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El rey responde al deshielo entre el Gobierno y el independentismo con su discurso más templado sobre Catalunya

Felipe VI pronunció su discurso más duro contra el soberanismo dos días después del referéndum, rebajó el tono en el penúltimo mensaje de Navidad y ahora llama a los políticos a buscar el acuerdo "por distanciados que estén sus ideas y sentimientos"

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Los partidos, salvo nacionalistas, aplauden que el rey llame a la convivencia

Los partidos, salvo nacionalistas, aplauden que el rey llame a la convivencia EFE

Han transcurrido apenas 14 meses y parecen un mundo: en los tribunales, donde se va a juzgar a los líderes independentistas por rebelión, el delito más duro con el que puede castigar a un político el Código Penal; en el Parlament, donde ahora Ciudadanos es primera fuerza pero no gobierna, y también en la Generalitat, de la que ha salido Carles Puigdemont huido en Bélgica para dar entrada a Quim Torra. Incluso en La Moncloa hay un presidente distinto. Mariano Rajoy es ahora un venerable registrador de la propiedad aparentemente despreocupado de la política a la que había dedicado los últimos treinta años. Y en su lugar, Pedro Sánchez intenta apaciguar el conflicto catalán con buenas palabras, aprobar los presupuestos y estirar la legislatura hasta donde pueda con su exiguo grupo parlamentario de 84 diputados. En la oposición, la derecha se ha dividido en tres: Partido Popular, Ciudadanos y ahora Vox, que todavía no está en el Congreso pero sí en las encuestas y los titulares de prensa.

Ese es el contexto en el que Felipe VI pronunció su mensaje navideño este lunes, el más templado de todos los que ha leído desde que estalló el conflicto catalán. En cinco folios y diez minutos de discurso televisado, el rey hizo una llamada al diálogo, invocó la transición en la que los líderes políticos "buscaron el acuerdo y el entendimiento por muy distanciados que estuvieran sus ideas y sentimientos" y alertó de que "la convivencia siempre es frágil". Ese término, convivencia, fue el que más repitió -siete veces- a lo largo de su alocución, como todas las del monarca, supervisada por el Gobierno.

En un momento en el que las tres derechas claman por la suspensión de la autonomía en Catalunya -e incluso voces tan relevantes como la del expresidente José María Aznar reivindican un 155 indefinido para gobernar la Generalitat desde Madrid- y el president catalán, Quim Torra, invoca "la vía eslovena" como camino a la independencia, el Rey Felipe VI hace una llamada al acuerdo y pide no caer en el "rencor y el resentimiento" que evocan "lo peor de nuestra historia".

Por supuesto, hubo también una defensa cerrada de la Constitución en su 40º aniversario, a la que intentaron aferrarse el PP y Ciudadanos para felicitar al monarca por su discurso. Pero el mensaje del Rey, que no llegó a pronunciar esta vez la palabra "Cataluña" aunque las alusiones veladas al procés monopolizasen el grueso de su intervención, huyó de la línea dura y abogó por la distensión, en un momento en que también el Gobierno intenta tender puentes con el independentismo y solo unos días después de la minicumbre celebrada en Barcelona que se saldó con un comunicado conjunto de Moncloa y el Govern.

Tan pronto como acabó la emisión del mensaje televisado, el Gobierno se apresuró a señalar que las palabras de Felipe VI respaldan su postura en el conflicto catalán frente a los que piden cada mañana la aplicación del artículo 155 de la Constitución recurriendo a cualquier pretexto. Si ese era el propósito de la Casa Real es algo que solo puede confirmar el reducido núcleo de dirigentes que negocian los comunicados reales. Pero el mensaje navideño no resiste comparación con la línea dura que exhibió Felipe VI el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum independentista. Entonces, Felipe VI compareció de manera extraordinaria para acusar a la Generalitat de "una deslealtad inadmisible a los poderes del Estado", de situarse "al margen de la democracia" y de "socavar la armonía y la convivencia de la propia sociedad catalana". Con tono muy grave, el Rey evitó entonces cualquier alusión al diálogo o al entendimiento y fue incluso más lejos de lo que había ido el Gobierno de Mariano Rajoy. La intervención de Felipe VI fue interpretado como la llamada a la aplicación del artículo 155 de la Constitución que el Ejecutivo del PP puso en marcha semanas después, por primera vez en democracia. Voces independentistas y de la izquierda acusaron al monarca de extralimitarse en el papel de árbitro que le confiere la Constitución.

El de esta Nochebuena está en las antípodas de aquel mensaje. Por el medio, las navidades pasadas, Felipe VI había empezado a matizar su discurso. También entonces pronunció siete veces la palabra "convivencia" y alertó de que el camino en Catalunya no debía llevar "al enfrentamiento o la exclusión".

Las palabras de Felipe VI esta Nochebuena, su sexto mensaje al país en los cuatro años y medio que lleva en el trono, van más allá y llaman "al acuerdo y el entendimiento", en un momento en que desde la derecha resuenan palabras como "traición a España" y "humillación" frente al intento de restablecer los puentes que estaban totalmente rotos entre dos instituciones hasta la llegada de Sánchez a La Moncloa.

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