Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El viaje de la prueba clave contra Zapatero: de EEUU a la Audiencia Nacional
¿Cuánto brilla tu pueblo de noche? El mapa de la contaminación lumínica
Opinión - La profecía de Thiel, por Enric González

Predica, que algo queda

El papa León XIV visita el centro de migrantes Las Raíces.
13 de junio de 2026 22:13 h

1

Un emigrante que dejó su tierra para vivir durante años en Perú o España y ahora reside en un tercer país diferente al suyo, llegó a Madrid como líder religioso de la Iglesia Católica cuya doctrina está en nuestros orígenes culturales e históricos. Robert Prevost desarrolló un programa y un discurso, durante esta semana en España, de profundo contenido político y social con el foco inequívoco puesto en la inmigración. Es evidente que escogió sus mensajes con una clara intención de intervenir en los debates de la actualidad más candente sin importarle que pudieran incomodar a su parroquia de la derecha más extrema. 

El Papa evitó la autocrítica por los pecados de la Iglesia Católica y, simplemente, la dejó aparcada al borde del camino o la sobrevoló con generalidades. Como no podía ser de otra manera, cumplió con el trámite de censurar posiciones morales ya sabidas en contra de los derechos al aborto y la eutanasia, y entró como caballo en cacharrería con lo que de verdad quería dejarnos en herencia: su testimonio de confrontación abierta con la ola de ultraderecha que recorre el mundo y un alegato a favor de la obligada compasión con los emigrantes, una defensa a ultranza de la paz y un reproche de la polarización en el diálogo político.

León XIV empapó sus alocuciones de un humanismo articulado en la doctrina social católica que entra claramente en contradicción con la corriente negacionista, neoliberal y belicista que recorre el mundo a lomos de la ultraderecha. Sus discursos y su testimonio -al visitar una cárcel, el muelle a donde llegan las pateras de emigrantes en Gran Canaria o su dedicación a medio millar de personas supervivientes del paso del estrecho- sonaron a rebeldía ante el actual estado de cosas porque el líder espiritual de los cristianos descendió del trono de Pedro para hablar de las cosas del comer, de la vida diaria de las personas más vulnerables y la recuperación del amor y la compasión frente al egoísmo por la “crisis espiritual” que denunció. En tiempos del “América First” - traducido al español por las derechas como “prioridad nacional”- proclamó, alto y claro, el derecho inalienable de toda persona a no ser discriminada “sea cual sea su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico”. De discriminación por razón de sexo no habló y tampoco explicó por qué motivo las mujeres solo tienen acceso a labores subalternas en la institución que lidera y les está vetado el sacerdocio, reservado sólo a los varones.

Estaba claro que lo que más le interesaba era hablar de inmigración. Y no se dejó nada en el tintero, muy consciente de que sus palabras contravenían la política antiinmigración de la que ha hecho bandera la ultraderecha y que está contagiando a la propia Unión Europea. En su opinión, el fenómeno migratorio exige una respuesta que mire a las personas inmigrantes para que reciban una acogida respetuosa y se les ofrezcan posibilidades reales de integración. Fue éste un golpe en la línea de flotación de los grupos políticos que se opusieron a la normativa gubernamental de regularización administrativa extraordinaria de extranjeros. Cuando la UE busca recursos extraterritoriales para apartar a los emigrantes de su territorio y en España Vox pide la deportación de los niños y adolescentes, el Papa llama a los gobiernos e instituciones a esforzarse en el “rescate y la asistencia a las víctimas” de las mafias del tráfico de personas, especialmente, en el Mediterráneo. Su reunión con medio millar de inmigrantes sobrevivientes en Tenerife, así como los encuentros con organizaciones humanitarias que actúan en la acogida, no pudo ser más elocuente y coherente con sus palabras.

