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ANÁLISIS: LOS PAPELES DE BANCA CATALANA

Javier de la Rosa controlaba un paquete de acciones de la Banca Catalana de Jordi Pujol años antes de la quiebra

El financiero prestó grandes sumas de la filial catalana de Banesto al grupo Harry Walker, del presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, José María Figueras, que poseía 11 millones de pesetas en acciones de Catalana

El empresario se sintió abandonado por CDC durante sus distintos pasos por la cárcel, y fue uno de los primeros en denunciar ante la UDEF que los Pujol tenían dinero en paraísos fiscales

La deuda que el grupo Harry Walker tenía con la Banca Garriga Nogués, dirigida por De la Rosa, acabó por ascender hasta 14.538 millones de pesetas y el banco se convirtió en su propietario

Durante la primera mitad de los años 90, Pujol declaró que De la Rosa era el "modelo de empresario" de Cataluña, hasta que en octubre de 1994 fue encarcelado por el 'caso Grand Tibidabo'

Javier de la Rosa

El financiero Javier de la Rosa, en una imagen de archivo, entrando a la Audiencia Nacional./EFE

La relación entre el financiero Javier de la Rosa y el expresident de la Generalitat Jordi Pujol alcanzó su punto máximo entre 1992 y febrero de 1994. En el 92, De la Rosa se comprometió a liderar lo que hoy es Port Aventura, mientras abandonaba a sus patrones kuwaitíes de KIO, que acabaron llevándolo a los tribunales. En febrero de 1994, Pujol declaró a De la Rosa  "empresario modelo". Unos meses después, en octubre de 1994, De la Rosa ingresaba en prisión por el caso Grand Tibidabo. La relación entre De la Rosa y Pujol, sin embargo, empezó mucho antes, en 1977, según los documentos de la intervención de Banca Catalana.

Desde que De la Rosa adquirió su condición de presidiario, empezó a sentir una especial hostilidad hacia CDC en general y hacia la familia Pujol en particular. Se siuntió abandonado su suerte a pesar de haber salvado –sólo en su imaginación– algunos de los grandes proyectos de los gobiernos de Pujol. En diversas ocasiones ha denunciado que los Pujol-Ferrusola tenían dinero en Suiza para luego desdecirse en los tribunales.

La última en 2012, cuando denunció que él mismo había acompañado a miembros de la famila a abrir cuentas en el país helvético. La Fiscalía lhizo caso amiso, así que De La Rosa denunció nuevamente a los Pujol-Ferrusola. En esta ocasión les acusó de amenazarle por sus denuncias. Sin embargo, cuando debía ratificar su acusación en la Audiencia de Barcelona, acabó por desdecirse. Aunque no prosperaron, las denuncias de De la Rosa, junto a las de la examante de Jordi Pujol Ferrusola, Victoria Álvarez, fueron las que permitieron que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía iniciara en 2012 su investigación sobre el patrimonio oculto de la familia.

La relación entre De la Rosa y el expresident Pujol se inició en la segunda mitad de los años 70 y fue un cortejo mutuo. En 1977, mientras Pujol iniciaba su progresivo distanciamiento de Banca Catalana para dedicarse exclusivamente a la política con su dimisión como vicepresidente ejecutivo del banco y su donación simulada de su paquete accionarial; De la Rosa era una estrella en ascenso en el Banesto de la familia Garnica. El financiero logró hacerse con el control indirecto de dos paquetes accionariales de la entidad fundada por el que sería president de la Generalitat, con un valor nominal de cerca de 12 millones de pesetas de la época. Eran las acciones a nombre del fallecido José María Figueras Bassols y de su grupo empresarial Harry Walker.

De la Rosa, que desde 1994 ha estado entrando y saliendo de prisión tanto por Grand Tibidabo como por el hundimiento del Grupo Torras, el que fue portaaviones de las inversiones en España de la Kuwait Investment Office (KIO), viene declarando hace años que su relación con Pujol se inició en los años 70, cuando ambos se dedicaban a la banca. Como el financiero era un presidiario desprestigiado y había probado ser un mentiroso patológico, nadie, o casi nadie, dio crédito a esas afirmaciones. Pero la documentación incautada por los inspectores del Banco de España durante la intervención de Catalana indican que decía la verdad.

