Los efectos de la anestesia en la toma de decisiones
Pues verán. Esta semana he descubierto que los protocolos sanitarios han añadido -no sé desde cuándo- una cláusula cuando menos curiosa: advierten sobre la necesidad de no tomar decisiones importantes, ni firmar documentos legales, durante al menos 24 horas después de recibir anestesia. Aunque sea para una prueba diagnóstica o una reparación mínima. Explican que los medicamentos residuales afectan la memoria, la concentración y el juicio, incluso si la persona aparenta estar completamente despierta. La capacidad de evaluar riesgos y beneficios no funciona al 100%, concluyen.
Asombrosamente, como en la historia del elefante en el que no se debía pensar, el brillante -y best seller- ensayo de George Lakoff, una decisión importante a tomar se abre paso en el cerebro. Sobre todas las posibles, con toda claridad. Y allí se queda. Puede ser cualquiera, creo que personal prioritariamente. Con lo que, lejos de verse afectados la memoria y el juicio, asisten a una especial clarividencia, según observé. Viene a ser lo de la consulta con la almohada al amanecer, pero a lo grande. Y creo que ha de tomarse en serio para recapacitar sobre ella; eso sí, luego, en plena lucidez.
Ha sido una especie de revelación ese protocolo sanitario. Imagino litigios por firmas en ese estado que a lo mejor es más general de lo que parece cuando ahora se incluye esa cláusula. Pero podemos ir más allá: nuestra sociedad está sin duda anestesiada, tiene afectado su juicio y la capacidad de evaluar riesgos y beneficios no funciona al 100%. Es presa fácil de desaprensivos y adopta decisiones de trascendencia equivocadas, que le perjudican directamente.
No debe ser solo es la sociedad; los gobiernos serios también parecen estar un tanto anestesiados. Los otros, no. Se compran áticos de lujo con el dinero de los contribuyentes e intentan pasarlo como normal y mucha gente les cree probablemente por haberse tragado la dosis de aletargante necesaria. Lo cierto es que la surten a diario los medios dedicados a ese servicio.
En modo alguno se han de echar en saco roto las recomendaciones sanitarias, pero, si en ese especial impasse, se abre una ventana nítida, hay que tomar nota e incluirla en una lista de acciones a evaluar. La que enfrenta actualmente la vida pública es larga de por sí y crece al ritmo que se incorporan desajustes por contagio.
Hay que frenar el exuberante festival de demandas judiciales que promueve básicamente la ultraderecha. De entrada, pasaría por suprimir la anomalía española de la llamada “acusación popular”. En el resto de Europa son la Fiscalía y el propio acusado los únicos competentes en el caso.
Imprescindible revisar la legalidad constitucional de partidos y asociaciones ultras, como promueven ya en Alemania los escarmentados -sin efectos anestesiantes- de los fascismos. Se trata de adelantarse, por superviviencia. Sin duda, con plenos poderes serán quienes ilegalicen a cuantos no sean de su cuerda, dado lo mucho que les sobra de los mandatos constitucionales y de sus contenidos sociales.
De momento, se precisa atemperar las comisiones publicitarias de presunta investigación que se dan, por ejemplo, en el Senado, donde tiene mayoría el PP por no haber reformado todavía las prioridades de los resultados electorales que le dio a esa Cámara el bipartidismo.
Las investigaciones policiales y judiciales precisan aportar una seguridad aplastante de su limpieza. Y habría que resolver el mecanismo por el que el Poder Judicial deja pasar lo que la sociedad percibe como muy arbitrario. Dado que, de ella, “del pueblo” textualmente, emana la justicia, según el Articulo117 de la Constitución. Concreta que la justicia se administra en nombre del Rey por jueces y magistrados independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley. Habría que explicar al menos lo que no parece ajustarse a esa descripción. Lo del juez Peinado con Begoña Gómez, por ejemplo, lo ocurrido con el hermano del presidente Sánchez o con el fiscal general García Ortiz. Lo no ocurrido con Rajoy y Cospedal o con el novio de Ayuso todavía en largos trámites, también.
