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Discriminación cotidiana a las familias monomarentales: "En el colegio todo lo organizan pensando en papá y mamá"

"Siendo una te toca pagar lo mismo que si fueras una familia de dos progenitores. Y cuando planteo estos problemas a algunas personas piensan que como he decidido tener sola a mi hija me tengo que aguantar”, lamenta Sonia

A Marta el gimnasio solo le ofrecía una tarifa pensada para una familia tradicional: le salía más cara que pagar una de adulto más una infantil

Por el momento, las únicas legislaciones que contemplan ayudas para las familias monoparentales son de carácter autonómico

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Las asociaciones insisten en reclamar una ley estatal que regule la situación de las familias monomarentales. EFE

Están criando a sus hijos solas y por ello sufren discriminaciones sociales y económicas respecto al resto de familias. En España, las monoparentales alcanzan la cifra de casi dos millones. Y de ellas 1,6 millones, más del 80%, están encabezadas por mujeres, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Sonia Campo es una de ellas. Madre de una niña de cuatro años y medio, esta socióloga madrileña explica que el hecho de criar a su hija sola por decisión propia le ha llevado a encontrarse con cierta incomprensión por parte de otras personas. “Se dan muchos silencios cuando se le habla a la niña de sus padres, hasta que la gente se atreve a preguntar. Entonces, es muy recurrente que se le pregunte por su padre, algo que no sé si sucede al revés, cuando el cabeza de la familia monoparental es un hombre”, asegura.

Las principales discriminaciones las ha padecido, en todo caso, en su relación con la administración y a la hora de escolarizar a su hija. “No me parece normal que se equipare a las familias monoparentales con el resto de familias a la hora de acceder a prestaciones o al inscribir a nuestros hijos en colegios o incluso en extraescolares. No es una cuestión únicamente de dinero. También es de esfuerzo y de tiempo”, explica, al referirse al cuidado de los hijos por parte de una sola persona. “Te das cuenta de que tratan diferente. Siendo una, te toca pagar lo mismo que si fueras una familia de dos progenitores. Y cuando planteo estos problemas a algunas personas cercanas, es verdad que piensan que como he decidido tener sola a mi hija me tengo que aguantar”, lamenta.

Una actividad cotidiana como apuntarse al gimnasio puede resultar más dificultoso para una familia monoparental. Marta López, otra madre que decidió tener a sus hijos sola, vivió lo que ella califica como una “discriminación directa” cuando intentó matricularse en uno. El centro, en Madrid, ofertaba una serie de plazas limitadas a precios municipales y ella quiso apuntarse con su hijo. Llegado el momento, la tarifa que le ofrecieron fue la “familiar”, que no estaba pensada para una familia monoparental, y que le salía más cara que si pagaba por separado una de adulto más una infantil. “¿Por qué voy a tener que pagar, aunque solo sea un poco más, si no hay una tercera persona en la familia?”, se pregunta.

Para acogerse a ese modelo, intentó que esa tercera persona fuera su madre, la abuela del pequeño, pero no se lo permitieron porque, para beneficiarse del descuento, debía matricularse con el cónyuge y probarlo con el libro de familia. Tras interponer varias reclamaciones el gimnasio le llamó para decirle que el ayuntamiento había previsto una tarifa monoparental que iba a lanzarse al poco tiempo, y a la que finalmente se acogió. “No creo que yo esté en una situación excepcional. Hay mucha gente que tiene el hijo sola o padres que no se hacen cargo, desaparecidos...”, sostiene.

López también menciona otras discriminaciones “indirectas”. “Por ejemplo, en el colegio todo lo que organizan es a nivel familiar, de padre y madre. Yo creo que los profesores no están preparados para este tipo de modelos”. Asimismo, lamenta que en los libros de texto no se contemple su modelo familiar monoparental, ni tampoco los homoparentales o los de otro tipo. “Todo son papá, mamá y el niño”, recuerda. Por eso considera que “la escuela tiene que hacer una labor importante al elegir material didáctico pensando en otras realidades”.

