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Mi amigo y la prohibición de la mutilación genital femenina

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Hace unos días un amigo me comentó su indignación por la poca repercusión que había tenido la reciente prohibición por ley en Nigeria de la ablación genital de las niñas y mujeres de ese país, donde una de cada cuatro es víctima de esta práctica cruel. ¿Por qué no escribes de ello? ¿Sabes que 30 millones pueden ser víctimas de la mutilación genital en los próximos 10 años en todo el mundo? ¿Es que a nadie le importa, ni a vosotras las mujeres?, me retó.

No le di muchas vueltas. En este infierno donde los derechos humanos suelen ser una frase escrita y rápidamente olvidada y en el que es más punible un exceso de humor negro en twitter que la propia vida, no sorprenden noticias como ésta. Pero, deberían. Y mucho.

En España, la práctica de la ablación genital es un delito penado con hasta 12 años de prisión. Pero, en 29 países de África y Oriente Medio se practica como un ritual tradicional y cultural para asegurar la virginidad y el casamiento. Sí. Vivimos en 2015. Pero, en Kenia, Tanzania, Liberia, Irak o Nigeria y de forma generalizada en Somalia, Guinea y Egipto se sigue practicando de forma mayoritaria.

Pero, no solo en esos países, sino a nuestro lado, en la vieja Europa, también se mutila y así se calcula que unas 4.000 niñas han sido víctimas en los últimos 10 meses; una cifra que es solo la punta del iceberg.

Por si hay alguien que aún no lo sabe, además de la barbarie que supone el que varias mujeres sostengan a la niña o adolescente mientras otra le practica la mutilación con una cuchilla, las consecuencias son de por vida: Infertilidad, muerte, infecciones, ausencia de placer sexual y riesgo en el parto para el recién nacido.

Cuando llega el verano, los emigrantes residentes en Europa retornan a sus países de origen a reencontrarse con los familiares, a recuperar sus paisajes. Todos arrastran un pesado equipaje repleto de regalos y sueños de reencuentros. Quienes pertenecen a esos países donde la ablación es una tradición obligada, esconden en el equipaje el sacrificio de sus hijas.

Esto es lo que ocurrió en el caso de una familia residente en España. El otoño pasado, la Audiencia Nacional sentenció un caso. Una madre natural de Uganda había viajado a su país durante las vacaciones escolares con sus dos hijas de 3 y 8 años. Aprovechando la visita de sus nietas, la abuela las mutiló genéticamente. Practicó lo que tantas veces había visto durante su vida. No recoge la sentencia si también se lo hicieron a ella cuando era niña. Es muy probable.

Antes de la partida, la médica que atendía a las pequeñas dio aviso del riesgo. Al regreso, la observación de las niñas confirmó su temor.

Los jueces no castigaron a la madre porque creyeron que una mera sospecha no podía poner en peligro el desarraigo de las niñas con su familia ugandesa. Había sido bueno y necesario el viaje. No se pudo evitar lo que ocurrió, venían a argumentar.

En España, la práctica de la ablación es un delito penado con 12 años de prisión. Pero, en 29 países de África y Oriente Medio se practica como un ritual tradicional y cultural para asegurar la virginidad y el casamiento

Menos mal que esta apreciación no es compartida. El Gobierno del Reino Unido acaba de presentar una iniciativa refrendada por su Parlamento hace varios días para impedir este mismo verano esta especie de éxodo a las tinieblas.

Con efecto inmediato se requisará el pasaporte y cualquier documentación que se considere necesaria a los sospechosos de aprovechar las vacaciones estivales para viajar con sus hijas a su país de origen con el fin de que se les practique la ablación del clítoris.

Trabajadores sociales, médicos o policía estarán alerta. Cualquier indicio fundado será suficiente para impedir el viaje. Si se comprueba la existencia de delito pueden ser condenados a cinco años de cárcel. El Gobierno ha invertido 35 millones de libras en los últimos cinco años para combatir esta lacra contra los derechos de las mujeres.

Es esta una medida innovadora y necesaria que debiera ser secundada por otros países donde la presencia de personas procedentes de lugares donde la mutilación de las mujeres es una realidad cotidiana.

Solo en el Reino Unido y Gales viven 137.000 niñas y mujeres con las marcas físicas y mentales de esta carnicería. Y, otras 20.000 están en riesgo de sufrir la perversa práctica.

Junto a las medidas de prevención es fundamental la adopción de otras de tipo educación que transformen una mentalidad heredada por generaciones de mujeres y hombres. La prohibición del Gobierno de Nigeria es un precedente en África y un paso histórico para su erradicación definitiva en ese continente. El camino será largo pero ya se ha iniciado. Y, mi amigo nigeriano quiere que se cuente.

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