El Ballet Nacional de España se inspira en el universo fotográfico de Ruven Afanador para sorprender “desde que se abre el telón”

Imagen del espectáculo 'Afanador'

Alejandro Luque

Sevilla —

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El Ballet Nacional de España (BNE) desembarca este viernes y sábado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla para estrenar su nuevo espectáculo, Afanador, un espectáculo de claro aliento vanguardista e inspirado en el personal universo fotográfico del fotógrafo colombiano afincado en Nueva York, Ruven Afanador. La formación que dirige Rubén Olmo, y que pondrá a 34 bailarines en escena, se alía para la ocasión con Marcos Morau y La Veronal, a quienes se atribuye la idea original.

“Conocía a Ruven Afanador y me gustaba su trabajo, de modo que fui pensando en una propuesta que se acercara a su imaginario”, explica Morau. “Cuando se la ofrecí a Rubén Olmo, hace ya tres años, la sorpresa mayúscula fue descubrir que Rubén había participado en las sesiones de Afanador para su libro Ángel Gitano. He intentado hacer una visión de esos trabajos, una reinterpretación y una lectura desde mi punto de vista de creador del siglo XXI”.

El resultado es Afanador, “una fantasía, un paisaje a través de sus personajes, sus composiciones, sus hipérboles y su monstruosidad”, agrega el coreógrafo, Premio Nacional de Danza 2013, quien asegura que en el desarrollo del proyecto “me he permitido el lujo de jugar como un niño al que dejan solo con todos sus juguetes. Me he sentido muy querido y muy libre, siempre con el respeto y la fascinación que tiene enfrentarse a un legado como el del Ballet Nacional”.

Riesgo y vacío

La fotografía de Ruven Afanador (Bucaramanga, 1959) se ha caracterizado, entre otras muchas facetas, por asomarse al mundo del flamenco a través de proyectos como el citado Ángel Gitano o Mil besos desde una perspectiva ajena a cualquier casticismo, valiéndose de una estética absolutamente contemporánea para darle la vuelta a los tópicos.   

Según cuenta Morau, cuando se puso en contacto con él para exponerle la idea de Afanador “se mostró en todo momento abierto a colaborar, confiado. Nos dijo: ‘Para mí es un honor, si las fotos que yo he hecho son un motivo de inspiración, tienen ustedes carta blanca. Es un orgullo máximo que venga a Sevilla y venga al estreno. Porque no es un trabajo documental: las fotos ya sucedieron. Es levantar un espectáculo desde unas cenizas”.

Por otro lado, tanto Morau como Olmo reconocen que la compañía ha hecho un esfuerzo de adaptación al sistema de trabajo del creador de La Veronal. “He intentado trabajar a mi manera, convencido de que la creación contemporánea bebe de las pruebas, de ponerse en crisis, de no hacer lo obvio… Y necesita de gente muy abierta, que acepta el riesgo y el vacío al que de vez en cuando nos asomábamos”, apunta el primero.

A su lado, Rubén Olmo asiente: “Los bailarines de la danza española, lo digo sin ninguna duda, son los más preparados en todas las disciplinas, incluida la contemporánea. Este espectáculo no va de danza contemporánea –como ya hicimos con La Celestina y Electra–, pero Morau es otro mundo, todo en él suma. Yo he sacado a mis bailarines de su zona de confort y les he convencido de la necesidad de bailar con mucho rigor, porque esta propuesta tiene un lenguaje muy distinto. Hay un gran homenaje a la danza española y a Sevilla, y veremos a los bailarines en su flamenco, en su folclore… El Ballet Nacional tiene muchos públicos distintos: uno más clásico, otro que pide obras de argumento, otro que reclama escuela bolera, y también está el que demanda vanguardia”.

Tradición vs. progreso

“Yo le pido al público que venga abierto de mente, no a ver lo que ya ha visto antes”, dice Morau. “Si lo tradicional nos conforta, nos tranquiliza, lo novedoso es lo que a veces nos asusta y nos enfrenta al cambio. Afanador muestra cómo la tradición se enfrenta al futuro, al progreso”.    

Cuando se le pregunta a Rubén Olmo qué recuerda de la sesión fotográfica que tuvo con Ruven Afanador, empieza asegurando que “he tenido muchísimas sesiones con muchos fotógrafos a lo largo de mi carrera, pero lo de Ruven fue… algo mágico. Me preguntó qué música quería bailar y allí estaba yo, en la plaza de toros, horas y horas, pero él tenía clara la hora exacta en que quería hacerme la foto. Es de las experiencias más bonitas que he tenido en ese sentido. Y después de que esas fotos acabaran formando parte de un libro, veo cómo Marcos ha encontrado un hilo entre una imagen y otra hasta formar un espectáculo, y es una maravilla. Pero es el público quien tiene que decir adónde nos lleva esta obra”.

Olmo, que creció con un póster del Ballet Nacional de España en las paredes de su habitación, y que entró en la compañía como cuerpo de baile, luego como solista, más tarde como artista invitado y finalmente como director, sigue sintiendo como “un orgullo” el hecho de encabezar una formación “que es única en el mundo, y no porque la dirija yo. He visto cómo han crecido mis bailarines a lo largo del proceso, cómo se han entregado, les pedimos que vinieran los sábados y venían, también los domingos… Ha sido una entrega total, y el resultado es una sorpresa desde que sube el telón. Eso ya es raro, porque hoy es difícil sorprender. Luego otra sorpresa, y al rato, otra más… ¿Hasta dónde? El viernes lo sabremos”.   

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