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“En la Real Academia Española hay un posicionamiento político a la hora de definir las palabras”

Verónica Gerber Biecci

Maialen Ferreira

Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981) es una artista y escritora mexicana algo inusual al resto. En su libro, Conjunto vacío, narra una historia intercalando texto y dibujo, de manera que, si falta alguno de estos, la narración deja de tener sentido. Ha visitado Bilbao con motivo del festival Gutun Zuria, en el que ha participado realizando un taller que busca romper con las palabras que utilizamos habitualmente y crear un nuevo lenguaje: “el lenguaje del futuro”.

Se define a sí misma como “una artista visual que escribe”. ¿Qué quiere decir con ello?

Yo estudié artes visuales y eventualmente me dediqué a escribir y cuando me pidieron que me definiera pensé que la manera más honesta era decir que soy una artista visual que escribe porque eso es lo que hago, escribir de manera visual y de manera verbal.

Su novela 'Conjunto vacío' ha sido reconocida por el carácter innovador que tiene el uso de dibujos para narrar la historia. ¿Cómo se pueden intercalar los dibujos con la historia que se cuenta?

A mí me interesaba mucho hacer un libro en el que buena parte de la historia estuviera sostenida por dibujos, quería encontrar una forma de relacionar dibujos y texto que no fuera ilustrativa. Me parecía que un lugar en el que había cierto equilibrio es ese en el que el diagrama y la letra comparten espacio, significado y sustento conceptual. Eso fue lo que intenté hacer, que el texto corriera y de repente fuera interrumpido por dibujos que siguen contando lo que está pasando y después regresar al texto. Como ir modulando, casi como en una honda sonora, la aparición del texto e imagen. pero que sí uno hiciera el experimento de quitarle a 'Conjunto vacío' todos los dibujos, se perdiera la mitad del libro. Eso es lo que me propuse hacer. Si lo logré o no es algo que tienen que determinar los lectores.

Es una escritora que no sigue esquemas. ¿No es arriesgado?

Creo que yo soy desobediente por naturaleza y creo que esa es la única manera que yo tengo para escribir, no tengo otra. Probablemente se corren algunos riesgos, pero no es algo que me preocupe.

El taller que ha impartido en Gutun Zuria tiene el título de La destrucción de las palabras es algo hermoso y trata de sintaxis alternas. ¿Se puede jugar con la sintaxis? La destrucción de las palabras es algo hermoso

Pienso que sí. Para el taller leímos 'El manifiesto de la literatura futurista' que plantea toda una estructura que rompe por completo con la sintaxis a la que estamos acostumbrados y eso, digamos que me sirvió como ejemplo para que en los grupos que hemos juntado para el taller logremos imaginar también un lenguaje del futuro. Sí creo que se puede romper con la sintaxis y sí creo que se pueden hacer otras sintaxis. Lo que pasa es que hay dar un paso atrás y mirar la estructura que tenemos desde fuera en la medida de lo posible y a partir de eso hacer un ejercicio imaginativo y destructivo incluso para reconstruir y allí es donde puede suceder eso. A mucha gente le cuesta mucho trabajo porque las cosas son como son y para qué las vamos a mover ¿no?. Pero creo que esos ejercicios imaginativos nos van a permitir pensar otras maneras y mirar hacia el futuro de otras maneras y en ese sentido entender el presente también mejor.

¿Usted cómo cree que es ese lenguaje del futuro?

Yo hice un proyecto hace muy poco que acabo de inaugurar en México que se llama 'El vocabulario B'. Lo que hice fue dar talleres a niños para que los niños inventaran palabras para el futuro y ellos dieron una y otra vez con una fórmula de mezclar varias palabras para crear una. Creo que el lenguaje del futuro tiene que ser uno que se escriba intergeneracionalmente, que sea transversal, que tenga una perspectiva de género clara y que trate de ponerle palabras a las cosas que todavía no las tienen. Algo de lo que pasaba mucho con los niños es que inventaban palabras para sentimientos que todos tenemos, pero que no tienen palabras porque son mezclas de varias como estar dolido y enamorado al mismo tiempo. Había una palabra que me acuerdo ahora, un adolescente de segundo de Secundaria escribió la palabra 'morelido', que es cuando sientes dolor y amor al mismo tiempo. También algo que he sacado de las películas de ciencia ficción es que ese lenguaje del futuro probablemente tendría que tener una perspectiva espacio-temporal visual bastante distinta de lo que podemos imaginar hasta ahora.

¿Es lícito que con el cambio de las sociedades y gracias a la perspectiva de género vaya cambiando la lengua? ¿Debería la RAE reconsiderar palabras?

Por supuesto. La RAE debería reconsiderar muchísimas palabras y muchas cosas que hace. Muchas más palabras deberían incluirse en el Diccionario de la Real Academia que no se incluyen y que tardan décadas en incluirse. Ellos tienen sus razones. Pienso que tendría que ser mucho más abierta e inclusiva y mucho menos cerrada y tradicional. Me parece muy conservadora, honestamente. Recupero la historia de María Moliner porque no sólo son las palabras que se incluyen o las que no se incluyen, sino las formas en que se describen esas palabras. Las acepciones, los significados y hacer esa comparación que le dio a una palabra María Moliner, aunque sea hace décadas y la que le da la RAE... Te das cuenta de que en la Real Academia Española hay un posicionamiento político a la hora de definir las palabras. Me gustaría que hubiera otros diccionarios además del de María Moliner.

¿Y cómo debería ser ese diccionario?

Yo creo que debería haber un diccionario ciudadano. Como un contrato civil de la ciudadanía para crear un diccionario hecho por todos, que eso es un poco lo que está sucediendo desde hace tiempo con Internet. Wikipedia es un poco eso, una enciclopedia hecha por todos en muchos idiomas, pero también sería bueno y no sé si lo hay, un diccionario comunitario hecho por todos y en todos los idiomas y redefinir las palabras y volver a pensar las definiciones de las palabras y volver a pensar las definiciones de las palabras y no asumir las que da una Academia.

¿Es difícil que el público entienda tu “arte literaria” y llegar a conectar con él en los tiempos que corren?

Es difícil a veces tomarle la temperatura a lo que los lectores experimentan cuando te leen o observan tu trabajo visual, pero digamos que de los comentarios que han logrado llegar a mí ha habido de todo. Recuerdo mucho a una profesora de primaria que leyó mi libro 'Conjunto vacío' y me dijo que había tenido un choque cognoscitivo porque nunca se había enfrentado a un libro así. Me dijo que le había costado mucho trabajo al principio y que estuvo a punto de abandonarlo por completo y después, no sé muy bien cómo, decidió quedarse leyéndolo. Y de repente entendió la manera en la que los dibujos se relacionan con el texto. A partir de ahí ya lo pudo leer con fluidez. Pero sí hubo un momento como de un shock. Un momento de “yo no entiendo nada, no sé qué es esto”. Supongo que frente a eso muchos abandonarían el libro y pocos son los que le dan una segunda oportunidad, pero yo aspiro a no subestimar a mis lectores y a confiar en que lo van a intentar de nuevo porque en realidad todos somos capaces de entenderlo.

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