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El Mar Menor como problema

Los problemas no terminan de resolverse, pese a la retórica de la administración regional y de algún miembro de la comisión asesora sobre el Mar Menor

El Mar Menor se ha convertido en el paradigma de un modelo insostenible y depredador que genera beneficios para unos pocos y socializa las pérdidas para toda la ciudadanía

Solamente trece desalobradoras han vertido a la laguna 3,8 millones de metros cúbicos de salmuera (que equivaldrían aproximadamente a 1.900 piscinas olímpicas)

Mar Menor

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El Mar Menor ha pasado de ser un patrimonio natural a convertirse en un problema medioambiental grave. Su estado actual refleja la práctica descontrolada de la agroindustria con la emisión de nitratos y salmueras a la laguna, los vertidos de los municipios a sus aguas y la emisión de metales pesados a través de las escorrentías en su cubeta sur. Todo esto ha pasado, ante la mirada hacia otro lado de los responsables de su estado. El descontrol, la desidia y la escasa diligencia en abordar los graves problemas de la contaminación hizo que el Mar Menor nos diera un aviso, un grito que alertaba sobre su deterioro.

Los problemas no terminan de resolverse, pese a la retórica de la administración regional y de algún miembro de la comisión asesora sobre el Mar Menor. La mala gestión de las diferentes administraciones, así como los usos y actividades en la propia laguna, con una mayor responsabilidad del gobierno regional, nos ha llevado a convertirlo de riqueza y patrimonio de toda la ciudadanía murciana a un problema de primer orden que conviene resolverlo de manera urgente.

Es necesario hacer una reflexión sobre las causas. En unas pocas décadas hemos pasado de tener una auténtica joya de gran riqueza ambiental y biodiversidad, de aguas transparentes, salinas y con pocos nutrientes, a tener un espacio muy degradado, tanto por la actividad del sector urbano-turístico, como por el sector de la agroindustria. El Mar Menor se ha convertido en el paradigma de un modelo insostenible y depredador que genera beneficios para unos pocos y socializa las pérdidas para toda la ciudadanía. Un modelo que no ha tenido en cuenta los impactos ambientales hasta que la laguna nos dio los primeros avisos.

Para postre de los problemas, hace poco conocíamos un informe del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA) en el que se estimaba que, solamente trece desalobradoras han vertido a la laguna 3,8 millones de metros cúbicos de salmuera (que equivaldrían aproximadamente a 1.900 piscinas olímpicas).

No obstante, la movilización ciudadana ha contribuido a identificar los problemas y plantear alternativas de recuperación. La plataforma ciudadana Pacto por el Mar Menor ha denunciado ante las administraciones, la Fiscalía de Medio Ambiente y las redes sociales, las causas que han llevado a esta situación de riesgo extremo de la laguna. Entre otras, la puesta en regadío de miles de hectáreas sin derecho a la transformación del secano original; las miles de toneladas de nitratos vertidos diariamente y la contaminación de los acuíferos subterráneos. Junto a esto, muchas playas permanecían colmatadas por el barro arrojado por las lluvias torrenciales y por las barreras que han supuesto los clubs náuticos a las corrientes marinas.

Hay que cambiar el rumbo, se hace necesaria una moratoria urbanística en el entorno del Mar Menor, incluyendo factores de sostenibilidad ambiental con los planes generales de ordenación municipal de los ayuntamientos costeros, disminuyendo el suelo urbanizable. Hay que desarrollar la revegetación de cauces, ramblas y líneas de drenaje, la plantación de setos verdes en lindes y la creación de pequeños cuerpos de agua con vegetación que eviten una erosión excesiva del medio terrestre en torno a la laguna. Siguen como tareas pendientes, auditar la sobreexplotación de los acuíferos y sus impactos en las intrusiones en la laguna, la actividad de todas las desalobradoras existentes, unida a la aplicación de medidas naturales para la retención de agua y nutrientes.

Los problemas de contaminación no se solucionarán si no se establece el vertido cero. Es necesario desarrollar un modelo agrícola sostenible en la zona del Campo de Cartagena que lo rodea, que incluya como elemento fundamental la reducción de la contaminación agraria en origen, la eliminación de los usos irregulares del agua, el control sobre la superficie en regadío y la demanda de agua para uso agrícola.

El plan de vertido cero del Ministerio para la Transición Ecológica está terminando sus trámites administrativos y evaluaciones medioambientales y, en este contexto, es necesario un acuerdo del ministerio y el Gobierno regional para coordinar sus esfuerzos y comenzar su ejecución de manera urgente. Este plan debe marcar el inicio de la concepción del Mar Menor como un patrimonio medioambiental antes que un problema.

 

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