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Feijóo se cobija en el bipartidismo y la élite empresarial para su ofensiva fiscal contra Sánchez

El expresidente de España, Mariano Rajoy, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada al "Foro la Toja-Vínculo Atlántico".

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Sus más firmes entusiastas dicen que es un oasis de sosiego, un espacio para el encuentro, un foro de reflexión y pensamiento sobre los desafíos a los que se enfrenta el mundo o una otoñal cita inexcusable para saber qué piensan y qué hilos mueven la élite empresarial y los nostálgicos del bipartidismo. Por contra, sus detractores hablan de la old fashion power, una cumbre de poderosos donde se piensa aùn en pesetas o de un retiro de tres días para que los CEO de las grandes corporaciones se escuchen a sí mismos en el marco incomparable de una isla en el Atlántico con hotel de 5 estrellas. Hablamos del Foro La Toja, claro. Su promotor es Amancio López Seijas, un empresario lucense de origen humilde vinculado a la derecha empresarial, presidente del grupo Hotusa -que gestiona los exclusivos hoteles Eurostars- y amigo personal de Mariano Rajoy. 

Fue al otro “Amancio gallego” a quien ya hace cuatro años se le ocurrió concebir desde Galicia un proyecto diferente de debate como lugar de encuentro exclusivo para empresarios, políticos, intelectuales y académicos lejos de la furia de la actualidad con el objetivo de analizar el presente y dilucidar el futuro a partir de los diferentes cambios geoestratégicos, los nuevos protagonistas y la situación de las democracias liberales. El comité organizador lo conforman el propio López Seijas; Josep Piqué, exministro del Gobierno; Antón Costas, catedrático de Política Económica; Jordi Alberich, economista; Carmen Martínez, directora del Foro y ex secretaria de Estado de Comunicación; y Carlos López Blanco, presidente de la Comisión de Digitalización de la Cámara de Comercio de España. 

Desde su primera edición, en la que el empresario gallego consiguió por primera vez sentar a hablar en público a Mariano Rajoy y a Felipe González, la conversación entre los expresidentes se ha convertido en una de las citas esperadas del otoño político. Ambos mantienen una estrecha relación con Alberto Núñez Feijó -quien fue anfitrión del Foro en sus tres primeras ediciones en calidad de presidente de la Xunta y ha reconocido haber votado a los dos- y ambos le consideran el antídoto frente a los extremos políticos. El primero lo convirtió hace tiempo en referente de “la política para adultos” y el segundo, en uno de los máximos exponentes de la “centralidad” de la política actual. 

Hay quien cree que fue el Foro La Toja, al que asisten cada año políticos, empresarios y pensadores, el que sentenció hace ahora un año el tiempo político de Pablo Casado y marcó la senda para entronizar a Alberto Núñez Feijóo hasta la cima de la derecha española. Muchos creen que todo empezó ahí, en la III edición de lo que algunos llaman Davos gallego. A saber. El caso es que unos meses más tarde ocurrió lo que todo el mundo recuerda, que el PP se abrió en canal y vivió la crisis interna más grave de su existencia, que el joven Casado fue desalojado de la séptima planta de la calle Génova tras un contubernio de barones y que Feijóo, un clásico  del bipartidismo y la vieja política, ascendía hasta la dirección nacional. 

Este año, con el viento favorable de las encuestas pero sin cargo institucional alguno, Feijóo ha vuelto a La Toja como jefe de la oposición para buscar, además de la complicidad de los expresidentes, el aliento de la élite empresarial para su ofensiva fiscal contra Sánchez. En los últimos tres días, el líder del PP no ha tenido más agenda oficial que una conferencia en el Foro de La Toja -en la que cargó con dureza contra Sánchez al que situó más cerca del populismo que de la democracia liberal-, además de varias comidas, cenas, cafés y charlas privadas con los ponentes y patrocinadores del evento, entre los que se encontraban Iberdrola, Inditex, Iberia, El Corte Inglés, Deloitte, Google, Hotusa, CEIM y Mapfre. 

Coches blindados, escoltas y directivos de grandes empresas

La isla ha sido durante tres días y tres noches un ir y venir de coches blindados, escoltas y directivos de Foment del Trabajo, la patronal catalana, y de la CEOE alineados con la tesis de Feijóo que alude a una “fiscalidad agresiva” y dogmática con la que Sánchez intenta hacer creer que “el problema no es el gestor, sino los contribuyentes”. Rodeado de grandes empresarios, al líder del PP no le costó arrancar el aplauso fácil cuando acusó a Sánchez de recurrir a “una caricatura” o “descalificación grotesca” con la que justificar su política fiscal, en alusión a la narrativa gubernamental de que contribuyan más los que más tienen y el impuesto a los ricos.

Si en España hay alguien capaz de oponerse a una fiscalidad progresiva que reclame un esfuerzo de solidaridad a los que más tienen para ayudar a financiar la protección de la inmensa mayoría, sin duda estaban este fin de semana en La Toja alineados con el relato de Feijóo de “fiscalidad agresiva” y contra el impuesto de solidaridad de las grandes fortunas anunciado por Sánchez.  Para cuando el presidente clausuró el sábado por la mañana el Foro, por videoconferencia por los rigores de la Covid que todavía no ha dejado atrás, muchos de los que aplaudieron la conferencia del líder de la oposición el día anterior ya habían volado a Madrid.

Si Feijóo fue “bendecido” como sustituto de Casado meses antes de que se precipitara “el golpe” contra el anterior líder del PP, este año ha contado durante tres días con la complicidad y el aplauso entusiasta de la élite empresarial. Y eso que, despojado de la institucionalidad de la Xunta, el gallego asistió a la isla primero como ponente y, después, como oyente de un amplio panel de “pensadores” que contó el último día con la intervención del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, un nombre que cuenta, como Feijóo, con los parabienes de Felipe González y Mariano Rajoy. “Hay que escucharle siempre con mucha atención”, dijo el socialista. “Lo propuse yo para el cargo”, apostilló Rajoy durante una conversación entre ambos que demostró la sintonía y complicidad entre los dos.

El líder de la oposición, que ya ha ganado las elecciones generales en las encuestas y en los despachos del poder empresarial, adolece sin embargo de una notable falta de entusiasmo por su traslado a Madrid que no oculta entre propios y extraños. “No le gusta la dinámica de la capital y esta empresa le ha pillado en un buen momento vital en el que su prioridad, tras cuatro mayorías absolutas en Galicia y 14 años de gobierno regional, ya no era el tiempo de empezar una nueva carrera”, comentaba en la isla un gran conocedor de la personalidad de Feijóo. “Ha conseguido en cinco meses dar la vuelta al tablero electoral en los sondeos, tiene el viento a favor y sólo tiene que ensanchar el espacio y no abandonar el carril central”, añadía uno de sus correligionarios, que tampoco oculta “el profundo cambio” vital y político por el que transita alguien que ha pasado de ser el virrey de Galicia a aspirante a presidente de Gobierno sin presencia en el Parlamento y con serias dificultades para relacionarse con la prensa de Madrid, a la que intenta mantener cuanto más lejos mejor, con la torpe colaboración del sanedrín que le rodea.  Pero este es un capítulo que daría para otra entrega.

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