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La pandemia del silencio, el olvido y el abandono

El campo de refugiados de Samos, Grecia.

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La historia se repite otra vez, tristemente se repite una vez más. Al principio de la pandemia teníamos la sensación de que podíamos salir mejores porque una pandemia exige que salgamos todos unidos. Cada comportamiento importa mucho, tanto para lo bueno como para lo malo. Ser responsable nos ayuda a salir antes y mejor, también a valorar a todos los colectivos que estaban en primera línea: desde los trabajadores y trabajadoras en la agricultura, muchos de ellos inmigrantes, hasta el personal sanitario. Ser irresponsable nos hace salir más tarde y peor, sabiendo que supone más hospitalizaciones y más muertes. Pensaba que nos iba a despertar nuestra sensibilidad y nuestra conciencia solidaria, que nos íbamos a preocupar del nosotros, que incluye el yo, superando los egos y los narcisismos.Tenía claro que este despertar iba a ser limitado y minoritario, pero que tendría suficiente fuerza para hacerse notar en la sociedad de alguna manera. Sin desmerecer los gestos solidarios que sí ha habido.

La pandemia del silencio, del olvido y del abandono ante el sufrimiento humano de miles de personas, ante las injusticias de aquí y allí se ha instaurado con más fuerza. De hecho, Amnistía Internacional ha denunciado que se ha aprovechado esta pandemia como coartada para violar los derechos humanos. Hay que divertirse como si no hubiera una mañana. ¿Por qué pensamos que nuestro último acto debe ser beber una cerveza o una combinación alcohólica o el sexo por el sexo y no un acto de cercanía, de amistad, de amor, de empatía con los que están sufriendo las guerras, el hambre o el saqueo de sus recursos? Nuestro sistema social nos ha convertido en individualistas, utilizando el sálvese quien pueda, pero, que al final, y al principio, los únicos que se salvan son los que concentran todo el poder económico, político y social.

Silenciamos el sufrimiento de personas y pueblos para que se olvide su situación y se destruyan sus esperanzas y se les abandone para que desde esas instancias de poder y desde los organismos internacionales puedan confinar sus vidas.  Silenciamos el llanto de los niños y niñas; silenciamos el grito de personas ante la destrucción de sus vidas y sus seres queridos; silenciamos la destrucción del planeta; silenciamos la angustia y la depresión de muchos padres y madres que no puedan dar un futuro a sus hijos e hijas y que tienen que echar agua a la leche para que aguante más un cartón; silenciamos la soledad de muchas personas mayores…Y, todo esto para olvidar y abandonar a la gente en su dolor ¿Ésa es la sociedad que queremos?

Voy a poner algunos ejemplos de esta triste realidad, de esta pandemia del silencio, el olvido y el abandono.

Quiero traer la situación de los refugiados y refugiadas en Grecia y otros países europeos, porque se ha producido un silencio profundo, un olvido y un abandono, dejándoles a merced de las políticas inhumanas de la Unión Europea.

Recuerdo cuando hace años nos despedíamos de algunas familias sirias del Campo de Refugiados de Ritsona y nos pedían que no les olvidáramos y les dijimos que no. Estas familias eran muy conscientes, más que nosotros, de que el olvido suponía cercenar cualquier esperanza de una vida digna para sus hijos e hijas. Ahora, este campo, juntos con otros, se están amurallando con un altura de más de tres metros, sensores, vigilancia por todo el perímetro, es decir, se convierte en una cárcel, no pueden salir, donde la gente vive hacinada, con un trato vejatorio, humillante y en condiciones inhumanas. Y, todo esto con dinero europeo. Nos llegan noticias de que están convirtiendo estos campos en auténticas cárceles. La única puerta abierta es la que les indica que vuelvan a sus países destruidos y violentos. Terrible es la noticia de que el gobierno socialdemócrata danés quiere mandar a los refugiados y refugiadas a campos a África, medida que se están planteando otros gobiernos.

Un refugiado amigo nos mandaba el siguiente mensaje: “Me siento inútil, muy cansado de esta vida”. De vez en cuando, hablamos con algunos de ellos y nos dicen que todo va muy mal; sus voces han cambiado, ahora son voces apagadas y desesperanzadas y no entienden ese trato tan inhumano. Pero, al final de la conversación son capaces de desearte buenos días.

¿Alguien se acuerda del niño sirio Aylan que apareció ahogado en la costa turca que provocó una reacción ciudadana de acogida y de cariño a esas familias que venían huyendo del horror de la guerra que ellos no provocaron?

Esta pandemia del silencio, el olvido y el abandono se refleja en la situación de millones de niños y niñas que sufren las guerras y todo el horror que conlleva. Las imágenes de los niños y niñas en Yemen, en Palestina, en el Congo, en Nigeria, en Honduras, en La India…nos atraviesan el corazón, pero, no se habla de ellos, solo se habla de que hay conflictos de una manera abstracta y superficial. ¿A quién le interesa lo que les pase a esos niños y niñas? Quieren silenciar sus rostros para que se les olvide y se les abandone en esas estrategias de terror basada en los conflictos militares por intereses económicos, geoestratégicos y de expansión de las grandes potencias y megaempresas.

Y, por último quiero reflejar esta pandemia del silencio, el olvido y el abandono de nuestros mayores ¿Por qué ya no se habla de nuestros mayores? ¿Por qué no se habla de realizar cambios sociales profundos para que los cuidados se pongan en el centro de nuestro sistema social, lo que se llama la “cuidadanía? Muchas residencias seguirán teniendo gestión privada como un negocio. Para que todo siga igual, el silencio y el olvido es necesario. Eso sí, haremos el minuto de silencio y cada año un homenaje, donde los partidos políticos lo utilizaran para enfrentarse y ganar votos. Lo dicho, el silencio y el olvido para que todo siga igual.

La pandemia de la Covid-19 nos ha hecho mucho daño y a esta pandemia hay que sumarle la pandemia del silencio, el olvido y el abandono porque pensamos que con nuestro propio sufrimiento ya tenemos bastante y solo aceptamos la máxima de “bebamos y comamos que mañana moriremos”. Esta pandemia del olvido nos deshumaniza hasta niveles insospechados, nos hace manipulables y permite a los poderes económicos, financieros y sociales cometer todas las atrocidades y crueldades que consideren para conseguir sus objetivos.

Frente a la pandemia del silencio, el olvido y el abandono, la vacuna de la voz y la denuncia, la vacuna de la memoria y la visibilización y la vacuna del compromiso con la vida para hacerla vida, para que no se tenga que sacar a ningún niño y niña entre los escombros, para que sus rostros y sus miradas de miedo y tristeza se conviertan en rostros de alegría y de futuro lleno de paz y justicia. Para que nadie tenga que huir de su país. Para que cada persona tenga un trabajo digno que le permita vivir y que nuestros mayores tengan un final de la vida lleno de ternura, cuidados y tengan una ancianidad lo más feliz posible. Y, todo esto es posible con nuestra voluntad decidida.

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8 de julio de 2021 - 06:00 h

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