Las trabas y la exclusión del debate mantienen bajo mínimos la participación electoral de los inmigrantes en pleno auge de la xenofobia
Después de cuatro años, una pequeña parte de los ciudadanos extranjeros que residen en España volvían a estar llamados este 26M a las urnas en las únicas elecciones en las que pueden participar, las municipales –junto a las europeas para los ciudadanos de la UE–. Esta vez lo hacían en pleno auge de los discursos xenófobos en la escena política. Sin embargo, la falta de información, los plazos ajustados y alejados de la cita electoral o la ausencia de mensajes políticos con los que identificarse han vuelto a culminar, para muchos, en unos bajos niveles de participación, del 6%, de la población extracomunitaria, a la que se les exige varios requisitos para poder votar. El último de ellos, apuntarse en el censo electoral.
En él solo se inscribieron 466.316 personas, de las aproximadamente 1.263.172 que, de acuerdo con los datos del INE, reunían las condiciones para poder votar el 26M. De los inscritos, apenas 16.636 procedían de los 12 países de fuera de la UE, en su mayoría latinoamericanos, que cuentan con un acuerdo de reciprocidad con España. El grueso de votantes son ciudadanos comunitarios de países como Rumanía (113.578 electores), Reino Unido (97.579) o Italia (57.537). De los más de 500.000 ciudadanos de la UE con los que se puso en contacto la Oficina del Censo Electoral, se inscribieron algo más del 7%.
Es un tema de Icíar Gutiérrez.