Feijóo se hace un niksen

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo

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Hay encuestas y encuestas. Cada domingo, cada lunes, cada viernes… Que no falte la ración semanal de la demoscopia. La mayoría de ellas ya ha consolidado la tendencia al alza del PP, que crece a costa de la muerte de Ciudadanos y un ligero retroceso de Vox. El PSOE no se hunde, pero se estanca y, hoy, no sumaría una mayoría que le permitiese seguir en el Gobierno con sus actuales socios. Hay otras que dicen que Feijóo ya se ha salido de la tabla, que en apenas mes y medio ha sumado más de una treintena de diputados sin hacer nada y que no necesitaría siquiera a la ultraderecha para llegar a La Moncloa.

Hacer nada es el arte de darle a la pausa, lo que los neerlandeses llaman niksen y practican para abstraerse de los problemas. No es cuestión de holgazanería, sino de mantener la buena salud, tomarse un respiro, apartarse de la vorágine diaria y disfrutar a tope del ocio. Feijóo es el más digno de los sucesores que pueda tener Rajoy. Su misma filosofía, su misma manera de pasar por la política. ¿Recuerdan? “A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión y eso es también una decisión”, afirmó allá por 2013. 

Sin hacer, sin decir y sin exponerse, el líder del PP ha conseguido que salten las alarmas de La Moncloa, tras lograr el liderato en los sondeos. Año y medio hasta las elecciones igual es demasiado para mantenerse en pausa. Pero no tener escaño en el Congreso, lejos de ser una rémora, puede ayudarle a mantenerse inmaculado, a no pisar más charcos de los necesarios y, sobre todo, a no medirse nunca con Pedro Sánchez hasta que llegue el momento de los debates electorales, si es que los hubiera.

El mes pasado, en solo tres días, el presidente del PP confundió la prima de riesgo con el tipo de interés, dio un dato equivocado de afiliados a la Seguridad Social y puso en duda, la misma tarde que se había aprobado por la Comisión Europea, que Bruselas fuese a autorizar la excepción ibérica para topar el precio del gas.

Este fin de semana ha concedido una entrevista a los colegas del Correo que poco ha trascendido, a tenor de lo que dice, trolas incluidas. La primera, que fue Mariano Rajoy quien cerró durante su mandato la cumbre de la OTAN en Madrid. Lo cierto es que fue Sánchez en una carta dirigida al secretario general de la alianza fechada el 30 de diciembre de 2020 quien propuso celebrar una cumbre de jefes de estado y de gobierno en la capital de España para conmemorar el 40 aniversario de la adhesión de nuestro país a la organización atlántica. Ni en La Moncloa ni en la representación permanente de España en la OTAN consta ninguna comunicación anterior que ofreciera Madrid como sede de la cumbre. Pero el fake del presidente del PP, que ya lo había difundido días antes, lo han cacareado sus altavoces mediáticos durante días.

“El PP siempre ha sido un partido de Estado, y ahora más que nunca”, defiende también sin sonrojarse lo más mínimo después de que su partido haya bloqueado durante tres años la renovación del Poder Judicial y él no haya roto con esa dinámica antidemocrática.

“La posición del PP -añade- no es salvar al Gobierno, sino salvar a España y a los españoles”. La frase recuerda a aquella otra de Montoro de “que caiga España, que ya la levantaremos nosotros”. En la memoria reciente, está cómo la levantaron: con recortes en sanidad, educación, dependencia y con una lluvia de millones para las entidades financieras que aún hoy seguimos pagando. “Salvar a los españoles” también es aprobar un cheque de 200 euros para los trabajadores con menos renta, rebajar en un 80% los impuestos a la electricidad, otorgar ayudas directas a agricultores, ganaderos y transportistas, subvencionar el litro de gasolina, aumentar un 15% el IMV, subir el SMI, topar los alquileres, proteger el trabajo con los ERTE y destinar en definitiva 15.000 millones de euros para intentar contener la subida de los precios. Son medidas todas insuficientes, seguro, pero ninguna prescindible y, sin embargo, el PP ha votado en contra de todas ellas en el primer decreto de medidas contra la guerra. Feijóo no desvela si apoyará o no el segundo, que tendrá que convalidarse este mes en el Congreso. 

Más allá de pedir una rebaja de impuestos en la misma proporción que han crecido los ingresos del Estado y que desaconseja el BCE y la Comisión Europea, no dice el líder del PP cuál es su receta para contener el alza de los precios. Bueno, sí, que se reduzcan ministerios, como si eso fuera a ayudar a que los españoles paguemos con holgura la cada día más inaccesible cesta de la compra. 

No responde por supuesto tampoco a si está a favor o en contra de actualizar las pensiones con el IPC, en línea con lo comprometido por el Gobierno. Ni si apoyaría un pacto de rentas que incluya una subida de los pírricos salarios de los españoles en comparación con la media europea. Mucho menos se pronuncia sobre si reconocerá, en el caso de que llegue a la Presidencia del Gobierno, la nueva posición de España en el Sáhara que tanto ha censurado, y con razón, a Sánchez.

Pues eso: Ni una mala palabra ni una buena propuesta, sino la mayor expresión de no mojarse, no exponerse y hacerse un niksen, a la espera de que la situación económica se lleve por delante al actual Gobierno. Eso sí, lo llaman salvar a España, sentido de Estado y patriotismo.

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