Tirar de vacaciones para conciliar

También Anabel Cobos, ambientóloga sevillana y madre de dos niños mellizos de dos años, ha percibido discriminaciones “desde que nacieron”. “Primero está el tema de los permisos: solo te dan el de maternidad y no se puede acumular el del otro progenitor para así prolongar el tiempo que se está en el cuidado de los bebé s ”, lamenta. Una vez incorporada al trabajo, también se encontró con dificultades por el hecho de criar a sus hijos sola: “Para llevar a un niño al médico tienes que tirar de días de vacaciones o pagar a alguien para que cuide de ellos. Todo es o tirar de vacaciones o gastar dinero, y el sueldo no cunde como el de otras familias con dos personas trabajando”, recuerda. Asimismo, denuncia que se confunda a las familias monoparentales con las separadas, en las que “la patria potestad” y, por tanto, los gastos, los comparten dos personas.

Como “muy discriminatorio” considera el hecho de que “una viuda con dos hijos sea considerada como familia numerosa” por la administración, y no así una familia monoparental con dos hijos. “Pueden alegar que yo he decidido tener sola a mis hijos pero ellos no tienen la culpa. Se focalizan las ayudas en lo que hayan decidido los adultos pero no en los hijos, que deberían tener la misma cobertura que los de una viuda”, lamenta. Precisamente en junio del año pasado el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid desestimaba un recurso para considerar a las familias monoparentales con dos hijos como familia numerosa. Y, después de ello, la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, prometió en el Senado esa equiparación que aún no se ha materializado en ningún texto legislativo.

Por el momento, las únicas legislaciones que contemplan ayudas para las familias monoparentales son de carácter autonómico. “Me parece súper injusto que las comunidades tengan autonomía para regular esto porque hay algunas que están muy adelantadas y otras que no. Así, una madre soltera está mucho más protegida en Cataluña que en Andalucía, donde yo vivo”, argumenta Cobos.

Carmen Flores, presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres Solteras, explica que fue la catalana la primera comunidad que legisló al respecto con una normativa específica, y le siguió la valenciana. Esto implica que exista “un reconocimiento social a este tipos de familias”, que se haya realizado “una definición de las diferentes formas de monoparentalidad” y que se contemplen “bonificaciones” para, por ejemplo, elegir centro educativo, obtener becas, el transporte escolar, el acceso a los centros municipales deportivos o a la hora de pagar tasas.

En Aragón está “a punto de aprobarse” una ley al respecto y en Baleares existe un anteproyecto. Asimismo, en Madrid se acaba de aprobar una ley que reconoce la monoparentalidad que, según Flores, “va a permitir un reconocimiento social de nuestra situación”. En todo caso, desde las asociaciones reivindican una cobertura “a nivel estatal” con “una serie de prestaciones que deben ser iguales a las que tienen las familias numerosas”, a las que las monoparentales actualmente triplican en número en España.

Pedimos que se nos garantice la conciliación, porque nuestra familia está compuesta por una única persona adulta al cuidado de los hijos. O es la administración la que nos garantiza ese cuidado o no podemos trabajar. E incluso trabajando, si tenemos que contratar a alguien no llegamos a fin de mes”, advierte Flores. Los centros escolares que oferten comedores e incluso actividades extraescolares son esenciales para ellas, apunta.

En el ámbito laboral, las madres solteras reivindican una mayor flexibilidad en los horarios. Y denuncian más discriminaciones “a la hora de acceder a viviendas sociales”, ya que al ser familia numerosa sí existe una mayor puntuación que no tienen las monoparentales. Sobre todo, destacan la desigualdad que padecen a nivel fiscal: “Una familia biparental se puede desgravar 3.400 euros por cada hijo, y una monoparental tan solo 2.100, lo cual nos parece muy injusto”. Las asociaciones insisten en reclamar una ley estatal que regule todos estos aspectos. 

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