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Vecinos denuncian el “abuso” de las terrazas del Casco Viejo

Critican el daño estético que causan sobre la imagen del barrio, declarado conjunto monumental, y las dificultades que generan a los viandantes.

Exigen al Ayuntamiento que aplique una moratoria y no conceda nuevas licencias hasta regular la situación o comenzarán movilizaciones de protesta.

El consistorio lleva varios meses elaborando un plan de peatonalización que garantice la seguridad y la accesibilidad mientras preserva la estética del entorno.

Las terrazas tapan la visión de la fachada de la catedral de Santiago. /Asoc. de vecinos del Casco Viejo

Las terrazas tapan la visión de la fachada de la catedral de Santiago. /Asoc. de vecinos del Casco Viejo

Desde la plaza del Arriaga, si sube por la calle Bidebarrieta hasta llegar a la plaza Santiago, se verá sorprendido por la imponente figura de la catedral que se alza por encima del resto de edificios. Ésta podría perfectamente ser la frase de una guía de viajes sobre el casco antiguo de Bilbao, sólo que en este caso es incorrecta. Si se sube por la calle Bidebarrieta hasta la plaza Santiago, lo primero que llama la atención de los viandantes no es la catedral sino las terrazas que la hostelería del entorno ha colocado junto a su fachada. Los vecinos de la zona, saturados por el “abuso” que los bares y restaurantes del barrio están haciendo sobre el espacio público, han convocado hoy una rueda de prensa para denunciarlo.

La preocupación de los residentes del entorno es doble: Por un lado, denuncian las trabas que las terrazas suponen para los viandantes y la limitación que suponen para los pocos espacios de esparcimiento que tiene el barrio. Por otro, critican la degradación que su instalación masiva supone para el patrimonio. “Pasear por la calle se ha convertido en una ‘gymkhana’ con obstáculos de todo tipo”, ha asegurado Javier Rodríguez, portavoz de la asociación de vecinos del Casco Viejo.

Rodríguez ha citado como ejemplo que los toldos de los establecimientos hosteleros de las siete calles no pueden alejarse en más de 70 centímetros de las fachadas. Sin embargo, las mediciones se hacen cuando están plegados y al desplegarse muchos de ellos pueden llegar a alcanzar los 2 o 3 metros de longitud. Otro de los factores que preocupa a los vecinos es que la Plaza Nueva, prácticamente el único espacio abierto del que disponen, está completamente ocupada por las terrazas. “Los niños pequeños del vecindario ya no tienen donde jugar, el espacio libre de la plaza debe estar compartido por la hostelería y por los ciudadanos”, ha apuntado su portavoz.

En lo que se refiere al patrimonio, los vecinos también han manifestado su preocupación por la gran cantidad de terrazas y el perjuicio que pueden suponer sobre la imagen de las siete calles. “Un barrio que ha sido declarado conjunto monumental no se puede degradar de esta forma con la excusa de fomentar la actividad económica”, ha censurado Rodríguez. En su opinión, las terrazas que ocupan la fachada de la catedral de Santiago y las que pueblan la plaza nueva y la de Unamuno están generando un “desastre estético”.

“Creemos que hay que impulsar la hostelería de día y las terrazas son una buena herramienta para darle vida, pero hay que controlarlas”, ha declarado el representante vecinal. Los residentes llevan ya más de un año alertando de esta situación al ayuntamiento y hoy los responsables municipales se han reunido con ellos. Los vecinos han sentido que el consistorio les daba la razón y por eso han decidido dar un margen de tiempo hasta el mes de noviembre antes de emprender mayores movilizaciones de protesta. Sin embargo, exigen a cambio que el Gobierno local no conceda nuevas licencias para abrir terrazas en restaurantes de día mientras se pone remedio a la situación.

El Ayuntamiento de Bilbao, por su parte, ha explicado que desde hace tiempo está inmerso en un plan director de peatonalización para todo el Casco Viejo en el que se contemplan estos problemas. “Tenemos claro que es un barrio con unas características que hay que preservar, que se trata de una zona residencial y que, además, tiene una actividad económica muy importante”, han detallado fuentes municipales. El plan que están elaborando tiene por objetivo garantizar la seguridad y la accesibilidad de las siete calles y también salvaguardar la estética.

Exceso de tráfico

Prácticamente todo el Casco Viejo bilbaíno es peatonal. Sin embargo, es habitual que cualquier viandante se encuentre con coches, furgonetas e incluso algún que otro camión cuando pasea por la zona. Tampoco está fuera de lo común encontrarse vehículos que permanecen estacionados durante largos periodos de tiempo en medio del adoquinado. Los vecinos han aprovechado la comparecencia de hoy para denunciar también esta situación.

“Pedimos que se limite el volumen de la carga y descarga porque el actual no se puede absorber”, ha asegurado Javier Rodríguez. “A día de hoy cuando llueve se hace evidente la gran cantidad de agujeros que los coches han abierto sobre el suelo de las calles”, ha añadido. También piden al Ayuntamiento que controle más los habituales estacionamientos de particulares en las calles del entorno. Aunque ante el resto de aspectos la respuesta general ha sido de escepticismo, los vecinos creen que la solución que ofrece el consistorio para remediar el tráfico por la zona peatonal es “muy interesante”. Ésta también será parte del plan director para la peatonalización del Casco Viejo que esperan haber terminado para el mes de noviembre.

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