Agua regenerada, ejemplo de economía verde

Tareas de baldeo en la calle del Pilar, en el centro de la ciudad

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Hay requerimientos para avanzar hacia el modelo de economía circular que nos exige la UE que conllevan grandes cambios. Cambios que exigen tiempo y apoyos de todo tipo. Por eso es necesario que la necesaria transición ecológica de nuestro sistema productivo hacia ese nuevo modelo sea justa y adaptable.

La prevención de los impactos ambientales asociados a la actividad industrial es uno de los principales retos que deben asumir las empresas para avanzar en términos de sostenibilidad. Y es cierto que ello va a obligar a las empresas a repensar procesos y rediseñar estrategias, pero es que no hay otra opción: la sostenibilidad es la única hoja de ruta a seguir.

Uno de los aspectos que requieren más atención para iniciar ese nuevo camino es el del ahorro del consumo de agua en la industria. Un consumo que supone cerca del 20% del total a nivel mundial: el doble del porcentaje que se destina al abastecimiento urbano.  

Conscientes de ello, hoy en día son cada vez más las compañías industriales que se están aplicando a la identificación, valoración y evaluación de las oportunidades de ahorro de agua a lo largo de toda su cadena de producción. Sin embargo ¿y si fuéramos a la oportunidad base? ¿y si el ahorro se produjera en el origen y no en el proceso? Por ejemplo, atendiendo esa demanda con agua regenerada.

En Catalunya el uso de agua regenerada creció un 14% en el último año. Durante el 2019 se emplearon casi 40 hectómetros cúbicos (hm3) de este recurso procedente de las depuradoras.

El agua regenerada es la que se obtiene tras someter las aguas residuales a un tratamiento terciario para que alcance los niveles requeridos por la normativa vigente, siendo destinada entonces a su uso industrial, agrícola o de mantenimiento municipal (baldeo de calles, riego de zonas verdes, fuentes y zonas lúdicas, etc). Nunca al consumo humano.

Uno de los usos que está experimentando mayor crecimiento en Catalunya es precisamente el del abastecimiento a la industria. Así, y según la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) el año pasado se emplearon 5,6 hm3 de agua regenerada para proveer a las industrias, lo que contribuyó a evitar en ésa misma cantidad el consumo industrial de agua potable.

¿Se imaginan que toda el agua consumida en la industria proviniera de las depuradoras? Eso significaría que en los próximos años ahorraríamos un 20% del agua que consumimos en España, lo que equivale a muchos embalses.  

En el caso de Catalunya desde la ACA anunciaban esta misma semana su intención de intensificar los esfuerzos para triplicar la oferta de agua regenerada en los próximos cinco años, marcándose un objetivo de producción de 100 hm3 anuales. De ese modo las depuradoras de aguas residuales se convertirían en un gigantesco aljibe desde el que atender todo tipo de demandas, excepto el ya reseñado abastecimiento urbano.  

El ahorro de agua es una de las medidas más urgentes de adaptación a la crisis climática, y su uso circular una de las mejores estrategias para avanzar hacia una producción más limpia. Existen pocas formas más eficaces de impulsar la economía circular y la acción climática. La tecnología está madura. Entonces ¿a qué esperamos para escalarla y conectar la salida de los terciarios a las redes de abastecimiento de agua para las industrias? La respuesta sigue siendo la misma que en otras ocasiones: a la voluntad política.

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Publicado el
28 de noviembre de 2020 - 21:49 h

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