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Las fisioterapeutas contra el machismo en su trabajo: "Haces masajes, ¿no? ¿Con final feliz?"

Las fisioterapeutas llevan días compartiendo sus historias de acoso y machismo cotidiano en su trabajo con el hashtag #metooFISIO

“¿Fisioterapeuta? Haces masajes, ¿no? ¿Con final feliz?”, “¿Debes hacer maravillas con las manos?”, “Pues a mí me duele aquí” (mientras se señalan el culo o la entrepierna), cuenta Ángela

“Las mallas de hoy te sientan mucho mejor, con los pantalones del otro día parecías un saco de patatas”, le dijo un cliente

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Fisioterapeuta en una prueba deportiva

Fisioterapeuta en una prueba deportiva. Colegio Oficial de Fisioterapeutas de Canarias

El 19 de Octubre, una compañera de profesión tuiteó una viñeta en la que denunciaba situaciones de acoso en el trabajo. Situaciones que todas hemos vivido y que se siguen dando con demasiada frecuencia. Todo por ser fisioterapeuta, pero sobre todo, por ser mujer. El tuit incluía el ya más que conocido #Metoo, lo que dio pie a que otra compañera nos pidiese que empezásemos a denunciar estos comportamientos con un #metooFISIO.

Llevo días leyendo tuits de situaciones desagradables, violentas y humillantes que hemos tenido que sufrir a lo largo de nuestra vida profesional por el hecho de ser mujeres. Situaciones que hemos llegado a normalizar.

Resulta triste, pero hace años que, de primeras, al conocer a alguien, intento no decir a qué me dedico. Si digo que soy fisioterapeuta, gran parte del género masculino no ha tenido a bien ahorrarse una mirada lasciva o un comentario totalmente desafortunado o humillante. “¿Fisioterapeuta? Haces masajes, ¿no? ¿Con final feliz?”, “¿Debes hacer maravillas con las manos?”, “Pues a mí me duele aquí” (mientras se señalan el culo o la entrepierna). Y aunque estas expresiones parecen tópicos son reales, y ya en el ámbito laboral pueden ir más allá.

Como fisioterapeutas muchas hemos llevado o seguimos llevando pijamas blancos. Pijamas que parece que dan pie a que se pueda comentar si llevas bragas o tanga. Yo hace tiempo que llevo pantalones deportivos para trabajar, lo cual no me ha librado de que un paciente me dijese recientemente: “Las mallas de hoy te sientan mucho mejor, con los pantalones del otro día parecías un saco de patatas”.

¿Por qué tengo que aceptar que en mi lugar de trabajo se me pregunte si tengo pareja? Y no solo allí, en entrevistas de trabajo me lo han preguntado bastante a menudo. ¿Por qué tengo que morderme la lengua cuando alguien me dice “qué suerte tiene tu novio, porque con esas manos haces magia”. ¿Por qué tengo que callarme cuando un paciente se quita los pantalones aunque le vaya a tratar el cuello “porque estoy más cómodo”? ¿Por qué tengo que tolerar que intenten llevar mi mano a su zona genital cuando estoy valorando una lesión muscular en aductores?

Con los años he aprendido a escaparme de estas situaciones pero a base de tener que ser mucho más seca y “mandona”, lo que me ha llevado a que me apoden “sargento” o “teniente O’Neil”. Si ese es el precio que tengo que pagar para que no me acosen en el trabajo, bienvenido sea.

Como fisioterapeutas y como profesionales hemos de demostrar nuestra valía todos los días. Esto lo entiendo, lo acepto y me parece sano. Pero como fisioterapeuta y mujer que soy, he de demostrar mi valía profesional además de luchar porque no se intente violar mi valía personal. Hay que visibilizar el #metooFISIO y hay que dejar de mirar a otro lado cuando estas situaciones ocurren. 

Ángela

Si tú también quieres compartir tu historia de machismo cotidiano escríbenos a micromachismos@eldiario.es o menciona nuestra cuenta @Micromachismos en Twitter.

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