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El PSOE se replantea sus opciones electorales para Madrid ante la relevancia de dar la batalla en 2023

La secretaria general del PSOE de la capital, Mercedes González.

Esther Palomera / Irene Castro

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Hablar del socialismo madrileño es hablar de luchas intestinas, de mesas camillas, de equilibrios orgánicos, de candidatos fallidos y de derrotas, sobre todo de derrotas. 28 años de oposición en la Comunidad; 33, en el Ayuntamiento y sin horizonte prometedor a la vista. Madrid sigue siendo la gran asignatura pendiente del PSOE. Ningún secretario general ha logrado enderezar el rumbo de una organización instalada cómodamente en la oposición y más habituada a las guerras cainitas que a la construcción de un proyecto político. Unos porque dejaron hacer, otros porque intentaron tomar el control desde Ferraz y todos por sus acreditadas ocurrencias en el momento de elegir carteles electorales. 

La importancia de 2023 para la permanencia de Pedro Sánchez en la Moncloa ha llevado en estas últimas semanas al PSOE a replantearse sus opciones electorales para la batalla de Madrid, que no es cualquier plaza ni es baladí para el resultado de las municipales de mayo que son las que históricamente han anticipado la victoria de las siguientes generales. También, claro, han influido en las dudas que sobrevuelan en la sede federal los análisis cualitativos que se manejan sobre el secretario general del PSM y portavoz en la Asamblea, Juan Lobato, y la delegada del Gobierno, Mercedes González Fernández, a quien muchos daban como candidata segura para competir contra José Luis Martínez Almeida por la Alcaldía. 

El escaso grado de conocimiento de ambos entre la ciudadanía que reflejan las encuestas internas ha disparado las alarmas en la calle Ferraz, donde creen que el desgaste del actual alcalde del PP abre una ventana de oportunidad para un PSOE-M que, en las anteriores municipales en Madrid, pasó a ser cuarta fuerza política con Pepu Hernández, ex seleccionador nacional de baloncesto, como cabeza de lista.

Entre los madrileños son pocos –por debajo del 15%– los que conocen a Mercedes González y quienes sí dicen identificarla con su cargo y con el PSOE. Juan Lobato sale mejor parado que su colega, pero tampoco se puede decir que despierte un entusiasmo desbordante entre los encuestados, a pesar de su crecimiento en la Asamblea desde que tomó las riendas del grupo parlamentario y el liderazgo del partido a nivel autonómico. En la Comunidad, donde la hegemonía del PP es aplastante, Más Madrid arrebató al PSOE la segunda posición del tablero en las últimas autonómicas de hace poco más de un año 

Y conformarse, sostienen en el socialismo madrileño, con recuperar esa segunda posición en Madrid “es una pírrica aspiración, además de una papeleta más para que Pedro Sánchez salga de La Moncloa en las siguientes generales”. El caso es que el siempre convulso PSOE madrileño vuelve a vivir momentos de incertidumbre ante la proximidad de las primarias que elegirán candidatos para Madrid y cuyo proceso se abrirá en septiembre. 

Juan Lobato ya ha anunciado su intención de presentarse y en su caso no parece que la dirección federal esté por la labor de impulsar un candidato alternativo, ya que creen que desbancar a Isabel Díaz Ayuso es un imposible en 2023, si bien entienden la necesidad de consolidar una candidatura a cuatro años vista como la del también ex alcalde de Soto del Real. El caso de González parece distinto, ya que el Ayuntamiento es una plaza que los socialistas ven más fácil de recuperar para la izquierda madrileña. “Si damos con un candidato reconocible, de solvencia acreditada y con un perfil atractivo para el electorado”, argumentan fuentes del partido.

La salida de la vicesecretaria general del PSOE de Adriana Lastra, que en la convención municipal de hace menos de un mes señaló a González como futura candidata, allana el camino para buscar perfiles con mayor experiencia y talla política. Esa es la decisión que tiene que tomar Sánchez y es el debate que se ha empezado a librar en el partido, con varios nombres sobrevolando en el ambiente que ya sonaron en el pasado, como fue el caso de los ministros de Defensa, Interior o Industria, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska o Reyes Maroto. La concejal y portavoz municipal, Mar Espinar, tiene aspiraciones de liderato, pero no es un nombre que convenza en la Moncloa y tampoco en Ferraz.

Ajeno a cualquier batalla orgánica, Lobato sabe que no será lo mismo para su resultado en la región hacer ticket electoral con una desconocida Mercedes González que con un referente del socialismo de acreditada hoja de servicios. La ex concejal del Ayuntamiento salió de la Plaza de Cibeles rumbo a la Delegación del Gobierno por decisión de Pedro Sánchez precisamente para que fuera haciéndose un nombre en la ciudad de Madrid con la vista puesta en 2023. Y la misma intención, sostienen fuentes socialistas, se tuvo desde Ferraz con la creación de una agrupación de nuevo cuño en la ciudad de Madrid dirigida por González y que, para la militancia, no fue más que “un experimento de laboratorio impulsado desde Moncloa contra los secretarios generales de las agrupaciones locales”.

“Una cosa es que digamos que no queremos paracaidistas impuestos por Ferraz, y otra que haya que jugar a caballo perdedor con una candidata de la federación”, sostiene un veterano, para quien no tiene sentido que Moncloa y el federal “se abstengan de un debate oportuno con tal de jugar a una nueva generación de líderes con los que superar los tiempos de agravios continuados a la militancia madrileña con candidatos impuestos como fueron Miguel Sebastián, Trinidad Jiménez o Pepu Hernández”.

Salvo Felipe González, que nunca pudo controlar la indómita federación madrileña, Zapatero primero y, después, Sánchez han hecho y deshecho a su antojo en Madrid. Aún escuece en algunos sectores de la federación la humillación a la que fue sometido el anterior secretario general del PSOE-M, José Manuel Franco, a quien en las últimas autonómicas le dieron la lista autonómica hecha desde Ferraz, le dirigieron la estrategia desde Moncloa, con Iván Redondo al frente, y le impusieron como jefa de campaña a una inexperta y atribulada Mónica Carazo, sin más currículum que la militancia de partido ni más oficio que el de trepar en la organización. Y, luego, eso sí, le obligaron a asumir con su dimisión la debacle del infausto 4M en la Comunidad de Madrid.

El caso es que un año después de aquella hecatombe madrileña que obligó a Sánchez a una profunda remodelación de su Gobierno, el PSOE ha vuelto a meter el termómetro en Madrid y la temperatura en torno a sus candidatos vuelve a ser gélida. Hay ruido y muchas posibilidades de que haya un volantazo sobre los planes inicialmente previstos.

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