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OPINIÓN | Isabel y Alberto, por Antón Losada

Seis meses del cambio de Gobierno: menos charcos, más coordinación y choques con Díaz

La portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez; la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz; y la ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría.

Irene Castro


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El nuevo gabinete de Pedro Sánchez se acerca al medio año de funcionamiento tras la profunda remodelación que llevó a cabo el presidente para imprimir un nuevo aire al Gobierno en un momento de agotamiento tras la pandemia y de desgaste de algunos de sus miembros. Desde entonces, la coordinación dentro del Gobierno y, sobre todo, entre Moncloa y Ferraz ha mejorado sustancialmente, según reconocen en ambos lados, no ha habido grandes errores y la relación con Unidas Podemos sigue siendo estable, aunque los socialistas tienen ciertos recelos con el protagonismo que está adquiriendo la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que mantuvo el choque más sonoro de la coalición a propósito de la reforma laboral. 

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“Ahora trabajamos por el mismo objetivo”, resume un dirigente socialista sobre el panorama que se abrió hace seis meses con el giro de timón de Sánchez. Entre líneas se refería a la salida del ex jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo, quien tenía una pésima relación con el partido y al que la cúpula socialista acusa de haber trabajado en buena medida en su beneficio personal por encima de los intereses del Gobierno. El tiempo, consideran, les ha dado la razón después de que el spin doctor del presidente aproveche ahora su página semanal en La Vanguardia para sembrar dudas sobre las capacidades electorales del PSOE y alentar las expectativas de la plataforma que previsiblemente liderará Yolanda Díaz.

En lo que también coinciden todas las fuentes consultadas es en que la remodelación de ese equipo, con la incorporación, además, de dos veteranos 'fontaneros' socialistas –Óscar López y Antonio Hernando–, ha engrasado la maquinaria Ferraz-Moncloa y ha acabado con las disfunciones de la etapa anterior. “Hablamos el mismo idioma”, dice uno de los colaboradores que ha tenido Sánchez durante su mandato. 

Y más allá de la relación partido-Gobierno, lo que también señalan es la mejora de la coordinación dentro del Ejecutivo. Esa era una labor que antes correspondía a la exvicepresidenta Carmen Calvo, que tenía una delicada relación con algunos de sus compañeros en el Consejo de Ministros, especialmente con los representantes de Unidas Podemos. Los choques con la ministra de Igualdad, Irene Montero, fueron constantes hasta que perdió la batalla que dio en contra de la autodeterminación de género que finalmente recoge la ley trans.

Además de deshacerse de ministros que acusaban el desgaste, Sánchez buscó perfiles que le puedan servir de enganche con el PSOE en futuros procesos electorales y también para rejuvenecer el gabinete en un momento en el que Díaz empezaba a despuntar. Los socialistas miran de reojo a la vicepresidenta segunda y, aunque apuestan por una unión a su izquierda que les permita retener el poder, recelan de algunos de sus movimientos. “A ver cómo llega”, dice un destacado socialista, que considera que la dirigente gallega se puede quemar si sigue pisando el acelerador. 

Y es ese rejuvenecimiento y la incorporación de mujeres lo que destacan en las filas socialistas. A la que más aplauden en la cúpula socialista es a Isabel Rodríguez, que se ha convertido en el rostro del Consejo de Ministros como portavoz, el cargo que más tiempo le consume, pese a ostentar también la cartera de Política Territorial. “Ha dado mucha frescura”, expresó el número tres del PSOE, Santos Cerdán, en una entrevista en elDiario.es. Rodríguez no se sale del guion marcado por Moncloa, que se aprende al dedillo y repite con una sonrisa. También se zafa de las críticas con esa misma táctica, que ponen en valor sus compañeros del Gobierno“. ”Yo no podría“, reconoce un ministro socialista. ”No se equivoca porque no se moja“, admiten fuentes socialistas. 

Junto a ella ha comparecido ya en varias ocasiones Pilar Alegría, que llegó a un Ministerio que tenía los grandes proyectos del acuerdo de coalición ya encarrilados, pero que puede quemar. Por el momento, ha sorteado la polémica por el acoso a la niña de Canet cuyos padres han reclamado el 25% de las clases en castellano y que amenaza con convertirse en un problema para el departamento de Educación y Formación Profesional dado que, si la Generalitat no cumple el fallo judicial, el Gobierno tendrá que iniciar un procedimiento de ejecución de la sentencia. Pero desde su llegada Alegría ha salido ante los medios para dar buenas noticias, como los 660 millones de euros para 65.000 plazas nuevas de 0 a 3 años, y para defender la ley de Formación Profesional que dejó lista Isabel Celaá. 

