La portada de mañana
Acceder
Las comunidades urgen toques de queda más estrictos y confinamientos
La primera flecha que apunta a Cifuentes en el juicio del máster
Opinión - Tocar el tambor, por Esther Palomera

¡Es la sostenibilidad, estúpido!

Una boina de contaminación cubre la ciudad de Barcelona. EFE/Archivo/Alejandro García/ Archivo

5

En enero de este año advertía desde este mismo rincón que el dinero se estaba volviendo ecologista. Fue a raíz de la famosa carta de Larry Fink, en la que el fundador y presidente de BlackRock, la mayor gestora de fondos de inversión del mundo, exigía a sus empresas participadas (entre ellas las principales corporaciones del IBEX) una mejora en los indicadores de sostenibilidad.

Ahora llega diciembre y, tras recibir y revisar los informes sobre la evolución de dichos indicadores, la gestora informa que ha decidido devolvérselos a cerca de 250 compañías por su falta de compromiso, alertando a sus dirigentes del riesgo al que se enfrentan si persisten en ignorar sus requerimientos.

Porque la misiva de Fink no era tan solo una declaración de intenciones, sino un aviso a navegantes: "El año pasado BlackRock vetó a 4.800 directivos de 2.700 compañías al entender que no estaban generando buenos reportes sobre sostenibilidad, y cada vez vamos a estar más decididos a votar en contra de los consejos y las juntas directivas que no implementen las acciones correctas al respecto".

Por lo que parece ,este año los directivos que van a perder sus puestos por desatender sus deberes en materia de sostenibilidad van a ser muchos más.

Y es que todavía son demasiados los dirigentes empresariales que creen que esto no va con ellos. Los que opinan que la sostenibilidad es una moda que pasará como otras lo han hecho.

Los que ignoran que estamos, no ya ante un cambio de tendencia, sino ante una revolución industrial en toda regla. Una nueva regla de funcionamiento que los va a dejar fuera de juego, por importantes que hoy sean, si persisten en desatenderla, mofarse de ella y hacer además alarde de ello.

Si Bill Clinton ganó contra pronóstico las presidenciales de 1992 con su famoso lema de campaña "es la economía, estúpido" ante un George Bush que se creía invencible y que se daba por reelegido, hoy son varias las grandes compañías que pueden perder los apoyos de los inversores y su prevalencia de mercado por no entender que "es la sostenibilidad, estúpido".

En nuestro país hace ahora dos años entraba en vigor la Ley 11/2018 de Información No Financiera y Diversidad. Una normativa que, entre otros requerimientos, obliga a que a partir del 2021 todas las empresas con más de 250 trabajadores elaboren un informe de sostenibilidad en el que deberán detallar las acciones que están llevando a cabo para disminuir su huella de carbono, reducir los residuos o hacer un uso más eficiente de la energía, entre otros indicadores ambientales. Unos compromisos que buena parte de las grandes empresas ya están aceptando. Pero no las medianas y pequeñas.

Esta semana publicaba elDiario.es una interesante entrevista a Cristina Sánchez, Directora de la Red Española del Pacto Mundial, organización dedicada a fomentar la sostenibilidad empresarial, en la que se aludía a esa brecha medioambiental.

 "La sostenibilidad está ya en todas las áreas de negocio de las grandes compañías -declaraba- Poco a poco se está consiguiendo y cada vez hay más madurez en ese sentido. Pero la brecha con las pequeñas empresas se va agrandando y la pandemia la ha empeorado."

Para la responsable del Pacto Mundial en España "muchas pymes se están metiendo en esto porque algún gran cliente se lo pide, o porque quieren optar a un contrato público y los pliegos valoran estos criterios; o simplemente porque al dueño les llama la atención el tema. Pero no tienen los recursos internos necesarios, alguien que pueda dedicarse a hacer un mapeo de riesgos e identificar acciones concretas de mejora."

Y esa brecha es una de las mayores amenazas para nuestra economía. Porque si no logramos escalar la sostenibilidad a todo nuestro sistema productivo, a todo nuestro tejido empresarial, no lograremos que esta se convierta en la gran palanca de cambio que en realidad es.

Una palanca que en países como Alemania, fuertemente industrializados y con notables obstáculos de adaptación, hace tiempo que se está utilizando para avanzar en no solo en términos de responsabilidad ambiental, sino de competitividad. 

Etiquetas
Publicado el
5 de diciembre de 2020 - 22:47 h

Descubre nuestras apps

stats