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Los grandes incendios forestales del siglo XXI: ¿son evitables?

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Se habla mucho en esta época del año de las causas de los incendios forestales. Nos vamos a centrar en lo que se denomina grandes incendios forestales (GIF), es decir, aquellos incendios que queman más de 500 hectáreas, que provocan un elevado daño ambiental y son objetivo mediático por su interés social. Tengamos presente que el daño ecológico viene provocado no solo por el número de hectáreas que recorre el fuego, que también, sino por el valor ambiental de lo que arde, ya que puede llegar a ser irrecuperable.

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en sus informes sobre la materia, en España, la media en los últimos 10 años alcanza la cifra de 22 GIF por año. Esta extraordinaria cifra implica superar con creces la capacidad total del operativo de extinción no solo de las comunidades afectadas, sino las del Estado (que aun no siendo su competencia, les da apoyo). Los GIF son cada vez más recurrentes, de mayor envergadura, más peligrosos y más inabordables para las direcciones de extinción. Esta situación ya no es exclusiva de los países mediterráneos, sino que también lo están sufriendo otros países del centro y norte de la UE.

Pero ¿por qué nos encontramos en esta situación? Solo la ignorancia o un discurso político peligroso pueden negar la realidad: el origen es el cambio climático. Las desenfrenadas actividades del ser humano en la producción y emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera provocan una retención del calor y con ello, un aumento de la temperatura. La ciencia así lo lleva indicando desde hace años en numerosas publicaciones científicas.

Las lluvias largas, continuas y numerosas han dejado de estar presentes y han sido sustituidas por lluvias más torrenciales y espaciadas en el tiempo. En conjunto, hay menos precipitaciones y las que hay son más tempestuosas, con resultado perverso para las masas forestales.

Las olas de calor son episodios de al menos tres días consecutivos con temperaturas extremadamente altas por la invasión de masas de aire muy caliente, que permanecen en la atmósfera calentando la tierra de forma intensa. Esta situación provoca un estado de sequedad extrema en las masas vegetales, lo que las hace muy sensibles a los incendios. Sin duda, y así lo refrenda la ciencia, el cambio climático está provocando que las olas de calor sean más frecuentes, largas y extremas.

¿Qué condiciones meteorológicas son más propensas a favorecer los GIF? Este tipo de incendios se produce coincidiendo con las olas de calor y justo después de estas, al estar los montes más exhaustos y con menos humedad. En los veranos, cada vez más largos, con intensas y numerosas de olas de calor, se presentan mayor número de GIF y lo que es más peligroso aún: ocurren de forma simultánea.

¿Cómo luchar contra ellos? La respuesta no es gratificante. Los grandes IF se controlan cuando llueve o/y amaina el viento. Con fuerte viento, no hay medios humanos ni técnicos que puedan frenar el avance del fuego. La vegetación exhausta por las altas temperaturas, unos vientos fuertes y cambiantes y una humedad bajísima hacen prácticamente imposible frenar las llamas. El fuego puede avanzar cientos de hectáreas a una velocidad de vértigo, con llamas de gran altura, provocando una tormenta de convección que se retroalimenta e inutiliza el uso de los medios aéreos y dificulta (por no decir imposibilita) la actuación del personal de tierra, al poner en peligro sus vidas. He visto al personal de tierra sentirse impotente, con lágrimas en los ojos, por no poder hacer nada ante unas llamas que superaban las copas de los árboles.

Entonces, ¿qué podemos hacer? La ecuación 'cambio climático – elevadas temperaturas – olas de calor intensas y recurrentes – grandes incendios forestales' es muy difícil de resolver sin que el ser humano en su conjunto sea consciente de que hay que cambiar el origen del problema: su voracidad por consumir más de lo que realmente necesita y hacerlo de forma insostenible.

Son muchas las medidas preventivas que escucharemos estas semanas y que o bien no se hacen o son insuficientes: trabajos forestales preventivos en invierno, aumentar la cabaña ganadera extensiva, repoblar los pueblos forestales, cerrar el monte en verano, prohibir circular o hacer trabajos forestales en verano, limpiar las cunetas de material inflamable, incrementar el gasto y la eficiencia del operativo de extinción, etc. Todas ellas son innegablemente necesarias y a la vez requieren de un presupuesto público elevado. Pero, lamentablemente, todas ellas juntas y bien presupuestadas no son la solución si no vamos al origen del problema. Porque, cuando el monte está exhausto de humedad, hay olas de calor intensas y presencia de rachas de viento, no hay dirección de extinción que frene el avance de las llamas.

Por mucho que escondamos la cabeza bajo el ala, cada uno de nosotros y nosotras somos parte de la solución, junto a una administración comprometida con medidas eficientes y con un presupuesto que responda a las necesidades reales.

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