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Huérfanos

Tengo ganas de vomitar, la sensación de que esto es la gota que colma el vaso, la sensación de que por muchos motivos estoy huérfana, desamparada, de que apenas me quedan instituciones en las que confiar.

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Miles de personas se concentran frente al Ministerio de Justicia en Madrid contra la sentencia de 'la manada'

Miles de personas se concentran frente al Ministerio de Justicia en Madrid contra la sentencia de 'la manada' OLMO CALVO / MADRID

Estoy llorando, de rabia, de asco.

Hace años sufrí una agresión sexual, no recuerdo ni cuántos años hace de esto, porque preferí olvidarlo, borrarlo, dejarlo en algún rincón de la memoria, la mente es prodigiosa.

Pero hoy, de nuevo, me ha invadido toda la rabia, el miedo, el asco y la angustia que sentí en aquel momento, la noticia de la condena a “La Manada” me ha golpeado en la boca del estomago dejándome encogida, sin poder respirar, con la mandíbula apretada y los ojos llenos de lágrimas. Tengo ganas de vomitar, la sensación de que esto es la gota que colma el vaso, la sensación de que por muchos motivos estoy huérfana, desamparada, de que apenas me quedan instituciones en las que confiar.

Mi proceso judicial también fue un calvario, contar lo ocurrido una y otra vez a personas que rellenan formularios sin que te miren ni una sola vez, saber que lamentablemente, desgraciadamente, eres una más, otra más, contar la historia a tus seres queridos mientras te sientes avergonzada, contar la historia con culpa, aunque sepas que esa culpa no te pertenece, contar la historia sintiéndote afortunada porque “bueno no fue para tanto, no terminó en violación”, “solo han sido unos golpes” o “alégrate, estas viva”.

A pesar de todo, creí que lo que a mí me había pasado no era la norma, que quizás, sencillamente había tenido mala suerte, seguí confiando, seguí caminando sola por las calles, seguí saliendo, conociendo gente, sonriendo a personas desconocidas, seguí disfrutando, viviendo, porque no estaba huérfana.

Ahora siento que lo estoy, y lo que es peor, que lo estamos todos, incluidos vosotros, queridos amigos. Lo fácil es decirnos, no salgas sola, desconfía de todos, yo te acompaño, muchas gracias de verdad, pero no es suficiente.

Si, esto es para ti, que creerás que hago demagogia, que esto no va contigo, que al ser víctima no soy objetiva. Si, esto va para ti, porque es la primera vez que escribo sobre esto y lo hago mirándote a los ojos diciéndote de corazón que esto no es justo, no, no lo es. No voy a caer en la tentación de compararlo con otro tipo de sentencias, ni con otro tipo de delitos, no hace falta, porque el hecho, por sí solo, dice mucho de la justicia en este país y de su machismo.

Quizás tampoco entiendas por qué escribo esto aquí, hoy puedo decir que no me importa, no busco tu comprensión, me he autocensurado muchas veces y ya no podía más. Esto debería afectarnos a todos, es un síntoma, de los peores.

 “Cuidarnos es la nueva revolución (…) pero estos cuidados de los que tanto hablamos quizá empiezan a parecerse demasiado a los cuidados paliativos”

(Garcés, 2017)

 

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