Corbatas en lugar de vacunas

El líder del PP, Pablo Casado, interviene en la primera sesión de control al Gobierno desde que se declaró el estado de alarma el pasado 14 de marzo

Cosas que no cambian. La nueva "normalidad política" es como la vieja, pese a los escaños vacíos y un Congreso a medio gas por la COVID-19. Si acaso aún más descorazonadora si se tiene en cuenta la angustia que invade a la sociedad española y la ausencia de expectativa en estos tiempos de pandemia, muertes, quiebras empresariales y desempleo. Pero ellos siguen a lo suyo, que es el barro, la descalificación, la ausencia de altura y los argumentos de memes y bulos. Tanto sabían del virus y tan nocivas les parecen todas las decisiones del Gobierno que ellos tiene la vacuna contra todo: el luto y la corbata negra.

Primera sesión de control al Gobierno en dos meses y Pablo Casado habla de "un teatro de guiñoles", del "Aló presidente", de España como "la peor referencia en el mundo" de lucha contra la pandemia, de un presidente incapaz de implementar un plan masivo de test rápidos y de los piropos que le dedicaron en la redes por apoyar el estado de alarma. ¿Dónde quedó ese antaño partido de Gobierno? ¿Y dónde ese PP moderado dispuesto a darlo todo por España? "Póngase corbata negra como cuando quiso homenajear a las víctimas de la discoteca Bataclán y díganos cómo va a afrontar esta crisis", le espetó al presidente del Gobierno. Y le aplaudieron los pocos diputados populares que había en el hemiciclo. No son tiempos para ovaciones salvo para quienes sí lo están dando todo para curar a los infectados. No es el caso del presidente del PP, desde luego. Con una mano no cierra la puerta a acudir a la reunión con la que Sánchez quiere impulsar un acuerdo de reconstrucción, y con la otra ya ha dado el portazo siguiendo la consigna de la FAES. "Los acuerdos se basan en la confianza, y de usted no se fía nadie, no le creen ni sus compañeros. Usted no es el rey. Si quiere pactar algo, cosa que dudo, hagámoslo con luz y taquígrafos. No nos venda su teatro de guiñoles, solo le importa el poder, y a nosotros, los españoles", dijo.

"Créame cuando le digo que siento todos los muertos como propios", le respondió un Sánchez que anunció el reconocimiento que merecen todos cuando esto pase. El presidente no subió el tono ni entró al trapo de la descalificación y la mofa en la que parece que la oposición ha convertido su discurso, si bien afirmó que el Gobierno está "tomando medidas duras que están salvando vidas. Son medidas aplicadas de manera homogénea en el territorio español. Reconocidas y avaladas por la ciencia. A partir de ahí, queremos vencer, con la unidad del conjunto de las fuerzas de esta Cámara".

En la vida, como en la política, todo es susceptible de empeorar, y la derecha ha empeorado en lo que compete a su responsabilidad como partido serio, de estado y comprometido con un país que atraviesa su peor momento de la historia democrática. Sobre su liderazgo, ya juzgarán los ciudadanos.

El jefe de Gobierno aprovechó para repasar las cifras del contagio que se han reducido del 35 al 3 por ciento y defendió que esa bajada ya demuestra que las decisiones tomadas por el Gobierno "están funcionando". Luego, insistió en que las medidas tomadas lo han sido en función de la asesoría del comité científico y volvió a pedir para la salida unidad social y del conjunto de todas las fuerzas políticas de la Cámara Baja. Y ahí, esta vez, pidió "de corazón" a Casado que se sumara al acuerdo para la reconstrucción nacional.

Igual que Sánchez, su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, evitó entrar al trapo de las descalificaciones vertidas desde el PP y VOX. La segunda parte de la ofensiva contra el Gobierno le tocó a Iglesias y a lo que la derecha llama "sus políticas radicales y populistas".

"Se reían del coronavirus y ahora le echan la culpa de todo al PP. Usted es responsable. No son picos ni curvas, son españoles que mueren sin la compañía de sus seres queridos. ¿Qué responsabilidades asume el vicepresidente segundo por la gestión de esta terrible crisis que le ha costado la vida a miles de españoles?", le preguntó el popular Teodoro García Egea, a lo que el vicepresidente le respondió que "toda en la modesta responsabilidad que me toca: evitar que se salga de esta crisis sin proteger a la ciudadanía".

De nada le sirvió la respuesta y el tono casi inaudible que empleó para no confrontar, porque Egea le soltó que "se le recordará por poner la ideología por encima de la salud de los españoles" y por actuar "con irresponsabilidad". "Lo vi -añadió- conmovido por Excalibur, el perro del ébola, pero no he visto ni un solo gesto de luto por los 18.000 muertos [del coronavirus]. Los aplausos de las ocho, para que no se los apropien, no son precisamente para ustedes".

El vicepresidente segundo emplazó al PP a asumir "un mínimo común denominador: la Constitución y sus mecanismos para proteger el interés general", al tiempo que le pidió que deje de competir con Vox y vuelva a la Constitución y al patriotismo". Luego, llegó la portavoz adjunta de VOX, Macarena Olona, y elevó el nivel de "cuñadismo" con una intervención en la que enhebró toda una sucesión de bulos que circulan por las redes sociales. Todo, eso sí, después de acusar Iglesias de imponer en España el modelo chavista venezolano. "Estamos en sede parlamentaria, le pido seriedad y respeto a esta Cámara y a quienes trabajan por protegernos a todos", le rogó el líder de Unidas Podemos.

Y entonces Olana se superó a sí misma: "Nuestra democracia se desangra. Su modelo es Venezuela, señor vicepresidente. El control de los servicios de inteligencia, de los medios de comunicación, el control de la opinión en las redes sociales. Al grito de patria o muerte, jalea las tomas para imponer un régimen totalitario". E Iglesias cerró sin más: "Se desacredita con su intervención. Esta Cámara y la sociedad no merece que dedique su tiempo para preguntar al Gobierno para hablar de Venezuela y La Sexta".

Más contenido estuvo el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en su pregunta a Iglesias: "¿Cree el Gobierno que las medidas sociales que ha adoptado durante el estado de alarma protegen efectivamente los derechos sociales de los sectores más vulnerables?".

Probablemente, no, le respondió Iglesias convencido, dijo, de que seguramente se pueden hacer más cosas y mejor para proteger a las familias. Y así fue como el Congreso volvió a la sesiones de control al Gobierno: como se fue antes de la pandemia, con ruido y una política que no merecen seguramente los españoles ante esta tragedia y que clama por la corbata negra, y no por la vacuna que nos alivie de este mal sueño.

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