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¿Sale a cuenta electoralmente tener un máster?

Datos de encuesta sugieren que los votantes con estudios universitarios prefieren a políticos más educados pero no discriminan entre tener estudios de grado o posgrado

Que un político tenga estudios de posgrado reduce el apoyo a un candidato entre los votantes menos educados

Añadir un máster o doctorado al currículum para atraer votantes no sale a cuenta y puede ser contraproducente

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Según estamos viendo este año, no es infrecuente que políticos inflen sus currículums añadiendo másteres y posgrados que no han cursado o que han cursado sin realizar todo el trabajo exigido. Cabe preguntarse por las motivaciones que impulsan esta práctica deshonesta. Quizás estas personas piensan que obtendrán más respeto de sus partidos si tienen titulación de posgrado, o bien se les considerará más expertos. Otra motivación es creer que tener un posgrado puede gustar a los votantes.

Este post usa datos de encuesta para examinar si los votantes prefieren a políticos con más formación usando una metodología científica rigurosa, un tipo de diseño experimental llamado “conjoint experiment”. Esta técnica proviene de estudios de márketing y es muy usada en Ciencia Política ( Hainmueller, Hopkins y Yamamoto). La idea básica es que a la hora de escoger entre dos opciones se pueden tener en cuenta muchas consideraciones. Por ejemplo, al escoger un coche consideramos la potencia, el consumo, el precio, los acabados o la forma. Un tipo de personas puede darle mucha importancia a una dimensión, y a otras importales más otra. En un experimento de tipo conjoint, las personas tienen que escoger entre dos productos o perfiles hipotéticos que difieren en varias dimensiones con valores definidos de forma aleatoria. Luego, mediante un análisis de regresión, podemos examinar qué factores pesan en mayor medida en la elección, y si a distintos tipos de personas les importan factores distintos.

En una encuesta pedí a los 1424 participantes escoger entre dos personas hipotéticas interesadas en ser candidatos a las elecciones municipales de un mismo partido. A continuación se describía a dos personas que variaban en cuatro aspectos: su nivel educativo (que podía ser educación primaria, secundaria, universitaria o de posgrado ya fuera máster o doctorado), su género, su edad, el tipo de familia en que convivían. A los encuestados se les preguntaba a cuál de los dos candidatos hipotéticos preferirían. Por ejemplo, podían encontrar dos perfiles como los siguientes (el número real de combinaciones mostradas es muy elevado): 

C:\fakepath\Figura 1.jpg

En base a las respuestas podemos calcular si un atributo aumenta o reduce la probabilidad de que se seleccione a un candidato respecto a otro. Por ejemplo, si el coeficiente de ser mujer es -0.15, significa que el hecho de ser mujer reduce la probabilidad de que un candidato hipotético sea elegido en 15 puntos porcentuales, una diferencia importante.

Utilizo este procedimiento para examinar si tener estudios de posgrado aumenta el apoyo electoral a un candidato. Ello sugeriría que mentir respecto a este aspecto del currículum vitae es rentable electoralmente porque podría aumentar el apoyo de los ciudadanos a una persona que quiera presentarse a elecciones. Una posibilidad interesante es que no todos los votantes consideren igual de relevante la educación de los políticos. Quizás sólo los votantes más educados prefieren a políticos más educados mientras que a las personas les importe menos.

El siguiente gráfico muestra qué aspectos de la descripción de un candidato afectan la probabilidad de que un ciudadano lo elija. Los resultados se separan según el nivel educativo del propio encuestado para ver si los votantes con estudios universitarios valoran aspectos diferentes que los votantes con estudios secundarios o primarios.

C:\fakepath\Figura 2.jpg

Un primer resultado interesante es que ser mujer perjudica a los candidatos en este ejercicio hipotético, puesto que reduce su probabilidad de ser elegidos. Los votante parecen preferir a personas de mediana edad, en la treintena o cuarentena, por encima de los candidatos mayores. La situación familiar parece tener poco impacto sobre las preferencias. 

Respecto a la educación de los políticos, los votantes con educación universitaria (los coeficientes en forma de cuadrado) muestran una fuerte preferencia por los candidatos con formación universitaria frente a los que tienen educación primaria. Sin embargo, no distinguen entre tener un grado universitario o un máster o doctorado. Los coeficientes son de 0.4, un valor muy elevado, pero idéntico en ambos casos.

El resultado más interesante es el efecto de la educación de los candidatos sobre las preferencias de los votantes con menor nivel educativo. También en este caso vemos que los votante prefieren a candidatos con formación universitaria a aquellos que tienen estudios primarios. Sin embargo, tener un título de máster o doctorado no ayuda a estos candidatos hipotéticos respecto a tener “solo” un grado. De hecho, el coeficiente es menor. Parece que los candidatos con estudios de posgrado pueden incluso despertar cierta antipatía entre los ciudadanos con menor nivel de estudios, quizás por ser percibidos como más arrogantes o más lejanos. 

Las implicaciones son claras. Añadir un máster al currículum si ya se tiene un título de grado no hace ganar apoyos de los ciudadanos. Mentir, aparte de ser deshonesto, es contraproducente. 

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