La Marca España es solidaridad internacional
Sonaban las sirenas de policía y ambulancias frente al hospital Gómez Ulla de Madrid. De un autobús bajaron 14 personas con protección procedente del aeropuerto militar de Torrejón, trasladadas directamente del muelle de Granadilla en Tenerife, tras desembarcar del crucero de lujo contagiado del hantavirus de los Andes desde su salida de Argentina. La televisión pública retransmitía en directo el momento de la llegada del pasaje español para ser recluido y controlado en un confinamiento obligado. Mientras el reportero hacía alarde del éxito de la gestión de la crisis, preservando la salud de la casi una veintena de españoles que viajaban en el barco infectado, un grupo de espontáneos que se había apostado frente al imponente centro hospitalario prorrumpieron en aplausos. Me emocionó el espíritu cívico de aquellas personas que celebraban la llegada a salvo del grupo español y entendí que jaleaban también a todo el operativo que lo hizo posible repatriando a nacionales de otros 22 países.
Aquellos aplausos me recordaron a los de las ocho de la tarde en la pandemia de COVID y me sentí orgullosa de formar parte de un pueblo así, tan sincero, impulsivo, solidario y colaborativo. Al mismo tiempo, me crecía la indignación por el miserable comportamiento del presidente canario, que seguía haciendo el ridículo y avergonzándonos con sus mezquindades. Su teatro y obstruccionismo fue indigno de un dirigente político que forma parte del mismo Estado al que tildaba de colonialista con la mayor desvergüenza. Habría que ver a este señor si entre el pasaje estuviera alguien de su familia. También me entristeció ver la primera reacción del PP que mandó a sus máximos dirigentes a pedir la dimisión de la ministra antes de que hiciera nada, presuponiendo la incapacidad de una médica con experiencia -directiva de la OMS- para entender de una crisis sanitaria. Estaba en juego la credibilidad de este país para afrontar la situación y el primer partido de la oposición -que volverá a gobernar en cualquier momento- estaba tirando por tierra nuestras capacidades para gestionar una emergencia de implicación internacional. Para seguir creyendo en la política, pensé que el silencio final del PP demostraba su respeto por el gran ejemplo que ha dado el pueblo y las instituciones en esta situación.
Por mucho que el presidente del Gobierno y sus ministros hayan liderado y protagonizado -como era su obligación- la gestión de esta crisis, el mérito no les corresponde en exclusiva a ellos sino a la Marca España; ese valor intangible que construimos entre todos y todas, las personas, empresas e instituciones españolas, por nuestra forma de ser, de vivir y capacidad de afrontar las dificultades. Es la sociedad en su conjunto la que ha inspirado a las autoridades y ha demostrado que es puntera en sanidad, ciencia, orden público, gestión, capacidades logísticas, etc. La percepción internacional de España como un país moderno, científicamente avanzado y bien preparado y, por lo tanto, confiable se ha visto reforzada por el ejemplo que hemos dado por nuestro comportamiento como sociedad en esta crisis sanitaria inesperada.
En plena pandemia de COVID19, en el año 2020, el filósofo Daniel Innerarity se lamentaba del desconcierto y afirmaba que “no estamos suficientemente preparados para gestionar un problema tan complejo”. Esta evidencia nos permitió aprender y fue banco de pruebas para preparar instrumentos de gobernanza diseñados específicamente para gestionar epidemias e incluso pandemias. El filósofo reclamaba una urgente actualización de todos los países para hacer frente a realidades desconocidas pero globales, propias del mundo interconectado actual. Se trataba de crear mecanismos “que exigen mayor integración política de la humanidad” -decía en su libro “Pandemocracia”- así como el desarrollo de “una inteligencia colaborativa” en el planeta. Creo que ambos conceptos adelantados por Innerarity han estado presentes estos días en el comportamiento de España en el ámbito internacional.
La experiencia nos demuestra que, en estos tiempos, la imagen internacional de un país no es el resultado únicamente de su PIB, el volumen de su población, el gasto en publicidad o el color político de sus gobernantes, el desparpajo de su presidente y ni siquiera de que la gestión de su Gobierno obtenga buenos resultados. Para que toda acción de promoción de la marca país llegue a generar una confianza internacional estable habrá de estar respaldada por la realidad social, coherente con los valores que pretende representar. Es necesario transmitir un estilo de vida y una forma de ser que completen los datos y configuren un conjunto de “cualidades percibidas” para proyectar una imagen de país “confiable”, moderno y solvente que resulte atractivo en el exterior.
Los tratados de Diplomacia Pública, que incluye una gestión consciente y estratégica de la marca país, coinciden en señalar que el tiempo del “estado nación” ha terminado y los países deben ahora ganar autoridad mundial a través de sus relaciones dentro de una sociedad internacional interconectada en la que juega un papel decisivo la opinión pública internacional. Aunque algunos quieran revertir los efectos de la globalización mediante un retroceso en su multilateralismo y el regreso del nacionalismo (la ultraderecha con su “prioridad nacional” y Trump con MAGA), el avance de principios democráticos ya instalados, las nuevas tecnologías y la fluidez mundial de la comunicación refuerzan la existencia de una aldea global que es una realidad incuestionable.
Por eso ha sido tan importante el ejemplo que España ha dado al mundo en estos días al convertirse en un actor relevante, que cumple con su compromiso multilateral dentro de la legalidad marcada por la OMS, ayudando a nacionales de 23 países, y llevando el liderazgo en materia de gestión sanitaria de la crisis gracias a la preparación puntera del personal científico, militar, policial, sanitario, diplomático y de logística; auténtico escaparate de los servicios públicos. Si el poder está ahora (soft power) en la capacidad de influir en el diálogo internacional, la resolución de este problema inesperado ha sido un paso decisivo en esa dirección. Está claro que la Marca España es solidaridad internacional.
A juzgar por cómo ha reaccionado la opinión pública internacional -reflejada por los medios de comunicación extranjeros-, creo que el presidente de Estados Unidos se tomará un tiempo antes de hablar de la “horrible” España, descripción malévola con la que pretendía dañar nuestra imagen exterior por las discrepancias con el Gobierno. Un grupo de 17 nacionales de Estados Unidos fueron desembarcados y repatriados por un operativo de personal español en medio de medidas de seguridad ejemplares. El Papa ya ha felicitado a la población de Canarias por su comportamiento solidario al permitir la llegada a su puerto al MV Hondius. Esperemos que en esta ocasión el inquilino de la Casa Blanca no polemice con León XIV, aunque en su caso nada se puede descartar. Lo que aún no me ha quedado claro es ¿qué dice Milei de esto? Los ratones colilargos que contagian el hantavirus de los Andes son su responsabilidad. En esta ocasión, no se le puede echar la culpa a los chinos.
0