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Quiroga resetea el PP vasco tras la debacle

El varapalo electoral en las elecciones europeas obliga a la líder del PP a diseñar un cambio de rumbo en el partido para intentar conectar con las demandas de la ciudadanía vasca.

La pérdida de 40.000 votos y el retroceso en el feudo alavés, donde ha pasado a ser tercera fuerza, no ha abierto ninguna crisis interna, a diferencia de lo sucedido en el PSE.

Quiroga (PP) insiste en que Gobierno vasco y el lehendakari digan, "cuanto antes", qué proponen sobre el autogobierno

La presidenta del PP vasco, Arantza Quiroga (PP), en una comparecencia en la sede del partido.

La noche electoral de las europeas, el cuartel general del PP vasco era un poema. Y no solo porque el que fuera líder de los populares vascos y candidato a mantenerse otros cinco años en la Eurocámara, Carlos Iturgaiz, se hubiera quedado a las puertas de recoger su acta de eurodiputado. Esa noche, Arantza Quiroga constató hasta dónde había llegado el alejamiento y distanciamiento de la sociedad de las políticas que ha desarrollado el partido. El PP vasco, recién salido de una crisis interna sin precedentes en los últimas décadas, cosechaba un abultado varapalo electoral, incluso en la provincia donde ha demostrado mayor músculo político y control institucional.

En Álava, donde tradicionalmente había obtenido los mejores resultados, cayó al tercer lugar, al pasar de 25.142 votos (en las europeas de 2009) a 16.978 (2014). En Vitoria, el alcalde Javier Maroto mantuvo el pabellón de la gaviota, pero a duras penas y con un resultado exiguo: apenas 76 votos respecto a EH Bildu, la sorpresa de la noche en territorio alavés.

El PP de Arantza Quiroga, en la primera confrontación electoral tras el congreso en el que salió elegido con un voto de castigo nada desdedeñable y que ella tuvo en cuenta, ha sufrido un tsunami que se ha diluido rápidamente. Mientras en el PSE, la debacle electoral ha supuesto un movimiento telúrico de cambios internos y sustituciones de liderazgos a lo largo de los próximos meses, los populares de Quiroga han logrado ponerse de perfil. Lo cual no significa que la actual presidenta haya echado tierra sobre el resultado. Más bien todo lo contrario.

Es difícil soslayar un resultado en el que el PP ya es cuarta fuerza con 77.400 votos (un 10% del voto), tras perder 40.000 papeletas frente a 2009. La irrupción de Podemos, que también fue la otra sorpresa de la noche, junto al avance de la coalición soberanista, dejó a la formación de Pablo Iglesias como quinta fuerza en el País Vasco a unas 25.400 papeletas de la formación que preside Quiroga. El PP vasco lleva retrocediendo electoralmente desde 2003, es decir básicamente durante la etapa de Antonio Basagoiti.

Los cambios se harán con "amplitud de miras, probablemente modificando algunas posiciones que hemos mantenido hasta ahora. La sociedad cambia y nosotros, como PP vasco, no podemos mantenernos exactamente igual".

A la recién elegida lideresa de los populares vascos, tras uno de los procesos internos más broncos que se recuerda en la historia reciente de esta formación de centro derecha, no se le ha pasado por la cabeza abandonar el barco. Pero lo que sí cree inaplazable es volver a conectar con su electorado. La dirigente popular está convencida de que en Euskadi hay una mayoría de ciudadanos que apuesta por "la moderación, la centralidad, la estabilidad y la seguridad", pero lo cierto es que su partido se ha demostrado incapaz de atraer a ese sector de la sociedad que el PP ve mayoritario.

Quiroga parece estar dispuesta a arriesgar. Lo que no está claro es hasta dónde va a llegar esta actualización anunciada hace escasas semanas. El planteamiento, de momento, es muy genérico: se hará con "amplitud de miras, probablemente modificando algunas posiciones que hemos mantenido hasta ahora. La sociedad cambia y nosotros, como PP vasco, no podemos mantenernos exactamente igual", se apunta en el partido.

Solo en esa clave se pueden interpretar dos movimientos políticos que se ha producido en el PP este mes y que le alejan de los postulados oficiales del partido en materias tan importantes como la energética o en política penitenciaria. La primera se refiere a la oposición inequívoca a la reapertura de la central nuclear de Garoña -algo que solo había defendido en público el alcalde vitoriano Javier Maroto- y la segunda está relacionada con la defensa de la transferencia a Euskadi de la competencia de prisiones dentro de un proceso normalizado de completar el Estatuto de Gernika. No parece que lo primero vaya a suponer una conexión del PP con la parte de la sociedad alavesa que siempre se ha opuesto a la central nuclear. Y lo segundo, una materia concebida por lo sucesivos gobiernos centrales como una parte activa de la política antiterrorista, cuesta creer que vaya a implicar cambios a corto plazo en la posición del gobierno de Mariano Rajoy.

Más interesantes pueden ser los cambios que en materia de autogobierno pueda imprimir el partido de Quiroga, pasado el año que se ha dado la ponencia parlamentaria para el trasiego de expertos y diversos representantes que pasarán por el parlamento antes de las elecciones municipales y forales de 2015. Es evidente, como ella misma ha dicho, que los populares no se van a hacer nacionalistas. Pero el encaje de Euskadi en España dentro de una revisión del actual modelo del Estado de las autonomías en clave federal puede flexibilizar posturas del PP vasco en esta materia.

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