En noviembre de 1977, De la Rosa ascendió a consejero delegado de la desaparecida Banca Garriga Nogués, por entonces filial y marca catalana de Banesto. Y recibió del patrón de Banesto, Pablo Garnica, plena autonomía para dirigir el banco de las Ramblas. Su condición de hijo de un insigne funcionario franquista, Antonio de la Rosa Vázquez, delegado del Gobierno en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona –antes del escándalo, claro–, fue una de las principales causas del ascenso meteórico de Javier de la Rosa en la estructura de Banesto.

Ya desde el primer momento, De la Rosa empezó a implantar sus prácticas cuanto menos heterodoxas en la administración de la Garriga Nogués. Uno de los primeros beneficiarios de esas prácticas fue el fallecido José María Figueras Bassols, expresidente del Consejo de Cámaras de Comercio de España y empresario inmobiliario. De la Rosa financió a su grupo Harry Walker de forma poco prudente. La deuda de Harry Walker con Garriga Nogués empezó en 770 millones de la época. Como no podía devolverla, De la Rosa fue refinanciando los créditos a un interés del 25% anual, hasta que ascendió a 14.538 millones de pesetas de la época y Garriga Nogués se convirtió en principal accionista del grupo.

Según los documentos intervenidos por el Banco de España, Harry Walker poseía un paquete accionarial en Banca Catalana con un valor nominal de 1,4 millones de pesetas. A título personal, Figueras Bassols poseía un paquete accionarial de 10,9 millones de pesetas de la época. Como estaba atenazado y en manos de Garriga Nogués, De la Rosa acabó por tener el control de acciones de Banca Catalana con un valor nominal de más de 12 millones de la época. Aunque tras la intervención de Catalana en 1982, el control sobre el paquete accionarial de Figueras Bassols permitió a De la Rosa tener información puntual sobre las actuaciones del banco fundado por la familia Pujol.

El reencuentro

Dos años después de la intervención de Banca Catalana, le tocó el turno a la Garriga Nogués. Las conclusiones de los inspectores hablaban de prácticas delictivas mucho más evidentes que en la entidad fundada por el expresident. De la Rosa fue despedido del grupo Banesto. Pero reapareció triunfal en 1986 de la mano de la familia Al Sabaj, como representante de KIO en España. Y construyó un emporio empresarial impresionante alrededor del Grupo Torras. Tan impresionante que, cuando suspendió pagos en noviembre de 1992, su pasivo era de más de 202.000 millones de pesetas de la época, el mayor de los concursos de acreedores presentados en España hasta ese momento.

Fueron la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Husein el 2 de agosto de 1990 y la primera Guerra del Golfo las que descubrieron el pastel. Una vez liberado Kuwait, los nuevos gestores de KIO descubrieron que De la Rosa y sus jefes del consorcio público kuwaití, Mohamed al Sabaj y Fouad Jaffar, habían saqueado las cuentas de Grupo Torras.

Para 1992, sin embargo De la Rosa y KIO habían acordado su separación y el financiero inició su propia singladura personal con la compra del parque de atracciones del Tibidabo en Barcelona y de la Corporación Nacional del Leasing (CNL). El entonces todopoderoso consejero de economía de Pujol, Macià Alavedra, anunció públicamente que, de la mano de De la Rosa, el CNL podía convertirse en el gran banco del que carecía Cataluña desde la quiebra de Banca Catalana. Pero el Banco de España, que conocía las prácticas bancarias de De la Rosa en la Garriga Nogués lo impidió. Así que el financiero decidió convertir el CNL en un hólding industrial.

En 1991, los estadounidenses de Anheuser Busch, principales promotores del parque temático de Tarragona promovido por Pujol dieron la espantada. Los fontaneros de Pujol, Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, lograron que De la Rosa, avalado por el embajador real Manuel Prado, sustituyera a los americanos en el proyecto del parque. Desde ese momento, Pujol dedicó toda clase de parabienes a De la Rosa.

El financiero le correspondió con toda clase de agasajos a los principales dirigentes de Convergència Democràtica. Relojes millonarios en la muñeca de Alavedra, el jet privado a disposición de los líderes convergentes para ir a ver importantes partidos de fútbol internacionales, empleos para amigos y familiares.

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