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La unidad de la izquierda

José Miguel Corraivorrachán

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Todos los demócratas de este país tenemos claro, que, ante las próximas elecciones generales, o la izquierda se organiza para presentar un bloque unitario frente a la derecha reaccionaria y fascista que se nos viene encima o, como dice Rufián “nos matarán por separado políticamente”, o algo más.

El problema, y todos lo sabemos, es doble.

Primero, la identificación de un líder que suscite consenso de todas las fuerzas democráticas, cuestión que choca frontalmente con los protagonismos e intereses partidistas, que han resultado inútiles cuando no ridículos en las últimas convocatorias electorales.

Segundo, las posiciones maximalistas y de teórica pureza de algunos de los partidos de la izquierda, antitéticas al pragmatismo que el trumpismo y el fascismo viene insuflando a esa ultraderecha que está ocupando todos los espacio políticos e institucionales de España.

Este programa ultramontano, simple, emocional y violento, no se puede combatir dialécticamente en su propio campo y con sus propias armas.

Por ello, hago una propuesta muy simple y clara, para que, si alguien quiere recogerla y hacerla valer, la haga.

¿Qué personaje político español puede suscitar un consenso en prácticamente todo el arco de la izquierda? Pues se me ocurre que José Luis Rodríguez Zapatero. Largo bagaje político, relaciones internacionales consolidadas, dos legislaturas como presidente del gobierno con grandes avances sociales y de derechos, y, sí, talante y educación.

¿Cómo organizar a toda la izquierda? Pues con un frente común, un “frente popular” o“ frente democrático”, donde las listas fueran configuradas tomando los porcentajes alcanzados por las izquierdas en cada circunscripción en las últimas elecciones generales para situar a sus candidatos.

Claro que supondría renuncias particulares, pero cualquier otra opción supondría las mismas o más, o la inexistencia de la propia opción.

Y desde luego un programa básico sin solución de continuidad: vivienda, precariedad salarial, financiación estatal y autonómica, educación, sanidad y, sin dudarlo, Europa.

Y tanto los partidos nacionalistas como el propio PSOE deberían plantearse cómo participar en ello.