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Aumento de la presión y falta de experiencia en el control ferroviario
Despliegues policiales, detenidos y comercios blindados ante Blocus
Opinión - 'España, lo mejor y lo peor del mundo', por Rosa María Artal

España, lo mejor y lo peor del mundo

Imagen de la colisión entre el AVE y el Iryo en Urda, Toledo.
30 de octubre de 2026 22:17 h

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Tenemos claro -algunos- que los accidentes son consustanciales al fluir de todo cuanto se mueve. Y que dos en un año en los ferrocarriles de Alta Velocidad españoles es, aun así, algo fuera de lo común e inadmisible. Tras los intensivos “estudios mediáticos” de cada pieza que hace posible el funcionamiento de los trenes, sabemos que, además, suelen concurrir en España factores derivados de los vicios de su organización. Algunos ancestrales. En otros países también, pero hay algo en lo que sí somos diferentes: en contener en la misma sociedad prácticamente lo mejor y lo peor de la especie humana.

Falta de personal, falta de medios, sobrecarga de trabajo... ¿Cuándo no los habrá, en mayor o menor medida, en este sistema que prima el lucro? ¿Cuándo no servirán de acusación o de excusa? Sin embargo algunos datos sí han influido en los cambios operados en la red. Sin duda, la división de Renfe que practicó el Gobierno de Mariano Rajoy en 2013, con bastante contestación de los trabajadores que no fueron escuchados. Dividió la empresa en cuatro sociedades distintas para facilitar la entrada de capital privado, y abrir la puerta a la liberalización del transporte de viajeros. Además, desplomó la inversión pública en un 70% sobre el periodo anterior.

Los Gobiernos de Sánchez han vuelto a incrementar la dotación presupuestaria, aunque no suficiente para cubrir lo perdido, según algunas fuentes. El ministro Óscar Puente ha aportado, en cambio, como dato sobre la plantilla de controladores en concreto, que ha pasado en los últimos años de 1.008 en 2016 a 1.762 en la actualidad y que en Atocha la mañana fatídica del miércoles había 16 controladores.

Este gobierno fue el que abrió la Alta Velocidad a empresas privadas extranjeras -la del Iryo es italiana- que basan su negocio en los precios baratos. La Comisión Nacional del Mercado de Valores obligó a bajar los cánones que pagan en España estos operadores argumentando que eran los terceros más altos de la UE, solo por detrás de Francia y Reino Unido. Y los dejó en 6,74 €/tren/km, un 40% menos de lo que les cobraban. Son factores a tener en cuenta y a valorar como signos del ultraliberalismo hegemónico.

Pensemos, por un momento, cuál sería el funcionamiento de todo esto sin tantas diatribas. Pero la vida humana es tan única y preciada que una sola pérdida desgarra a sus allegados por descontado y, cuando es producto de un accidente de grandes dimensiones, a prácticamente toda la sociedad. El diagnóstico aún empeora más cuando constatamos que en esta España rige la ley del embudo. Y que las víctimas son sistemáticamente usadas por la derecha como munición si son otros quienes gobiernan. Es la más sutil que pueda existir porque la muerte de los seres queridos es una ausencia que no caduca jamás.

De nuevo una tragedia que se lleva un abultado número de vidas coincide con un proceso electoral. Se habla estos días del 11M. Los gritos que asolan medios y redes buscan no sé qué paralelismo con el choque de trenes en Toledo esta semana. No lo tiene en absoluto. Y resulta que, por casualidad, me he visto imbuida de nuevo en aquello. Estuve con la Asociación 11M de afectados del terrorismo la semana pasada. Han transcurrido ya 22 años y sigue indeleble el dolor por la ausencia de los seres queridos que perdieron aquel aciago día, pero también por la cruel mentira de Estado que perpetró el gobierno del PP, y los que ya eran medios manipuladores a su servicio para no perder las elecciones del 14 de marzo de 2004, fijadas para 4 días después. No es lo mismo, no.

A lo largo de una larga trayectoria periodística, de pisar la calle, oír, ver, hilvanar, contextualizar e informar, he visto de tal manera el dolor por “la muerte que no toca” en las familias afectadas que es como si lo reviviera cada vez, con dolor. No olvido el desgarro y la rabia con las que un padre empujó el féretro de su hijo muerto en el Yak-42. Fue en Valencia, donde no mucho tiempo después, un maquinista nos contó a Informe Semanal de TVE el mecanismo del que carecía el metro siniestrado en el que murieron 43 personas, sin que la valiosa información sirviera para otra cosa que para sancionar a ese conductor que nos lo había mostrado en imagen. He sido testigo hasta del dolor profundo que rompe, cada aniversario, a hombres curtidos al máximo en la defensa de los demás por el asesinato en emboscada, absolutamente evitable, de sus compañeros del CNI en Latifiya al sur de Irak.

Sería prolija la lista, Lo trágico es que tiene un denominador común: cada vez que el responsable de diversas tragedias es el Partido Popular las saldan mintiendo e insultando en muchos casos a las víctimas que reclaman. Ocurrió con Pilar Manjón, la madre coraje del 11M, “aquella puta por la que perdió el PP las elecciones de 2004”, según dijo textualmente el ministro Álvarez Cascos. Está muy rota, me dicen. Terrible cómo la trataron. Siempre practica el PP idéntico modus operandi, Si nos venimos al ahora mismo, veremos cómo el clan político/mediático ha masacrado a Maricarmen, la anciana que tanto se resistió a ser desahuciada de su casa de toda la vida. ¿Quién se acuerda ya de Maricarmen, verdad? La trepidante actualidad ya ha pasado página, hasta de la vivienda inasequible. Las plazas reivindicativas son sustituidas por los vándalos que van a saquear comercios, sin duda dirigidos a ese fin desestabilizador que busca réditos concretos que no es difícil deducir.

