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MOVILIDAD
Sevilla inicia su segunda línea de Metro con el reto de acelerar y adelantar su inauguración, prevista ahora para 2030

Moreno echa una palada de tierra en el acto de inauguración de las obras de la línea 3.

Antonio Morente

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El chascarrillo no puede ser más fácil, pero es que refleja la realidad que se ha vivido este lunes con la colocación de la primera piedra de línea 3 del Metro de Sevilla, la segunda que estará en funcionamiento tras la 1, que se inauguró hace ahora 14 años. Entre el calibre del proyecto, lo que se ha hecho esperar y –sobre todo– que estamos como quien dice a tres meses de las elecciones municipales, todo el mundo ha querido subirse a este tren, tal y como ha evidenciado la cascada de autoridades y políticos que se ha congregado en un erial en la zona más al norte del barrio de Pino Montano, donde Sevilla casi pierde su nombre y empieza La Rinconada. Ese ha sido el punto elegido para empezar el ramal técnico de esta línea 3, que han arrancado con el reto de intentar acortar los plazos para así adelantar su puesta en servicio, inicialmente prevista para 2030... siendo generosos con los plazos y si no surgen dificultades imprevistas.

No hablamos además de trazado completo sino de un tramo, el norte, que discurrirá entre Pino Montano y el Prado de San Sebastián, donde enlazará con la línea 1 que empezó a funcionar allá por 2009. Sólo entonces podrá decir Sevilla que tiene algo mínimamente parecido a una red de Metro, aunque esté formada por una línea y media de las cuatro que en principio conformarán su mapa. Al menos, todas las administraciones son ahora conscientes de que estamos ante una anomalía, y es que hablamos de la única capital europea de su tamaño en una situación similar, que no es precisamente la mejor tarjeta de presentación para la capital de una autonomía que presume de pujanza. Así que, al margen de los parabienes de rigor, los discursos coincidieron en dos cuestiones: hay que acortar plazos y las obras no pueden volver a sufrir un parón de semejante calibre, para lo que habrá que ir empalmando una línea tras otra.

Lo ha recordado el hoy secretario general del PSOE andaluz y alcalde hispalense entre 2009 y 2021, Juan Espadas: “Se han perdido muchos años”. Al Metro de Sevilla le atropelló primero la gran crisis económica de hace ya casi tres lustros, y encima después acabó convirtiéndose en un arma de confrontación política de primer nivel, un tira y afloja que lo que conseguía era la paralización absoluta. Ahora han entrado las prisas, y la idea sobre todo es aprovechar esta aceleración para que no vuelva a haber un frenazo. El objetivo no es sólo acortar los plazos ejecutando a la vez más de un subtramo de los seis en que se divide este trayecto norte, sino también acelerar en paralelo los trabajos del ramal sur (entre el Prado y el hospital Virgen de Valme) y de la línea 2, entre Sevilla Este y la Cartuja.

A licitar y a hacer obras

El guante lo ha lanzado el alcalde sevillano, Antonio Muñoz (PSOE), y lo ha recogido el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno (PP), que por lo pronto anunciaba para mayo la licitación de los dos primeros subtramos, que van de Pino Montano a San Lázaro. De paso, en este mismo 2023 se completará el estudio que definirá el trazado del tramo sur y también se licitará la actualización del proyecto de obras para la línea 2, obsoleto después de llevarse más de una década en un cajón durmiendo el sueño de los justos. El regidor, consciente de que no se puede desaprovechar el momento, ya sueña con que haya obras en paralelo de las líneas 2 y 3.

Para eso, el primer paso que se ha dado este lunes ha consistido en poner la primera piedra del ramal técnico, que conectará las cocheras con la primera parada de este tramo de la línea 3, al norte de Pino Montano. Hablamos de 650 metros entre el Cortijo del Higuerón y la carretera A-8005, que requerirán once meses y medio de trabajo con una inversión de 6,4 millones de euros y la generación de un centenar de puestos de trabajo. El trayecto contará con un par de puentes para salvar los arroyos del Tamarguillo y La Ranilla, y pasará la futura ronda intermedia SE-35 bajo un viaducto. Cuando esté completo todo el trazado norte (con ese horizonte en principio de 2030), entrarán en servicio 7,5 kilómetros que discurrirán en buena parte por la Ronda Histórica de la ciudad y que contará con 12 estaciones, once de ellas subterráneas.

La población atendida en este recorrido (que se hará sin tuneladora) es de 120.000 habitantes y se prevén 13,3 millones de viajes al año, a lo que ayudará que conectará cuatro complejos sanitarios: los hospitales San Lázaro, Virgen Macarena y Victoria Eugenia de la Cruz Roja, además del centro de especialidades de María Auxiliadora. El recorrido completo se hará en 18 minutos, y se calcula que permitirá cada año evitar la emisión a la atmósfera de 982 toneladas de CO2 al haber muchos ciudadanos que aparcarán su coche para coger el Metro. La inversión de este tramo norte será de 1.300 millones de euros que pagarán a medias el Ejecutivo andaluz (que es el que tiene las competencias en movilidad) y el Ministerio de Transportes, a lo que hay que sumar otros 65 millones de euros para adquirir trenes y vagones, que abonará también la Junta.

Obra “constante y sin pausa”

Pero lo dicho, el foco se ha puesto ahora en que no se pare este tren ya en marcha, algo refrendado en varias ocasiones a la hora de los discursos oficiales. Moreno, por ejemplo, ha reiterado que “se va a ir dando forma, constante y sin pausa, al resto de la obra y líneas” hasta completar el mapa del Metro hispalense. “Es una obra clave para el futuro de Sevilla”, ha subrayado, hasta el punto de que esta primera piedra lo considera “el acto más esperado por los sevillanos durante años”, y por eso ha garantizado “la mayor celeridad posible” para imprimir un “ritmo alto” a las obras.

Muñoz, por su parte, ha puesto el acento en que el proyecto se ha desbloqueado cuando ha habido una colaboración real entre las administraciones pese a que es “inevitable que cada uno legítimamente intenta arrimar el ascua a su sardina”, y más con unas elecciones a la vuelta de la esquina. De paso, ha propuesto que Tussam (la empresa municipal de transportes) entre en la gestión de esta línea 3 y ha garantizado que el Ayuntamiento de Sevilla asumirá la reurbanización de las principales avenidas que habrá que levantar para hacer los túneles. Lo que inevitablemente será un engorro (tanto el presidente como el alcalde han recordado que tocan años de molestias por las obras) se ve ahora como una oportunidad para “mejorar el entorno urbano y hacer barrios más amables y sostenibles”, especialmente en la Ronda Histórica y la Ronda Urbana Norte.

Por cierto, que en la colocación de esta primera piedra se cumplimentó el ceremonial de depositar objetos en la urna enterrada en este kilómetro cero. ¿Y qué se metió ahí para el recuerdo? El más prosaico fue el delegado del Gobierno en Andalucía, Pedro Fernández, con un paquete de periódicos del día, aunque la consejera de Fomento, Marifrán Carazo, tampoco es que se quedara atrás con el proyecto constructivo del Metro y un bono de transporte. El alcalde dejó monedas y una medalla con el escudo de la ciudad, mientras que el presidente dejó una bandera andaluza y un ejemplar del Estatuto de Autonomía. Nadie tiró de poesía, aunque para los sevillanos el inicio de las obras es como si estuviera escrito en verso...

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