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El suelo ético de Maite Iturbe


Cuando el Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra dio su voto afirmativo en marzo a la designación de Maite Iturbe como directora general de EiTB es seguro que no se esperaba que, en tan breve lapso de tiempo, quedara patente la falta de idoneidad de ese nombramiento para los nuevos tiempos que hay que gestionar, desde la alta responsabilidad que supone dirigir, empresarial y socialmente, el gigante audiovisual público vasco.

Con su nombramiento el PNV salvaba el 'match ball' que había supuesto la espantada del anterior candidato, Mikel Agirre, y el comentado y supuesto veto del PSE-EE al periodista de la 'casa' Jaime Otamendi para el puesto. Una situación de 'impasse' no prevista por el ordenamiento y que habría propiciado, dada la falta de votos del partido de gobierno, la continuidad del equipo de Alberto Surio, con toda la legitimidad posible.

Pero los socialistas accedieron a que Maite Iturbe fuera la directora general de EiTB. Una directora general procedente del ente y que encabeza un equipo de veteranos profesionales que, si te descuidas, suman más de un siglo de antigüedad en la radiotelevisión pública vasca.

Y ante ellos, ante el primer equipo -y lo pongo entre comillas- “profesional” de gestión de EiTB en toda su historia, un triple reto: abordar el redimensionamiento del ente antes de que éste colapse,  asegurar las audiencias heredadas con el magro presupuesto concedido y, el más importante en mi  opinión, ser un agente activo a la hora de garantizar la pluralidad, la convivencia y el rechazo a la violencia y al terrorismo. Tras medio año en la gestión han zozobrado en todo.

Los que no somos nacionalistas vascos somos nacionalistas españoles o izquierda abertzale dogmática, enchufados o corruptos y malos profesionales.

En primer lugar, Iturbe y su equipo han renunciado a abordar en serio el excesivo peso que tiene abrir la persiana de EiTB cada día y que se lleva casi el 70% del presupuesto, repartido entre el coste laboral de los casi mil trabajadores y trabajadoras fijos del ente y el mantenimiento de las instalaciones y sistemas.

El único recorte en este apartado ha sido en mantenimiento pero no en plantilla, cuyo peso porcentual en el presupuesto ha pasado del 33% al 50% en los últimos cuatro años. Es decir, que mientras los dineros (aportación del Gobierno vasco, principalmente, y publicidad) del ente público han menguado, el coste laboral, que se ha llegado a cifrar en 60.000 euros de media por trabajador y año, no se ha tocado.

Ni se va a tocar. Por lo menos así lo ha expresado Maite Iturbe en todas las ocasiones que se le ha preguntado. Un mantra voluntarista que solo aplaza lo que es una necesidad operativa y funcional imprescindible para asegurar el futuro de la radio televisión pública vasca. Primer reto esquivado.

El mantenimiento de las audiencias no era en principio un tema demasiado complicado. Dado el poco presupuesto que quedaba para programación, después de quitar las partidas antes mencionadas, bastaba con dejar los programas que funcionaban y seguir potenciando los informativos. Y utilizar el montante restante, poco eso sí,  a programar formatos baratos e imaginativos.

Y sin embargo, han empleado estos meses para realizar una auténtica limpieza en la programación cambiando productos testados por otros que no alcanzan los datos de los programas retirados. Han elegido gastar el dinero en otras cosas y, por el momento, no han acertado. Por estos motivos, la audiencia de ETB 2, el buque insignia del ente, ha bajado entre febrero (último mes de la 'administración Surio') y septiembre un 15% y la de ETB 1, prioridad de la nueva dirección, un 10%. Segundo reto fracasado.

Y en el último Consejo de Administración saltó por los aires el tercer reto. Parece ser que la petición de suelo ético que se le hace a la izquierda abertzale va a tener que extenderse a Euskal Irrati Telebista, cuya directora general dicen que se negó a introducir el nombre de ETA en el Plan Estratégico del ente como principal causante de dolor y violencia en Euskadi, porque divide. 

Maite Iturbe no es filoterrorista. Yo no lo creo. Como no lo es la inmensa mayoría de los nacionalistas vascos. Son confusos, agraviados por España e Intereconomía (para ellos es lo mismo), equidistantes y grandes profesionales en lo suyo. Los que no somos nacionalistas vascos somos nacionalistas españoles o izquierda abertzale dogmática, enchufados o corruptos y malos profesionales.

Y debido a esa confusión se producen cuadros tan tragicómicos como el vivido en el Consejo de Administración de EiTB. La mayoría abertzale del Consejo, con Maite Iturbe a la cabeza, se niega a considerar la adenda de un consejero nombrado por el PP. La radical propuesta del españolazo del PP era añadir frases de este tenor: “después de un largo periodo histórico marcado por la violencia, especialmente la de ETA…(*)”. Hay que ser divisor. Y radikal, con k.

Y un poco más tarde, esa misma mayoría aprueba manifestar la “preocupación” del Consejo por la situación de Karmelo Landa, consejero a petición de Bildu, imputado por pertenencia a banda armada en un sumario judicial que arrastra desde hace más de diez años. Es decir, preocupados por el proceso judicial, no por tener de compañero del consejo a una persona imputada por ese u otro presunto delito. Delirante.

Afortunadamente, la sociedad civil acudió al rescate en la persona de Iñaki García Arrizabalaga, miembro del Consejo designado por el Parlamento en representación, creo, del asociacionismo vasco, y a quien no tengo el placer, con mayúsculas, de conocer. Con la dignidad del que no vive de esto, con el criterio del profesional que es y con la autoridad que le da ser víctima del terrorismo, puso pie en tierra y salvó el día a los políticos. Su dimisión nos dignifica a todos. Que Maite Iturbe siga en su puesto, no.

(*) Texto propuesto por EiTB: "La sociedad vasca vive ahora un tiempo de paz. Después de un largo periodo histórico de violencia y vulneración de derechos se vive un tiempo para construir la paz, para reparar y normalizar la convivencia y para fundamentar las relaciones presentes y futuras con el mayor respeto a los Derechos Humanos y a la Democracia. Es una responsabilidad histórica para la que se precisan bases sólidas y la colaboración de todo tipo de agentes. EiTB debe contribuir activamente, coordinarse con las instituciones y asumir esa responsabilidad".

Propuesta de Gorka Angulo, consejero designado por el PP:"La sociedad vasca busca ahora un tiempo de paz y normalización. Después de un largo periodo histórico marcado por el terrorismo, especialmente el de ETA, y la vulneración de derechos, se vive un tiempo para construir la paz, para normalizar la convivencia y para preservar la memoria de las víctimas del terrorismo y de vulneraciones de los Derechos Humanos. Por ello EiTB trabajará para hacer realidad un relato en el que la memoria debe ser una herramienta esencial para la deslegitimación total del terrorismo, con el mayor respeto siempre a los Derechos Humanos y a la Democracia. Asimismo, EiTB debe contribuir activamente para que se reconozca la injusticia del terrorismo, del daño causado y de la dignidad de las víctimas, entre las cuáles está la propia EiTB".

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