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Michelin utilizará un 40% de materias primas renovables en 2030 y el 100% en 2050

El porcentaje de materias primas renovables que utiliza Michelin se sitúa ya en el 28%.

A. M.

El empeño de las empresas de toda índole por ser cada vez más sostenibles no se limita, en el caso del automóvil, a los fabricantes de coches, sino que se extiende también a las compañías especializadas en suministrar componentes y servicios, algunas de ellas auténticos colosos de la industria como Michelin. La marca de neumáticos lleva años puliendo su política referida al medio ambiente, cuyos objetivos se han reunido en la estrategia llamada Todo Sostenible.

Cuando se habla de neumáticos, el único elemento de contacto entre el vehículo y la carretera, hay varios aspectos que marcan la diferencia entre unos productos y otros. Por ejemplo, la durabilidad, pues algunas cubiertas sacrifican la duración por un mejor rendimiento; la eficacia, donde cabe considerar, entre otras cosas, el agarre -en seco y en mojado- o las prestaciones que hace posibles el neumático; y la eficiencia, un terreno en el que brillan las ruedas que permiten menores consumos de combustible y que, en general, pueden considerarse más sostenibles tanto por su performance en sí por la menor huella ambiental de sus procesos de producción.

Todas estas cuestiones son muy relevantes desde el punto de vista ambiental, pero antes de analizarlas conviene ocuparse de los procesos de producción de las cubiertas. Michelin se ha propuesto, entre otras metas, alcanzar el 40% de materias primas renovables en 2030 y el 100% antes de 2050. Hoy en día, el porcentaje de estos materiales se sitúa ya en el 28%.

A este respecto, sus proyectos principales actuales tienen que ver con la producción de butadieno, un caucho sintético obtenido del petróleo, a partir de fuentes biológicas, así como la obtención de isopreno (caucho natural) a partir de diferentes tipos de biomasa. La firma de Clermont-Ferrand trabaja también en una nueva resina adhesiva de origen vegetal y en el uso de aceite de girasol, en lugar de aceites sintéticos, en la fabricación de sus cubiertas.

En los procesos productivos es vital, además, reducir el consumo de agua, de residuos y de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. En este campo, el propósito se fija en que las fábricas de la compañía -como la de Valladolid, abierta desde 1973-, que emplean todas ellas energía de fuentes 100% renovables, rebajen sus emisiones de dióxido de carbono un 50% en 2030 y lleguen a la neutralidad en carbono para 2050.

La durabilidad del neumático que mencionábamos al principio guarda también una relación estrecha con la sostenibilidad y el ahorro. Como es lógico, una cubierta que dura más permite hacer más kilómetros, por lo que la necesidad de cambiarla se amplía en el tiempo. Y, por supuesto, si el consumidor tarda más en sustituirla, se fabricarán menos y por tanto se reducirá el impacto ambiental que actualmente genera un neumático en su fabricación y en su desecho. 

En Michelin se trabaja para garantizar las prestaciones de las ruedas hasta el final de su vida útil, hasta el límite legal de 1,6 milímetros de profundidad de dibujo. La utilización de todos los neumáticos hasta el final de su vida útil permitiría ahorrar, según sus cálculos, alrededor de 400 millones de neumáticos al año y 35 millones de toneladas de CO2.

Buena rodadura, menor consumo

Pero no podemos olvidar que el mayor impacto ambiental no se da en el proceso de fabricación ni cuando los neumáticos se hallan fuera de uso. El 86% de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera se generan mientras las gomas están utilizándose. De ahí que Michelin preste especial atención a la rodadura de los neumáticos, uno de los principales factores que incide en el consumo de carburante, que, a su vez, es responsable directo de las emisiones de CO2.

De ello se concluye que, cuanto menor sea la resistencia, menor será el consumo energético y, como consecuencia, se generarán menos gases tóxicos. En otras palabras, por cada litro de combustible no consumido, evitamos la emisión de unos 2,66 kilos de CO2.

Ante este panorama, la tecnología que incorporan los neumáticos es vital para mitigar la huella de carbono. Para Michelin, el foco se sitúa en producir ruedas más eficientes en términos de economía de combustible, así como más duraderas. En 2030, deberían haber mejorado su eficiencia energética en un 10% respecto a 2020, de acuerdo con los objetivos de su estrategia Todo Sostenible.

Un ejemplo destacado de innovación que hay que apuntar a la firma francesa es el neumático de carreras empleado en las últimas 24 Horas de Le Mans, creado para el prototipo eléctrico de pila de combustible de hidrógeno H24 y compuesto por un 53% de materias primas sostenibles.

Desde 1992, Michelin ha desarrollado, además, cinco generaciones de neumáticos de bajo consumo, tres de ellos para turismos y dos para camiones, lo que representa un ahorro de casi 14 millones de litros de carburante y 35 millones de toneladas menos de CO2; esto es, una 40% de reducción en ambas magnitudes.

Por último, la sostenibilidad se extiende al periodo posterior a la vida útil de las cubiertas. Además de formar parte, como es obligatorio en España, de un sistema integrado de gestión de neumáticos usados como Signus, la compañía tiene suscritos acuerdos con empresas y startups innovadoras cuyos avances en este campo ofrecen perspectivas ilimitadas.

Las tecnologías desarrolladas van mucho más allá del mundo del neumático, lo que permitirá su aplicación en otras industrias que se beneficiarán igualmente de la utilización de materias primas recuperadas y, sobre el papel, infinitamente reutilizables. Gracias a ellas es posible, por ejemplo, reciclar el poliestireno y recuperar el negro de carbón -material producido por la combustión incompleta de los productos derivados del petróleo- o el aceite de pirólisis de los neumáticos usados.

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