Al escuchar estas palabras, recordé al navío Open Arms y a sus corajudas tripulaciones que tantas vidas de inmigrantes náufragos han salvado (se estima que 73.000) y siguen salvando a pesar de la reacción de muchos países que les hacen cada vez más difícil su heroica misión. Es realmente escandaloso que el gobierno de Meloni mantenga el procedimiento judicial contra la ONG “Proactiva” a la que acusa de colaborar con las mafias del Mediterráneo y mantiene bloqueados los puertos italianos a su buque de salvamento. Y ahora resulta que León XIV viene a bendecir “el rescate y la asistencia a las víctimas”, como defiende Óscar Camps, el fundador de la ONG, al que se le oye decir frecuentemente: “Somos socorristas. Salvamos vidas en el mar”, lo que, por otra parte, es un imperativo legal. “Vosotros haríais lo mismo si estuvierais en el Mediterráneo viendo ahogarse a otros seres humanos. Cualquiera los salvaría, hasta los que dicen estar en contra de la inmigración”, dijo Camps con mucha razón, en un reciente acto de presentación de esa joya de la solidaridad hecho libro que ha editado Blumen, “Open Arms. Una misión a contracorriente”.

A Robert Prevost parece no impresionarle ir a contracorriente y defender principios más cercanos a la socialdemocracia que a las posiciones de la ultraderecha y que, a veces, mantiene la derecha tradicional, ahora radicalizada y preocupada por un posible sorpaso electoral de las fuerzas populistas. Tras haberle llevado la contraria a Donald Trump, su discurso en el Parlamento español debió parecerle un paseo militar, a juzgar por el prolongado y desaforado aplauso que le regalaron sus señorías que celebraron su intervención con pasión, salvo contadas excepciones. Y eso que les echó una reprimenda - hubo para todos los grupos- por su polarización y falta de respeto con el que se tratan habitualmente en las Cámaras los padres y madres de la patria, a los que pidió que cuiden las palabras y no se desprecien o humillen en los debates políticos.

A pesar del profundo calado político de su intervención, León XIV advirtió que hablaba en la sede de la soberanía popular en su condición de obispo de Roma, pastor de la Iglesia Católica y sucesor de Pedro para disipar dudas sobre su autoridad moral. Sin embargo, sus admoniciones tuvieron escaso éxito en las gentes que ejercen la política pues, en apenas 24 horas, los señores y señoras diputadas se enfrentaron con su acostumbrada violencia verbal en la sesión de control al Gobierno, se echaron los trastos a la cabeza y volvieron por donde solían. Como ya es habitual, se dedicaron palabras ofensivas y lindezas tales como llamar a los adversarios criminales, matones, asesinos, calumniadores o difamadores, entre otras cosas. Como si el Papa hubiera predicado en el desierto.

 Sin embargo, por su autoridad sobre una buena parte de hombres y mujeres que viven en España y comparten las creencias de la Iglesia Católica, el mensaje de León XIV tendrá, sin duda, un impacto en la sociedad española de consecuencias que veremos en el futuro. Como sabemos padres y madres con la letanía educativa que aplicamos a nuestra prole, insistir en los discursos nunca sobra porque seguro que permanecerán en sus recuerdos. “Predica, que algo queda”, es el mensaje que me dejaron mis mayores a la hora de educar.

Los jóvenes, las familias, miembros de la jerarquía, religiosos y religiosas tienen mucha materia sobre la que reflexionar para aclararse si los partidos a los que votan les dicen lo contrario de lo que defiende el Papa. Quién sabe si esta esquizofrenia también ayuda al PP y a otras fuerzas de la democracia cristiana europea a encontrar en el relato moral de su líder espiritual una luz que les ilumine en el despiste que tienen ante la necesidad de elegir entre el seguidismo o la confrontación con la extrema derecha.

 A cristianos votantes de la izquierda les será más fácil apreciar la coherencia del mensaje de Prevost en contra de la guerra, a favor de la multipolaridad en las relaciones internacionales, la regularización y el cuidado de los inmigrantes, el cambio climático, la memoria histórica, etc. En cuanto a la crítica al aborto y la eutanasia, por tratarse de recursos voluntarios, a nadie se le obliga a solicitar su aplicación y no lo harán los creyentes progresistas.

Mucho se tendrán que esforzar los manipuladores de la extrema derecha con sus “bots” y bulos para deshacer el baño de humanismo cristiano con el que inundó las conciencias este hombre en apenas cinco días. De momento, algunos “haters” franquistas le han criticado en una red social por elegir una visita al muelle de los inmigrantes en Canarias en lugar de ir al Valle de los Caídos a reclamar el regreso del cuerpo del dictador. Menos mal que este Papa ya se ha adelantado a decir que “la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. En caso de duda, es recomendable aplicar la enseñanza del gran Gaudí: “Primer l’amor, després la técnica”.

Etiquetas
stats