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¿Todo el poder para Jonan Fernández?

La decisión del lehendakari de cesar a su asesor de Víctimas, Txema Urkijo, pone en guardia a casi toda la oposición y obligará a Urkullu a sacar su rotulador para recordarle a Fernández las líneas rojas que no debe cruzar en materia de Paz y Convivencia.

Aunque la persona que sustituya a Urkijo suscite un amplio consenso político, la salida del abogado de Llodio de Lehendakaritza difumina el trabajo realizado desde tres gobiernos diferentes con las víctimas del terrorismo en los últimos 11 años.

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Jonan Fernández y Mónika Hernando, los dos miembros de la Secretaria de Paz y Convivencia, tras el cese de Urkijo.

Txema Urkijo, el asesor sobre Víctimas del lehendakari Urkullu hasta el pasado miércoles a última hora de la mañana, cuando fue cesado por el lehendakari, ya es historia. Y de la buena, se puede apostillar. Una historia que hunde sus raíces en aquel gobierno del lehendakari Juan José Ibarretxe de 2002 en el que participaba EA y el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga. Urkijo estuvo más de tres años desempeñando el cargo de director de Derechos Humanos a las órdenes de Azkarraga hasta que dimitió en 2005 en un episodio en el que tanto Azkarraga como Urkijo, oficialmente al menos, negaron cualquier tipo de discrepancia o enfrentamiento en el trabajo.

En 2006, Urkijo regresó al Ejecutivo, con Ibarretxe aun como lehendakari, pero en esta ocasión, como asesor de la Dirección de Víctimas, una materia que entonces estaba bajo la batuta del consejero de Interior, Javier Balza (PNV). Y con la entrada de Maixabel Lasa y de Jaime Arrese en aquella dirección comenzo un trabajo callado, con sordina de acercamientoa a las víctimas del terrorismo, un mundo proceloso, instrumentalizado hasta la saciedad por políticos sin escrúpulos, más centrados en resultados inmediatos y en el desgaste político del adversario, que en imprimir una estrategia de reconocimiento de las víctimas basada en su derecho a la verdad, la justicia y la reparación.

El trabajo dio sus frutos en un mundo, el de las víctimas del terrorismo, que entonces tenía bajo sospecha al nacionalismo democrático y al lehendakari Ibarretxe, al que veían más preocupado en sus planes soberanistas, que en transmitir una cercanía a un colectivo necesitado de amparo y reconocimiento institucional y no de políticas de cartón piedra, cuando no la instrumentalización pura y dura de su dolor. En 2007, Ibarretxe pidió perdón a las víctimas en un acto en el Euskalduna que se repitió, con otro formato, en el Kursaal un año después.

Nada de esto hubiera sido posible sin personas como Maixabel Lasa, Jaime Arrese y el trabajo callado de horas de Txema Urkijo y el resto del equipo con las víctimas del terrorismo y con los máximos responsables de aquel Ejecutivo nacionalista. En estos largos años no todo ha sido un camino de rosas. Convencer al lehendakari Ibarretxe de que era necesario recorrer ese camino costó su tiempo. Como tampoco fue una balsa de aceite el trabajo que desempeñó este tridente de la política de cercanía con las víctimas bajo la estrecha vigilancia del entonces consejero de Interior, Rodolfo Ares, ya con un lehendakari socialista (Patxi López).

Txema Urkijo no miente cuando habla de la existencia de discrepancias y diferencias de parecer en materia de víctimas con otros equipos, incluido el de Ares. No ha sido ese el problema en la Lehendakaritza y en el equipo de la Secretaría General de Paz y Convivencia que, por decisión de Urkullu, pilota como timonel mayor Jonan Fernández y en donde la directora de Derechos Humanos, Mónika Hernando, cierra un equipo que dejó de funcionar como tal en el minuto uno.

El lehendakari tenía el problema encima de la mesa desde hace meses, incluso posibilidades de reparto de tareas en las que Urkijo se conformaba con tener ciertos asuntos de responsabilidad. Pero Urkullu dejó pasar el tiempo, los meses, hasta que la situación no tenía punto de retorno.

Al poco de llegar a la Secretaría de Paz y Convivencia se produjo un revelador encontronazo entre Jonan, el excoordinador de Elkarri, y Txema, exportavoz de Gesto por la Paz. Era habitual -muy habitual- que en esa política de cercanía con las víctimas del terrorismo en la pasada legislatura, tanto Maixabel Lasa como Urkijo acompañaran a las víctimas de ETA cuando llegaba el duro momento de recordar en la Audiencia Nacional ante los asesinos los hechos que rodeaban los atentados mortales de ETA. Urkijo mantuvo esa política en la nueva etapa, pero en una conversación con Jonan Fernández éste le preguntó cómo había decidido ir a Madrid a uno de esos juicios sin que él lo supiera. La cosa no fue a mayores, pero denotaba desde el minuto cero el férreo control que el secretario general de Paz y Convivencia quería imprimir a la política que saliera de su secretaría.

A partir de ahí, Urkijo vio limitado su trabajo y fue condenado al "ostracismo", según su versión. En círculos políticos y periodísticos el desenlace no ha sorprendido. Urkijo había relatado su situación a sus más cercanos, pero nunca para que la cuestión fuera difundida públicamente. El lehendakari tenía el problema encima de la mesa desde hacía meses, incluso posibilidades de reparto de tareas en las que Urkijo se conformaba con tener ciertos asuntos de responsabilidad. Pero de verdad. Pero Urkullu dejó pasar el tiempo, los meses, hasta que la situación no tenía punto de retorno. Y ha elegido a Jonan Fernández. ¿Tendrá todo el poder en la Secretaría de Paz y Convivencia?

La decisión del lehendakari de cesar a su asesor Urkijo ha puesto en guardia a casi toda la oposición y obligará a Urkullu a sacar su rotulador para recordarle a Fernández las líneas rojas que no debe cruzar en materia de Paz y Convivencia. Algo que ya hizo Urkullu al corregir el plan de Paz y Convivencia aprobado en junio pasado tras las críticas de populares y socialistas. Pero, a diario, puede ser una tarea cansina, Y aunque la persona que sustituya a Urkijo suscite en su caso un amplio consenso político, la salida del abogado de Llodio de la Lehendakaritza difumina el trabajo realizado desde tres gobiernos diferentes con las víctimas del terrorismo en los últimos 11 años.

Urkijo ha elegido una preciosa canción del cantaautor cubano Silvio Rodríguez para despedirse a través de su cuenta personal de Twitter: Resumen de noticias. Quedan muchas noticias por llegar desde Lehendakaritza en relación con política de paz y convivencia y, como reconocen en privado en el círculo del lehendakari, Urkullu ha elegido la persona más cuestionada por la oposición y que, a priori, más problemas le puede generar, Jonan Fernández.

Mientras tanto, leamos a Silvio y la canción elegida por Urkijo, que se ha llevado el último golpe en el Gobierno probablemente porque prefiere hablar de cosas imposibles, como el cantaautor, también en materia de pacificación y de trabajo con las víctimas del terrorismo:

"Aunque se dice que me sobran enemigos,
todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto.
Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado.

He preferido el polvo así, sencillamente,
pues la palabra amor aún me suena a hueco.
He preferido un golpe así, de vez en cuando,
porque la inmunidad me carcome los huesos".


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