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Rafa Nadal y las Españas

Rafael Nadal, ayer en rueda de prensa (Youtube Roland Garros)

Felipe G. Gil

Ayer, como casi siempre que puedo, vi el partido de Rafa Nadal. Los que somos tenistas frustrados solemos tener dos vías de escape: la primera es seguir apoyando la eterna carrera del manacorí. La segunda es jugar al padel. Curiosamente, en medio de su partido de dieciseisavos de final y en uno de los grupos de Whatsapp en los que estoy (de tenistas frustrados, es decir, de padel), recibía el siguiente mensaje:

"Queremos votar. Los españoles exigimos nuestro derecho a votar. Exigimos el derecho a decidir el presidente de España. No pueden decidirlo partidos que van contra España, que quieren la destrucción de ESPAÑA. No es No a Pedro Sánchez. Si estás de acuerdo, pásalo y que circule hasta que se convoquen las elecciones."

El final del mensaje tenía con una sucesión de banderitas de España. Cinco en total. Desde luego los grupos deWhatsapp de antiguos estudiantes (cole o insti), de familiares y de quedadas deportivas amateur son los auténticos espacios de transversalidad social donde se puede tener acceso a universos fuera de nuestra zona de confort. Había dos cosas que me llamaban la atención en el mensaje.

La primera era la expresa puntualización al “No es No a Pedro Sánchez”. Supongo que como muchos partidos o agrupaciones de izquierdas (o nacionalistas) son considerados VenezuelaETAStalin & varias bombas atómicas a la vez para algunas de estas personas que tienen su dedo pegado a la bandera de España en el móvil, era importante recalcar que “no es que digamos que no a un demócrata de verdad como Pedro Sánchez”. Sobre todo sabiendo que el PSOE sigue siendo transversal (y mainstream) y que por tanto, para la Moción de Censura Whatsappera necesitarían también a los socialistas.

La segunda cuestión que me llamó la atención es que este mensaje es enviado por una persona cuyo principal miedo debe ser el déficit democrático que puedan introducir algunos de esos partidos o agrupaciones. Mientras seguía reflexionando sobre estas dos cuestiones, Nadal ya había reducido por decimoséptima vez a su amigo Richard Gasquet clasificándose una vez más para Octavos de Final de Roland Garros.

Justo al terminar el partido, el manacorí tuvo un gesto que muchos elogiaron: salió a la pista de nuevo e intercambió algunos amistosos golpes con un recogepelotas del torneo. El público jaleaba el momento y muchos medios se esforzaron luego en resaltar el gesto. Humilde, ¿no? Poco después y en rueda de prensa, Nadal era preguntado por la situación política de España y contestaba esto:

A mi modo de entender, lo mejor sería votar, o a mí me gustaría volver votar. Creo que al ciudadano le gustaría votar otra vez porque a día de hoy no hay nadie que pueda gobernar, alguien que hayamos votado y nos sintamos representados, porque hay demasiados pactos y al final nuestro voto no nos deja cómodos.

Jo, le han faltado las banderitas de España, pensé (“Él las lleva en el corazón”, me habría contestado el señor del grupo de Whatsapp). Y lo cierto es que muchas veces hemos criticado la tramposa neutralidad de los deportistas en cuestiones políticas. Lo que ocurre en este caso es que hay muchas contradicciones algunas personas señalaron. Ibai Llanos, el comentarista de esports, resumía bien lo que parecía el sentir de unos cuántos:

Por otros lares, Albert Rivera se se apresuraba en señalar las palabras de Nadal. No resulta complicado imaginarse al líder de ciudadanos apretando el puño 'a lo Rafa' al leer estas declaraciones. Para Rivera, el tenista ejemplifica a la perfección que ambición y humildad (dos palabras que su partido utiliza habitualmente en sus lemas) no son valores contradictorios.

Lo que ocurre es que para muchas personas sus declaraciones resultan incómodas, incluso para quiénes admiramos al Nadal deportista. Lo que muchas personas nos preguntamos es, ¿por qué no dijo nada cuando en alguno de los innumerables casos de corrupción del partido que ha estado en el gobierno? ¿por qué no ha dicho nada ante problemas gravísimos que atañen a ESPAÑA (como le gusta escribirlo al señor del Whatsapp) como la violencia doméstica, la vivienda o la precariedad laboral? ¿Es que todos esos problemas no son ESPAÑA? Y sobre todo, ¿por qué los quienes presumen de demócratas se quejen de la legitimidad de un mecanismo democrático?

En fin, desde su punto de vista resulta comprensible que a Nadal o a personas como Juan Carlos Girauta (que lo ha dicho claramente) les estrese que una amalgama identitaria se haga con el poder. Quizás si empezaran a entender que en esa multiplicidad hay una diversidad que celebrar dejaríamos de acudir al viejo marco interpretativo que nos reduce a una o dos Españas.

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