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El marrón de la democracia

Nunca antes la policía en Vitoria se había enfrentado a tal rebelión ciudadana. Desde hace dos semanas la gente no abre la puerta a la policía. Literalmente. Y la culpa la tiene Pedro Sánchez

La España del 28 de abril: un voto más fragmentado y "promiscuo"

Nunca antes la policía municipal en Vitoria se había enfrentado a tal rebelión ciudadana. Desde hace dos semanas la gente no abre la puerta a la policía. Literalmente. Los agentes llaman al teleportero y no les abren. Y cuando consiguen superar el acceso del portal y golpean en la puerta de las casas -"¡Policía, abra!"-, la gente sigue sin abrir. Dentro, los vecinos le dan al mute en el televisor, caminan descalzos para no meter ruido y aguantan la respiración. Tras unos momentos de tensión, la policía se tiene que volver por donde ha venido.

Y la culpa la tiene Pedro Sánchez.

"En ejercicio de las facultades que ostento como presidente del Gobierno de España y previa deliberación del Consejo de Ministros, he propuesto la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones generales para el día 28 de abril", anunció solemne Pedro Sánchez. Y en Vitoria se escucharon unos cuantos nada solemnes mecagoendiós muy vascos. El día elegido por Sánchez para votar coincidía con el santo patrón de los alaveses, San Prudencio, y el temor de que a uno le tocara formar parte de una mesa electoral empezó a contagiarse en las conversaciones.

El fastidio no venía por el disgusto que podía suponer estar encerrado de ocho a ocho en un colegio electoral y no poder acudir, por tanto, a la romería a las campas de Armentia que se celebra ese día. Eso era lo de menos, a no ser que fueras el obispo que unos días antes había montado en cólera porque el nombre del santo no aparecía en los carteles de las fiestas pero, claro, el obispo libra de la mesa porque ese día tiene que hacer de obispo. Lo que de verdad preocupaba a los feligreses -secularizados y romeros mediopensionistas- era que la fecha les podía reventar las vacaciones de San Prudencio, una tradición mucho mejor comprobada históricamente en Álava que la existencia del propio santo.

Hace dos semanas se realizó el sorteo de las mesas electorales en Vitoria y empezó a escucharse por la ciudad una leyenda urbana: si no abres la puerta a la policía, no pueden notificarte que te ha tocado estar en la mesa electoral, y te libras. Los poderes públicos insistieron en que no era algo tan sencillo pero, efectivamente, la notificación tiene que ser personal, así que si tenías las agallas de hacerte el dormido mientras la policía aporreaba la puerta de tu casa a las diez de la noche, te librabas y podías pirarte de vacaciones. La leyenda urbana era sobre todo urbana.  

Y es lo que ha hecho mucha gente. Hasta el punto de que algún policía -los agentes van de paisano para no dar pistas, por supuesto- avisa por el teleportero de que trae un paquete. Y cuando les abres pensando que son los de Amazon, te han metido el paquete de la notificación electoral hasta la cocina. Ahora andan quejándose los de correos y repartidores porque en Vitoria no se abre la puerta ni a Jeff Bezos. Como decía el otro día Juan Carlos Alonso, todo esto recuerda a aquellos tiempos en los que nos hacíamos los locos con los testigos de Jehová que tocaban el timbre y nos acercábamos sigilosos a la puerta para comprobar por la mirilla que ya se habían largado a otra parte con el cuento de que no se pueden comer chuletas de cerdo.

Hay bastante agobio, no se crean. Hay hasta alguno que ofrece 135 euros en Wallapop para ser sustituido en la mesa electoral que le ha tocado, aunque no está claro si también costeará las consecuencias penales de suplantarle la identidad. Y todo esto no es debido a un especial desapego con el ejercicio de la democracia en Vitoria. Es más bien por el apego de todo vitoriano a largarse de Vitoria de vez en cuando para seguir manteniéndose cuerdo.

Hay miles de personas cruzando los dedos. La coincidencia con las vacaciones ha provocado que se duplique el voto por correo en Álava. Ya se han solicitado 30.000 votos por correo, el 12% del censo. Es el porcentaje más alto de todas las provincias españolas. Y cuando escribo estas palabras está a punto de finalizar la segunda ronda de notificaciones de la policía, después de que la primera de la semana pasada resultara fallida (dicen que es habitual) y dejara más de un millar de los 2.781 huecos sorteados sin cubrir (esto no es habitual). De ese millar, algo más de 600 no pudieron ser notificados la semana pasada. Y hay que sumar otros casi 400 que habían conseguido que la Junta Electoral aceptara sus alegaciones, entre otras razones, porque tenían las vacaciones pagadas antes de que Sánchez pronunciara las maléficas palabras "28 de abril".

En mi pueblo la fiesta de la democracia se ha convertido en el marrón de la democracia.

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