No nos faltaba más que este terrible accidente de los trenes en Urda, Toledo. Y todo servido para desmenuzar, especular, y si es posible anotarse algún tanto contra natura. La actitud carroñera de la derecha española, que ya se venía viendo desde antes del accidente, se ha exacerbado al máximo.

Qué desfachatez oír al candidato Feijóo como si no tuviera pasado exigir investigación y dimisiones por el accidente de los trenes de Toledo —que habrán de verse por supuesto— cuando él se negó a lo mismo cuatro veces en el de Angrois siendo presidente del PP gallego y de la Xunta de Galicia. Quién se acuerda ya de la entonces ministra de fomento Ana Pastor que no compareció para nada, ascendida a continuación a la presidencia del Congreso, tercera autoridad del Estado. Es hasta el momento el accidente más grave del ferrocarril en España: 80 muertos y 144 heridos. Con una curva fatídica sobradamente demostrada como muy peligrosa, por aparecer tras una larga recta. Se hizo así “para ahorrar en indemnizaciones”. El maquinista se despistó y no redujo la marcha como solía hacer porque recibió una llamada telefónica del interventor desde el mismo tren para decirle a qué vía llegaban en Santiago. No disponía el tren de un sistema de frenado alternativo automático. El maquinista, José Garzón -detenido inicialmente por la policía sin orden judicial-, fue condenado por el “homicidio” de todas las víctimas, el único supuesto autor. Allí sí se consideró error humano, pese a no ser el autor del trazado que parecía más decisivo en el caso o de los sistemas de seguridad del tren. Feijóo también respaldó con vehemencia al president Mazón, ausente en la Dana, por pasar la tarde con una periodista en El Ventorro. Y no ha osado ni toser a Ayuso y sus 7.291 ancianos muertos sin asistencia médica en las residencias a su cargo. Y ni siquiera es todo.

¿Cómo se atreven -se preguntan muchos- cuando tienen en su haber una larga y luctuosa lista de catástrofes? Pueden con eso y más. Está claro, y cada elemento, o elementa, que asciende a la cúspide se emplea más a fondo en la tarea. Véase el caso de Cayetana Álvarez de Toledo. No cabe en sí de gozo insultando.

Y ya no sirve ni el clásico “y tú más” porque fieles irreductibles creen lo que quieren creer y siempre tendrán un medio que les reafirme y, por ejemplo, llame “masacre” a un accidente por muy lamentable que sea. “El hijo de puta quiere una guerra civil” oigo en una clínica privada a una empleada con bata blanca. Y el hijo de puta que quiere esa guerra -¿esa guerra?., no es, para ella, el heredero de aquellos otros que perpetraron la anterior. Y así por todas partes, todos los días. Que exitoso ha sido el trabajo de nazificación.

Dicho todo esto queda la otra parte. España contiene también una ciudadanía que es posiblemente de las mejores del mundo. Siempre se vuelcan en ayudar lo primero. Siempre. En donar sangre, poner una cazadora sobre los hombros ateridos, llevar comida y agua… todo. Abrazar. Hay quien abraza en las crisis profundas y funciona. Siempre, lo hemos visto una y otra vez. En el 11M, sin duda; en la pandemia, también, mientras los “cayetanos” insultaban sin tino. Ahora en Toledo, como ocurrió también en Adamuz, Córdoba. Funcionan las personas y las instituciones y los servicios públicos del Estado.

En el 11M fue espectacular. Esta ciudadanía española fue alabada en todo el mundo, porque todo el mundo nos miraba, impresionados por la valentía, la sensatez y el coraje que aquí se demostraba. Siendo, como fuimos, el corazón del mundo durante aquellos días, los medios censuraron también la brutal y codiciosa mentira de Estado de Aznar y Rajoy, presidentes del partido que pretende dar lecciones y aspira a alcanzar la Moncloa por cualquier medio. La más dañina manipulación mediática era un fenómeno incipiente. Y buena parte de los ciudadanos no se dejaron engañar. Aún les duele en el PP. Eran otros tiempos, Un millón de personas salieron a la calle a preguntar y exigir responsabilidades. También es hoy otra la ciudadanía, pero seguro que aquellos también están. Deberían sentirse concernidos.  

Feijóo ha destacado precisamente esa España que ha visto estos días: “la de los voluntarios, los servicios de emergencia y todas las personas que se volcaron en ayudar”, dice. El problema es que él no forma en absoluto parte de esa España. Si no todo lo contrario: la suya es la de las zancadillas y la tijera que emplearía para diezmar esos servicios que hoy le admiran. Con su derecha-ultraderecha se haría hegemónica la España de la trampa, la amenaza y el chantaje por informar, como le ha ocurrido ya al director de elDiario.es, Ignacio Escolar, a cargo de uno de los suyos que se comporta como un capo henchido de impunidad. Esta derecha es lo peor de España. Sería una tragedia volver a caer en ella.

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