La partida final por Madrid: entre Borgen y Juego de Tronos

Urnas en un colegio electoral

Las elecciones en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid han dado como ganadores a partidos progresistas. El Partidos Socialista, en la Comunidad y Más Madrid, en el Ayuntamiento, han ganado las elecciones con una amplia mayoría. Pero la suma de votos y representantes obtenidos por los tres partidos de la derecha superan a los de izquierda con lo que todos parecen aceptar como inevitable que gobernará el PP con los apoyos de Ciudadanos y Vox.

Y aquí es donde sería importante volver a la casilla de inicio para estudiar las alternativas y escoger el camino que lleve a ganar la partida, en lugar de entregarse a la opción irremediable de que el Partido Popular imponga su agenda, incorporando en ella la de un partido de extrema derecha como Vox.

Los partidos progresistas vieron en estas elecciones una oportunidad para volver a poner la igualdad y la inclusión en el centro de la acción pública en las instituciones madrileñas, la población con mayor renta per cápita, pero una de las que ostenta mayores niveles de desigualdad. Volver a fortalecer la educación y la salud públicas como garantía de equidad de oportunidades; trabajar para una igualdad real entre hombres y mujeres, disponer de acceso real a una vivienda digna, situar la protección de nuestro medio natural y la lucha contra el cambio climático en el centro... Estos son tan solo algunos, pero quizá los objetivos fundamentales en los que coinciden los partidos progresistas.

Como persona que inició su formación en la medicina antes que en sociología y en ciencia política, me resulta especialmente difícil digerir la falta de concordancia que muchas veces se aprecia entre los objetivos explícitos declarados por actores políticos y aquellos implícitos que se pueden extraer de sus acciones. Si hay algo que caracteriza a la práctica médica es la necesaria consistencia entre las metas y el sentido de sus acciones: el mayor grado de salud al menor coste de dolor y sufrimiento. Es una aproximación básica que interiorizamos pronto y que se proyecta en las estrategias terapéuticas. Las decisiones tomadas han de ser concordantes con los fines. Cualquier otra opción se situaría fuera de los fundamentos éticos de nuestra profesión. Parecería este un principio válido para la política y la vida pública. Cualquier político que se precie debería actuar en todo momento por el camino que más le acerque en la consecución del bien social que persigue. Sin embargo, esta manera de proceder, que parece guiada por una lógica de Perogrullo, pronto topa con dos escollos: la falta de consenso sobre ese “bien común” y la incapacidad de los partidos políticos de ordenar la prevalencia de sus prioridades y acciones. En ocasiones, las decisiones tomadas sugieren que los intereses partidistas se sitúan por encima de los fines que dicen perseguir: alcanzar el máximo bien común sin causar dolor ni víctimas colaterales.

Estudiemos las posibilidades de acción del bloque progresista para acercarse en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid a los fines explícitos que persiguen y sobre los que parece existir un considerable grado de consenso. Las estrategias podrían resumirse en dos: la opción Juego de Tronos y la opción Borgen, dos series que abordan de forma totalmente diferente el acceso y el ejercicio del poder.

La primera opción, la de Juego de Tronos, supone aceptar con resignación el merecido destino después de la batalla. Ha habido una contienda y el resultado trae consigo unos ganadores, que ostentarán el poder, y otros perdedores a los que espera la humillación y la muerte. Ganarán los líderes y pagarán el precio sus pueblos. Es decir, dejar que gobierne el Partido Popular con el apoyo de Ciudadanos y Vox. Con ello, todo el bloque progresista está condenado a abandonar sus metas y generará un importante número de víctimas coyunturales. En especial todas las personas que no dispondrán de una educación gratuita de calidad, que se quedarán atrás porque a los centros públicos no se les aportan los recursos necesarios; los que abandonarán tratamientos por no poder costearlos o no disponer de seguros privados o llegarán tarde a sus tratamientos por el crecimiento de las listas de espera en los hospitales públicos; las mujeres que sufren violencia de genero o discriminación en sus trabajos a los que se les reducirán las ayudas,… Serán cientos de miles de víctimas, en especial en la Comunidad de Madrid, que es la que más población tiene y ostenta las competencias con mayor impacto directo en la vida de las personas que en ella vivimos.

Existe otra opción, la opción Borgen, en la que todos los participantes negocian una salida en el tablero de la democracia parlamentaria y en el que la moneda de cambio son los votos obtenidos. ¿Cómo jugar para maximizar la posición, para acercarse lo más posible al otro lado del tablero en el que se sitúan los logros que cada uno defiende? Sí, se han dicho muchas cosas durante la campaña, pero ahora es el momento de jugar la partida final para minimizar los daños y, sobre todo, reducir al máximo el dolor y las pérdidas para la población. Es una partida orientada a los resultados, mucho más que a proteger y defender la imagen y el orgullo de los líderes heridos.

Y aquí hay una jugada que puede reducir las víctimas colaterales. Bien podría el bloque progresista apoyar a la candidata de Ciudadanos a ocupar la alcaldía, a cambio de recibir el apoyo de Ciudadanos para que sea Gabilondo el que gobierne en la Comunidad de Madrid.

Siempre será mejor un ayuntamiento dirigido por Villacís sin la participación de Partido Popular y de Vox, que un gobierno dependiente de la extrema derecha. Sí, este movimiento sería especialmente costoso para Más Madrid, que ha ganado en el Ayuntamiento y a quien podría acusarse traición. Pero, recordemos, no estamos en Juego de Tronos, donde el orgullo y el honor prevalecen sobre la lógica del bien común. En la opción Borgen, dicha opción permitiría a Más Madrid obtener mayor influencia en la Comunidad, cuya población es mayor y sus competencias son de mayor envergadura y acercarse, en el conjunto del territorio en mayor medida sus objetivos. Así, el acento se pone en los resultados, se minimizan los costes y se maximizan los bienes comunes. Desde el punto de vista de salud social sería el mejor tratamiento.

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