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La universidad como punta de lanza de la sostenibilidad ecosocial

Catedrática de Ciencia Política y de la Administración y candidata a Rectora de la Universidad Complutense de Madrid
Universidades públicas: menos profesores, más envejecidos
16 de marzo de 2023 06:01 h

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El próximo día 21 de marzo tiene lugar la primera vuelta de las elecciones para elegir un rector o una rectora en la Universidad Complutense de Madrid, la mayor universidad presencial de España y una institución con una enorme proyección, tanto nacional como internacional. Tenemos que felicitarnos porque por primera vez en la historia de nuestra universidad, cuatro candidatas, las catedráticas Josefa Isasi, María Castro, Matilde Carlón, y, yo misma, Esther del Campo, hemos dado el paso para liderar esta institución. Es hora de que haya una rectora al frente de la Complutense, y espero que no desaprovechemos esta oportunidad.

A lo largo de la campaña electoral, que dura cuatro semanas, todos las candidatas y candidatos, somos ocho, hemos recibido a numerosos grupos, hemos visitado las distintas facultades, institutos y departamentos, e incluso vamos a protagonizar tres debates. Este número de candidaturas, que nunca se había producido anteriormente, ilustra que un amplio sector de nuestra comunidad universitaria expresa la necesidad de un cambio al frente del timón de la UCM.

A pesar de todo esto, un tema es más preocupante: la dificultad que la agenda de sostenibilidad entre en la campaña electoral. Ha habido una enorme resistencia para que estas cuestiones se debatan entre los diferentes candidatos y candidatas. No se ha dado a la sostenibilidad el lugar que consideramos debe tener en la agenda. En este proceso se ha desestimado la propuesta de hacer un debate temático sobre estas cuestiones, moderado por personalidades de amplio reconocimiento científico y visibilidad pública. Incluso tampoco se ha incluido como tema específico en los debates existentes. Esto parece un signo de las dificultades que esta agenda de sostenibilidad tiene para asentarse en la Universidad Complutense. 

Nosotros fuimos los únicos que, asumiendo la complejidad de las agendas electorales, aceptábamos realizarlo sin condiciones, no sólo porque esta es una cuestión ineludible y urgente frente a una situación ecológica y climática críticas. Si no, sobre todo, porque constituye una oportunidad única para que la universidad pública recupere una mayor centralidad social e incidencia en una esfera pública capaz de construir una cultura para la sostenibilidad.  

Todas las ayudas de los Fondos Europeos Next GenerationEU gestionados en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno de España se orientan a los retos de la igualdad y la cohesión social en el marco estratégico de la digitalización y la transición ecológica. Son fondos que la universidad pública debe aprovechar para optimizarlos en su propia reconversión estratégica como institución, en el desarrollo y modificación de las infraestructuras de investigación, en la sostenibilidad de los campus, pero también en la reformulación de nuestros programas docentes e investigadores. 

Los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 pueden dejar de ser casillas para chequear como meros trámites simbólicos en programas electorales, para realmente empezar a reorientar estratégicamente procesos de innovación social e institucional y la construcción de nuevos indicadores para evaluar la transición ecológica en la universidad pública. En este contexto favorable mi principal objetivo de regeneración institucional y de implicación de la comunidad universitaria desarrolla una planificación estratégica de medio y largo plazo en el 2030-2050. 

El primer horizonte temporal para 2030 es compartido por los libros blancos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con los que esta institución acaba de reformular todos sus programas de investigación frente a estos nuevos grandes retos y debe ayudarnos a pensar la interdisciplinariedad constitutiva de las nuevas agendas de investigación complutense. En un primer y único sexenio de mandato creo que es posible sentar las bases de un proyecto de más largo plazo en el horizonte 2050 para impulsar la sostenibilidad de unos campus que necesitan con urgencia acometer enormes inversiones para iniciar transiciones energéticas, aprovechamiento en el marco de ciclo del agua y la renaturalización de sus territorios.

Para este cometido de integrar una agenda de cuidados sociales y ecológicos tanto en el ámbito académico y curricular, como en una política universitaria integral que convierta los campus de la Universidad Complutense en escaparate y motor de iniciativas de sostenibilidad para el conjunto de la Ciudad de Madrid, el gobierno de la universidad contará con un nuevo Vicerrectorado especializado en cuestiones de sostenibilidad para la transición ecológica. Este departamento busca armonizar un campo en el que los objetivos vinculados a estos valores hasta ahora han recibido una atención escasa y fragmentaria, en dispositivos y agendas muchas veces entendidas adaptativas y auxiliares para cumplir administrativamente con nuevas exigencias normativas. 

En este ámbito de la sostenibilidad vamos a impulsar que todos los centros (facultades) desarrollen sus propios planes de transición y ahorro energético. Planes que tendrán una duración de medio plazo, a tres, a seis y a diez años, para poder prever las reformas estructurales que deben hacerse en las instalaciones y en los entornos. Del mismo modo hay que desarrollar planes de ciclo de agua en edificios y entornos; también planes de economía circular y cultura alimentaria saludable para regular la actividad de las diversas empresas concesionarias y contratadas en los servicios universitarios; y poner en marcha programas bianuales de desarrollo de los planes verdes en los campus de Ciudad Universitaria y Somosaguas, con objetivos e indicadores de renaturalización y de aprovechamiento y usos alternativos de espacios. En el ámbito curricular hay que fomentar una asignatura obligatoria sobre emergencia climática y transiciones ecológicas, como marco general de debates interdisciplinarios, para el conjunto de las titulaciones de nuestra universidad; además de impulsar otras complementarias. También hay que desarrollar un grado en sostenibilidad entre los distintos centros y departamentos de nuestra universidad. En el marco del proyecto de Alianza Europea de Universidades 1Europe-Una Europa Sostenibilidad, nuestra universidad ya está participando en la puesta en marcha de un Grado Europeo en Sostenibilidad, entre otras iniciativas formativas, un arduo esfuerzo interfacultades. Por último, hay que fomentar la investigación e innovación en esta materia, desde un enfoque interdisciplinar: hay que poner en marcha, de forma inmediata, una convocatoria de proyectos de investigación e innovación para las transiciones ecológicas dirigido a facultades, departamentos, grupos e centros de investigación; así como otra convocatoria de proyectos de innovación, transferencia y extensión universitaria, dirigida a grupos de investigación y facultades con contrapartes asociativas del ámbito científico, social y cívico.

El de la sostenibilidad no es un debate en el que la Universidad deba desempeñar un rol secundario. Debe liderarlo. Del mismo modo que es necesario abandonar el terreno de los eslóganes vacíos, debemos rebasar los límites del debate académico. Es, sin duda, una oportunidad para que la Universidad confirme su compromiso social por una ciencia abierta, pública y ciudadana.

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