Entrevista exclusiva (y falsa) a Donald Trump
Donald Trump (Nueva York, 1946) recibe a nuestro colaborador en el jardín de la Casa Blanca, donde ha ordenado erigir una escultura fálica de cien metros de altura y color dorado. Trump, rodeado de obreros, coordina el montaje.
Señor Trump, ¿qué es esto?
¿Estás ciego, hijo? ¡Es un símbolo! ¡Es la esperanza, la promesa de un mañana mejor, la encarnación del modo de vida americano!
Pues parece un pene.
También es un pene, claro. Quiero que se vea desde el espacio, como la muralla china. Yo lo llamo Trump Magnificent Erection. Estoy dudando si ponerle molduras.
¿Dónde?
En la punta, ¿dónde va a ser? No sabes mucho de decoración, ¿verdad?
Me gustaría hablar del Mundial. Dicen que usted intervino para que la FIFA le retirase una tarjeta roja a un jugador de su país.
¡El árbitro era brasileño, el país de la droga y la pedofilia! El ICE lo deportó en cuanto acabó el partido. Lo mandamos a una cárcel de El Salvador. Ya le han extirpado cinco órganos, pero, al menos, allí hablan su idioma.
En Brasil se habla portugués.
¿Eso no se habla en Portugal?
También.
¡Dios, es imposible aprenderse toda esa mierda! ¿Por qué no habláis todos inglés? ¿Os creéis muy especiales, pobres de mierda? Debería bombardearos a todos. ¿Una Coca-Cola?
No, gracias. Ya que hablamos de geopolítica… El presidente de la FIFA, con quien estuve el otro día, le entregó un premio de la paz.
¡Gran decisión! Poca gente ha hecho tanto por la paz como yo.
¿Sí? ¿Me podría poner un ejemplo?
Faltaría más. Mira, ¿ves a los francotiradores ahí arriba, en el tejado?
Sí.
Tenemos una frase en clave, ¿sabes? Como en el sadomaso. Basta con que la diga y te vuelan la cabeza. Así, sin más. La digo y bum. Pero no la digo. ¿Qué tienes que decir a eso?
Eh… ¿Gracias?
Honduras, ¿sabes lo que es?
Un país.
Un país. Yo me enteré ayer, pero es igual. La cosa es que, si bombardeo Honduras, ¿qué? Pues nada. Que a tomar por culo Honduras, y aquí paz y después gloria. ¿Pero qué hago yo? No lo bombardeo. ¿Sabes por qué no me dieron el Nobel?
Ni idea.
Por envidia. Los suizos no me tragan. Algunos hombres llevan mal eso, me ha pasado toda la vida. Me ven y piensan: “¿Cómo voy a competir con ese semental que exuda poder y magnetismo por cada poro de su perfecto físico?”.
Son suecos.
¿Quiénes?
Lo que dan el Nobel.
Bueno, ¡¿y a quién coño le importa?! ¡Jesucristo bendito, muchacho, ya te he dicho que no puedo aprendérmelo todo! ¡Yo lidero el mundo!, ¿entiendes? Tengo aquí mismo el maletín nuclear, mira, te lo abro. ¿Ves este botón?
¿El rojo?
El rojo. Si le doy ahí, adiós a la raza humana. ¿Toda?, dirás tú. Pues no, toda no. ¿Sabes quién se salvaría?
Usted.
¡Yo! Y doscientas setenta y tres modelos de entre 16 y 20 años escogidas personalmente por la viuda de Epstein, que Dios lo tenga en su gloria, para repoblar el planeta. Todos juntos en un refugio nuclear diseñado por Norman Foster. Yo podría ser el nuevo Adán, ¿te das cuenta? Algunas mañanas me levanto y me dicen: “Tiene una llamada de Netanyahu”. ¡Nada más levantarme, te lo juro! No te haces idea de lo cansino que es ese hombre. Y a veces, de verdad te lo digo, pienso: “A la mierda, le doy al botón”.
Y, oiga, ¿su mujer no estaría en el refugio nuclear?
Dios, hijo, ¿qué clase de hombre eres tú? ¿Quién se lleva a su mujer a un apocalipsis?
Volvamos al fútbol. Algunas selecciones tuvieron problemas a su llegada a Estados Unidos.
¡Eran iraníes! ¡Nos cierran el estrecho de Ormuz y un día después aparecen aquí con chándales y Gatorades! ¿Qué coño esperaban, una piñata? ¡Bastante que no los fusilamos!
También le pasó a la selección de Somalia. ¿No espera represalias?
¡¿De Somalia?! ¿Qué van a hacer, la danza de la lluvia para ver si tenemos inundaciones?
Pero solo eran futbolistas. ¿No habría sido más elegante dejarlos entrar sin tantas precauciones?
Mira, esa gente empieza metiéndote un gol y acaba metiéndole otra cosa a tu mujer y a tu hermana. Y, en una generación, todos marrones. ¡Todos! A ti no te importa, claro, porque los españoles ya sois medio marrones y solo bajaríais un Pantone.
Pero América se forjó con la inmigración. Es un país de inmigrantes. Su madre era inmigrante. ¡Su mujer es inmigrante!
“Halcón asediado”.
¿Cómo dice?
“Halcón asediado”.
Señor, Trump, no entiendo qué…
En este punto de la entrevista, nuestro colaborador sufrió un desafortunado resbalón dando como resultado siete perforaciones en la zona craneoencefálica. Su familia ruega una oración por su alma.
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