Nubarrones en la eurozona

Pese a sus anodinas declaraciones, la reunión de ayer día 8 de octubre del Eurogrupo ha supuesto un importante giro en los acontecimientos que, desde el verano, soplaban favorables para los intereses españoles. La falta de decisión del Gobierno de España, y la totalmente irresponsable actitud del Gobierno alemán de querer dar marcha atrás a los acuerdos del Consejo Europeo del 29 de junio, sitúan a España, y por tanto, a la eurozona, de nuevo camino del precipicio.

El 29 de junio, el Consejo Europeo acordó iniciar la puesta en marcha de un sistema de supervisión bancaria de alcance europeo, que incluyera un mecanismo de rescate para las instituciones financieras europeas sin pasar por los presupuestos nacionales. Esta decisión tenía un carácter vital para los intereses españoles, en la medida en que podría evitar que los 100.000 millones de euros solicitados como rescate bancario pasaran a engrosar la deuda pública Española.

El 6 de septiembre, Mario Draghi presentaba al público el nuevo programa denominado Outright Monetary Transactions, (OMT) un programa de compra ilimitada de deuda pública con vencimiento a corto plazo, destinado a rebajar sustancialmente el coste de financiación de los países con problemas de acceso a los mercados -como España- que tuvo como consecuencia la bajada inmediata de la prima de riesgo y un breve respiro para la economía Española.

Poco duró la alegría en casa del pobre, y desde esa fecha las malas noticias no han hecho sino multiplicarse.

En primer lugar, los Gobiernos de Alemania, Holanda y Finlandia se retractaron de su intención de establecer el mecanismo de rescate europeo bancario con carácter retroactivo, de manera que el coste de mantener los activos inmobiliarios en el próximamente creado banco malo no serían asumidos a escala europea, sino que deberían ser asumidos en su totalidad por los Estados miembros, en este caso, por España.

En segundo lugar, el Bundesbank reaccionó muy negativamente ante la puesta en marcha del programa de compra de deuda del Banco Central Europeo, señalando que se saltaba su mandato e incluso los tratados, haciendo una interpretación extremadamente rígida de la cláusula de no bailout, por la cual el Banco Central Europeo no podría comprar deuda de los Estados miembro bajo ningún concepto.

Estas noticias llegan al mismo tiempo que se bloquean las negociaciones del próximo presupuesto comunitario -correspondiente al periodo 2014-2020- y que debería ser el presupuesto impulsor del crecimiento a través de los fondos estructurales y de cohesión, en la lógica de la estrategia 2020 y del programa de crecimiento aprobado también en la cumbre del 29 de Junio.

Por su parte, la troika y Grecia continuaban unas dificilísimas negociaciones para sacar adelante el programa de rescate, exigiendo a Atenas unas condiciones leoninas de recorte de gasto público y eliminación de derechos sociales y laborales.

Mientras tanto, el Gobierno de España coquetea con la posibilidad de no presentar la solicitud del rescate, con la idea de que la bajada de la prima de riesgo –debida sin duda a la proximidad del mismo- era suficiente para mantener un cierto equilibrio en las cuentas públicas. Las citas electorales del País Vasco y, sobre todo Galicia, están también en la agenda política del Gobierno, que intenta manejar los tiempos para evitar más desgaste electoral del estrictamente inevitable, como ya intentó hacer en marzo ante las elecciones andaluzas. De manera simultánea, ha presentado unos presupuestos cuyo cuadro macroeconómico es extraordinariamente optimista y del cual existen serias dudas sobre su viabilidad.

Con todos estos elementos confluyendo, se puso ayer en marcha el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que viene a sustituir al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Sin embargo, su día de puesta en marcha no ha supuesto un alivio para la eurozona, sino más bien al contrario: la falta de liderazgo, la primacía de los intereses electorales -españoles pero también alemanes- y las constantes rectificaciones sobre los acuerdos anteriormente tomados han llevado a la eurozona a una situación de gran incertidumbre.

Por su parte, Alemania ha descubierto que España puede solicitar el rescate financiero sin usarlo, simplemente para activar el programa de compras del BCE. Esta opción, ya barajada por algunos especialistas, sería lo más parecido a un "rescate blando", en el que España entra en un programa de ajuste macroeconómico muy similar al que ya tiene en marcha a través del Procedimiento de Déficit Excesivo de la Comisión Europea, no solicita -o solicita muy limitadamente- la intervención del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), pero sí solicita la puesta en marcha del OMT. Esta opción, muy ventajosa para España, permitiría reducir sustancialmente el coste de financiación de la deuda pública española -que pasaría a situarse en un rango de entre 200 y 300 puntos básicos de prima- al mismo tiempo que evitaría el coste político de un rescate completo.

Para los países del norte, esta opción es una puerta de atrás para evitar el rescate, utilizando además un mecanismo muy ampliamente criticado como es el OMT. Pese a que Draghi ha expresado en numerosas ocasiones que el OMT estará sujeto a "estricta condicionalidad", su uso levanta todo el rechazo de Alemania, Finlandia y Holanda.

Por parte de España, es notorio que ya ha habido conversaciones sobre la fórmula del rescate y que se están evaluando las opciones necesarias para ponerlo en marcha. Aunque el Gobierno insiste en que no será necesaria más condicionalidad de la ya establecida en el programa de estabilidad y en el programa nacional de reformas -ahora recocinados como Estrategia Española de Política Económica-, es evidente que en Bruselas preocupa la situación del sistema de pensiones, así como la supuesta rigidez del mercado laboral. Con una alta probabilidad, estos dos son dos de los aspectos que serán motivo de nuevos recortes y ajustes. El informe de la OCDE sobre España, a punto de ver la luz, sin duda va a insistir en ambas reformas.

Si Mariano Rajoy no solicita ya el rescate es debido a que estos aspectos no están resueltos, y, mientras no lo estén, se corre el riesgo de que Alemania no lo apruebe, con los terribles efectos que esto tendría para España -que se vería abocada, tarde o temprano, a realizar una reestructuración de su deuda- y para el conjunto de la eurozona.

Lejos queda el impulso generado en primavera y verano para lograr un nuevo marco para la Eurozona. En su lugar, aparece un otoño cargado de nubarrones para la Eurozona, y, de paso, para todo el proyecto europeo, que hace aguas ante la impasividad, irracionalidad, falta de generosidad, miopía y cortoplacismo de lo que sin duda es la congregación de la peor caterva de líderes europeos desde el período de entreguerras.

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Publicado el
9 de octubre de 2012 - 21:57 h

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