A Alegría la señalan en el PSOE como sustituta del presidente aragonés, Javier Lambán, llegado el momento. Y con esa idea para Madrid también ha ido ascendiendo Pilar Llop, que saltó de la presidencia del Senado al Ministerio de Justicia. Algunas fuentes consideran que es la que peor entrada ha tenido en el Gobierno con un encaje difícil en un sector complicado y conservador. “Juan Carlos Campo lo tenía controlado”, dice una de las fuentes consultadas. Pero no es un sentimiento generalizado. “Lo importante de un ministro de Justicia es que no sea noticia”, dice otro alto cargo del Gobierno. En la retina de los socialistas está la exministra Dolores Delgado, que llegó a ser reprobada tras la publicación de una conversación con el comisario Villarejo cuando era fiscal. 

Llop, que como le ocurrió antes a Juan Carlos Campo está al margen de las conversaciones con el PP para la renovación de instituciones como el Poder Judicial, por ahora ha ralentizado el proyecto estrella de su antecesor: la modificación de la ley de enjuiciamiento criminal que pretende que sean los fiscales los que investiguen las causas penales. También está en un cajón la reforma del Código Penal, aunque en este caso por estrategia de Moncloa, mientras avanzan otros proyectos como la ley concursal, la de eficiencia procesal, la de eficiencia organizativa y la de eficiencia digital. 

Un perfil aún más bajo tiene la ministra de Ciencia, Diana Morant, de quien en Moncloa destacan que haya sacado adelante el PERTE para la sanidad de vanguardia. Otro de los cambios radicales fue el del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana del que salió José Luis Ábalos, a quien Sánchez también apartó de la Secretaría de Organización del PSOE. Raquel Sánchez, que hasta entonces era alcaldesa de Gavá, se ha tenido que hacer a ese mastodóntico departamento, que con 16.200 millones de presupuesto concentra el 40% de la inversión pública. Al tener un perfil político limitado, va a “quemarse menos”, pronostican los suyos. No obstante, poco después de llegar al Gobierno se desencalló la ley de vivienda, que llevaba meses atascada por la regulación de los precios de los alquileres, y también se lanzó desde su departamento un aviso a la Generalitat al paralizar el proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat que la ministra de Política Territorial había cerrado con el conseller de Junts y contra el que se posicionó ERC. 

“Las nuevas ministras han dado impulso”, dice un alto cargo gubernamental. “La imagen de las ministras es positiva, tienen experiencia, vienen de lo municipal, vienen de abajo, desde la política más cercana a los ciudadanos y eso es bueno”, expresó en una entrevista en elDiario.es el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán. 

¿Y los ministros?

Siempre destacan a las incorporaciones femeninas, pero ¿y los ministros? El titular de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, es el nuevo hombre fuerte de Sánchez en el Ejecutivo –y con presencia en el partido–, pero ya estaba ahí como secretario general de Presidencia desde 2018. “Ya ejercía casi como ministro”, admite un dirigente socialista. Bolaños era el "afinador" de la Moncloa, que se encargaba de poner la "música" en el BOE, y estaba en todos los asuntos complicados como la exhumación de Franco, que fue su primera aparición ante el gran público. La diferencia ahora es que tiene una mayor proyección. Heredero de las competencias de Calvo pero sin vicepresidencia, a Bolaños se le está atragantando la ley estrella de su departamento por la falta de apoyo de ERC al proyecto de memoria democrática. El responsable también de las relaciones con las confesiones religiosas tiene por delante el reto de obligar a la Iglesia a pagar el IBI y de impulsar una ley sobre libertad de conciencia. 

“[José Manuel] Albares es el mejor ministro que tenemos”, sentencia un colaborador de Sánchez que trabajó con el actual jefe de la diplomacia española en sus tiempos como sherpa del presidente. Tras las elecciones de 2019, esperaba la cartera de Exteriores que recayó en Arancha González Laya y él engrosó su carrera diplomática con uno de los puestos más jugosos: embajador en París. En la remodelación del Gobierno, Sánchez echó mano del PSOE y contó con él. Por el momento no ha pisado ningún charco y suma dos éxitos: la evacuación de Afganistán y la recomposición de las relaciones diplomáticas con Marruecos. 

A la gran remodelación del mes de julio, que no afectó a los ministerios en manos de Unidas Podemos, se ha sumado por sorpresa el relevo en el departamento de Universidades por la renuncia por motivos de salud de Manuel Castells, que ha sido uno de los miembros de la coalición con menor proyección pública. Será su sustituto, Joan Subirats, quien defienda la aprobación definitiva de la ley de universidades que Castells ha dejado encarrilada.

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