Insufrible la profusión de insultos y bulos descomunales que se han enseñoreado de la oposición política… y mediática. Eso ha de tener un final. Porque los grandes asuntos que realmente precisan las personas de cada país se ven lastrados por estas sucias maniobras.
La justicia, los medios, la propaganda camuflada son precisamente las vías por las que se infiltran las potencias beligerantes en distintos terrenos para ganar poder bajo mano. Lo sabemos de Marruecos, Israel, la ultraderecha mundial o los Estados Unidos trumpistas. Sin dejar muy lejos las influencias de Rusia y China. Demasiado complejo y grave para aplazar decisiones,
Cada paso atrás por inacción lo gana la nueva barbarie. Asombra que la sociedad estadounidense mantenga en la Casa Blanca a un tipo que destruye su sanidad pública, les roba y roba a otros países y encima se mofa y presume de ello: “Estamos tomando mucho petróleo de Venezuela -- miles de millones y miles de millones de barriles de petróleo. Al vencedor le pertenecen los despojos.” ha dicho Trump ante el silencio de las derechas españolas, los venezolanos alojados en España y tantos otros. Keine Antwort ist auch eine Antwort, afirma, con razón, un proverbio alemán. No contestar también es una respuesta.
Trump acaba de firmar con 18 países latinoamericanos una alianza para poder intervenir militarmente en ellos bajo el supuesto de luchar contra los carteles de la droga. Son, “casualmente”, los que ya tienen presidentes títeres colocados o/y apoyados por Estados Unidos: Argentina, Bahamas, Belize, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago. Para que más droga que ésta sustentando un contubernio que pone en peligro a sus sociedades.
Y es que a veces lo que se anestesia es la moral, la decencia. Por afinidad, sobre todo. Muy activo estos días, Trump también va a por España, con la que parece una cómplice traición de las derechas locales. El presidente estadounidense se ha permitido este viernes insultar de nuevo al gobierno de Pedro Sánchez y culparle de la irrupción en masa de marroquíes en Ceuta, diciendo que “no defiende a su pueblo”. Desde Ayuso o su valido en el Ayusato, a destacados “periodistas” de la bulosfera se han volcado en elogios al tuit del Departamento de Estado trumpista, con reacciones orgásmicas a su nueva agresión al gobierno legítimo de España.
Trump es la pieza que sustenta las fichas de ese dominó mundial farsante y ultra. Esperemos que en noviembre haya unas elecciones limpias. Soñemos, con más precisión de probabilidad, porque poco nos competen desde aquí las soluciones. Esa primera respuesta de nuestro gobierno a la Italia de Meloni dándole un ultimátum para que retire los controles a los viajeros desde España o se encontrará con una acción recíproca, es un paso en la buena dirección. Todos los temas cruciales la precisan y con urgencia. Meloni ha respondido que nones: Italia rechaza el ultimátum del Gobierno y mantiene controles hasta el 15 de agosto: “No aceptamos imposiciones” Nosotros tampoco, ¿verdad? Y así ha sido. España introduce también controles fronterizos a los viajeros procedentes de Italia, desde las 00,00 del sábado 8 de agosto y hasta el 7 de septiembre. Así debe operar el gobierno de España con todos los frentes que se le oponen, exteriores e interiores.
El presidente estadounidense es un potente germen que precipita la involución: ‘Una familia, un voto’, está siendo el enésimo debate reaccionario para quitar el voto a las mujeres. En Estados Unidos… first. Veremos qué quedaría de los derechos de las mujeres con los gobiernos PP y Vox, según se está viendo ya.
O de los Derechos Humanos. Escuché a un médico contar cómo murieron los marroquíes en el Tarajal, en Ceuta. La mayoría nadó hacia la meta hasta quedar exhaustos, hasta entrar en parada cardiorrespiratoria irreversible. Personas plenas de valentía nadaron hacia el destino soñado y era tan duro el trayecto que flaquearon las fuerzas en la tarea al punto de no poder más. Es una imagen sobrecogedora que lleva a maldecir a los culpables reales de esta tragedia. Que lleva a vivir despierto, lúcido, y tomar todas las decisiones de entidad que son imprescindibles.
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