Una pregunta sencilla

Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso, en una imagen de archivo.

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A horas del primer debate sobre el Estado de la Nación en siete años, seguro que en los cuarteles generales del Gobierno y los partidos las cabezas pensantes echan humo, los datos se piden y se repasan una y otra vez, las frases de los discursos se reescriben, se suprimen o se vuelven a incluir varias veces al día mientras las razones para hacer una cosa y la contraria acaban volviéndose intercambiables. 

Seguro que en Moncloa ven la oportunidad perfecta para recuperar la iniciativa política con un discurso que ponga en valor lo hecho por este Ejecutivo ante la pandemia o la invasión de Ucrania y lance un paquete de nuevas medidas que relancen un discurso progresista para recuperar la movilización y el apoyo de unos votantes algo alicaídos, al decir de las encuestas. Seguro también que en Podemos ven el momento para marcar perfil propio y tratar de apuntarse todos los tantos posibles ante un socio que desconoce el valor de la generosidad. Los socios parlamentarios de la coalición seguro que tienen a punto las listas de peticiones y exigencias que, sin duda, aprovecharán para plantear en un marco tan incomparable. 

Seguro también que, en el PP, ven la oportunidad para seguir aplicando la estrategia del “abrazo Feijóo”: atraer para dividir. Cuca Gamarra saldrá a la tribuna a echarle gasolina a los fuegos de la coalición y Feijóo comparecerá ante los medios a pontificar sobre pactos, acuerdos y sentido común, con esa cara seria que se te pone cuando en mitad de una reunión importante te preguntas si cerraste el coche o la puerta de casa al salir y no estás seguro. Seguro también que en Vox aprecian la oportunidad de que el único candidato a presidente de la derecha que vaya a hablar en el Congreso sea Santiago Abascal.

No será este humilde cronista de la periferia quien discuta semejantes expectativas. Doctores tiene el Foro. Aunque tengo para mí que, entre el calor sofocante, el Tour, la mitad del país de vacaciones y la otra mitad esperando al viernes para salir pitando, el debate sobre el estado de la nación no está entre las principales preocupaciones de la mayoría. 

Lo seguiremos con pasión y analizando cada detalle los muy adictos a la política, los periodistas y tertulianos porque es su trabajo, los asesores porque es el momento estrella del año para asesorar y los políticos porque siempre les encanta hablar sobre ellos mismos. Que el debate se celebre a mediados de julio ha sido, sobre todo, una gran noticia y un alivio para Núñez Feijóo, quien podrá pasar el trago de acudir como testigo mudo y por la puerta de atrás al momento parlamentario del año sin que medio país se entere mucho.

Puede que la mayoría dedique al debate una atención que no pase de los titulares de los informativos, las entradillas de piezas, artículos y crónicas y los cinco primeros minutos de alguna tertulia. Tiempo más que suficiente para formase una impresión sobre una o dos preguntas sencillas que ahora mismo le viene a la cabeza cuando alguien o algo les recuerda al Gobierno.

Una de ellas puede ser si Pedro Sánchez volverá a verse tan solo como parece que está. Si su socio del Gobierno le dirá que no es suficientemente de izquierdas y que ya solo les une la hipoteca, como a muchos matrimonios, si sus socios parlamentarios harán como que le conocen poco y procuren tratarse con él lo menos posible y si a la oposición le bastará con hacer el balance de líos del propio gobierno para evitar hablar de las políticas y las medidas que implementa. A este Gobierno le pasa una cosa curiosa. Cuántas más votaciones gana, más solo parece. 

Puede que la duda que devora la valoración del gobierno con la voracidad de la inflación no tenga que ver ni con las políticas, ni con los liderazgos, sino con la consistencia de la mayoría que lo sostiene. No quedaba más remedio que soportar tanto jaleo cuando no había alternativa. Pero ahora la hay. Puede que mucha gente lo que ahora le preocupe sea qué va a ofrecer la actual mayoría para los meses difíciles que vienen y los cuatro años de la siguiente legislatura, si será algo más de ruido o algo más de política.

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