bien representados en calles como la del Oso, adornada por sus vecinos desde hace décadas. Unas fiestas abiertas y diversas, que se leen en los espectáculos de transformismo clásico y copla española que durante años llevó a cabo Emi por San Cayetano y han continuado otras compañeras también en la mentada calle del Oso.

Es sencillo andar celebrando por Lavapiés estos días y toparse en sus paredes con el cartel relativo a un intento de desahucio, como el de Paquita, o pegatinas contra los pisos turísticos. Las fiestas de agosto en el centro de Madrid demuestran que cuando se celebra en la calle la propia ciudad–y sus vecinos más comprometidos– se encargan de avisar de que los problemas seguirán ahí cuando se barra el confeti.

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