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El embargo comercial a España, ¿amenaza o farol? Trump carece de base legal, pero peligran inversiones desde EEUU

Donald Trump en una comparecencia de prensa en el Despacho Oval.

Álvaro Celorio / David Noriega

4 de marzo de 2026 23:16 h

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¿Hasta qué punto la última amenaza de Donald Trump de cortar relaciones comerciales con España e imponer un embargo a los productos de nuestro país es una bravuconada más o una amenaza real para la economía? Esa es la pregunta más repetida este miércoles en los pasillos de La Moncloa, en los de la Comisión Europea, en los centros de análisis y en las empresas exportadoras, que miran con recelo el nuevo arranque del presidente de Estados Unidos.

El acrónimo TACO (Trump Always Chickens Out, Trump siempre se acobarda) se ha puesto de moda durante el segundo mandato del magnate neoyorquino, toda vez que su fama de negociador pasa por llevar al límite cualquier asunto, aunque luego ceda y las ganancias sean mínimas. Un “juego del matonismo”, como lo define la exministra de Exteriores (2020-2021) Arancha González Laya, que se ha convertido en una constante desde su re-aterrizaje en la Casa Blanca.

“Cada vez que un país le lleva la contraria, reacciona de manera bravucona, diciendo que va a tomar represalias. Luego habrá que ver si se cumplen o no”, explica quien fuera la jefa de la diplomacia española, ahora decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París, que cita el tenso encuentro con Zelenski en el despacho oval, los ataques al primer ministro británico Keir Starmer o el conflicto con Dinamarca a cuenta de Groenlandia.

Este martes, Trump mostró su disgusto ante el “horrible” comportamiento del Gobierno español, que impidió al Ejército estadounidense hacer uso de las bases militares de Rota y Morón dentro de la ofensiva en Irán. Y, de paso, manifestó su resentimiento por que España se haya negado a subir el gasto en Defensa más allá del 2% del producto interior bruto (PIB).

“Le he dicho a Scott [Bessent, secretario del Tesoro] que corte todas las relaciones con España. España dijo que no podemos usar sus bases. Podríamos usar su base si quisiéramos. Podríamos simplemente volar allí y usarla. Nadie nos va a decir que no la usemos. Pero no tenemos por qué hacerlo. Pero ellos han sido poco amistosos. (...) Podría detener mañana, hoy mejor aún, todo lo que tenga que ver con España. Embargos. Podemos hacerlo con España”, dijo Trump ante la prensa durante un encuentro con un silente canciller alemán, Friedrich Merz, que no solo no defendió a una nación europea atacada, sino que reconoció que trataba de convencer a Pedro Sánchez de llevar las inversiones militares al 3,5% del PIB.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, apuró la mañana del miércoles en una ronda de entrevistas en medios de comunicación para tratar de calmar a la población y recordar que, en materia comercial, los Veintisiete estados miembros de la Unión Europea funcionan como uno solo. “No hemos tenido ocasión de hablar con ellos [el Gobierno de Estados Unidos], pero quiero lanzar un mensaje de tranquilidad: más allá de estas declaraciones, no hay ninguna actuación encima de la mesa”, subrayó. El vicepresidente de la Comisión Europea, Stéphane Séjourné, rompió una lanza a favor de España al recordar que “cualquier amenaza contra un país europeo miembro es una amenaza contra la UE”.

“Tampoco es tan simple que Trump pueda ordenar esto, como hemos visto recientemente con el Tribunal Supremo, que canceló los aranceles del Día de la Liberación, porque para ello hace falta base legal y también el acuerdo del Congreso. Para un corte más inmediato y fuerte se podría ir a través de los poderes económicos de emergencias del Departamento del Tesoro, pero aplicarlo contra un aliado de la Unión Europea sería algo extraordinario y políticamente explosivo”, señala el economista y senior fellow de Esade Center for Global Economy and Geopolitics (EsadeGeo), Omar Rachedi. 

Pero legalidad y Trump son, según los expertos consultados, dos conceptos que no siempre van de la mano. “Al hablar del orden multilateral, cuando Trump está en la ecuación, lo teórico y lo práctico no siempre están alineados”, dice el profesor de Economía de la Universidad Pontificia de Comillas-ICADE, Carlos Victoria. “Es muy sencillo decir que imponer aranceles o un embargo a España no se puede hacer en el marco legal, pero hay que ver cuál es el ámbito de lo posible y recordar que Trump siempre puede extralimitarse”, abunda. Un argumento en el que coincide la exministra González Laya: “El respeto a la ley no es un freno para él ni en Estados Unidos, donde sus propias empresas han tenido que ir a los tribunales para que anulen los aranceles”, señala.

Corte de relaciones, embargo o aranceles

En el Despacho Oval, Trump planteó tres opciones. O un corte de las relaciones con España, que el año pasado alcanzaron los 45.000 millones de euros, con un saldo comercial favorable para Estados Unidos; un embargo de los productos procedentes de nuestro país; o, incluso, la carta ya manida de los aranceles.

A pesar de que el Tribunal Supremo estadounidense tumbó gran parte de los aranceles de Trump, el fallo confirmó su capacidad de imponer un embargo comercial. “Sin embargo, tendría que declarar una emergencia nacional en la que España sea una ‘amenaza inusual y extraordinaria’ para el país”, explica la catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense, María Concepción Latorre. “Probablemente, es difícil demostrar que la negativa de España a usar las bases aéreas en su territorio lo sea”, señala quien fuera Experta Nacional Destacada en la Comisión Europea y miembro del Grupo de Expertos en Comercio Internacional.  

En la misma línea se pronuncia la analista internacional del Center for Economic and Policy Research (CEPR) Frances Emanuele. Ese precepto se ha aplicado con Cuba, Venezuela o Irán, pero “sería muy difícil de justificar” frente a un aliado de la OTAN. Pese a todo, el secretario del Tesoro de Estados Unidos afirmó este mismo miércoles, en una entrevista en la CNBC, que “cualquier cosa que ralentice” la “capacidad de llevar a cabo esta guerra [en Irán] de la manera más rápida y eficaz pone en peligro la vida de los estadounidenses”. “Los españoles ponen en peligro la vida de los estadounidenses”, insistió sobre la negativa a utilizar las bases de Morón y Rota. 

Pero hay otros castigos comerciales que se mueven en los márgenes. Desde la década de los años 80 del siglo XX, hasta entrado el XXI, Estados Unidos prohibió la entrada de jamón y otros productos porcinos al país, amparándose en restricciones sanitarias, tras haberse declarado en España una crisis porcina. “La crisis se solucionó en un par de años, pero no abrieron el mercado hasta más de dos décadas después”, recuerda el catedrático de Internacionalizacion de Empresas y jefe de sector en excedencia en ICEX Jesús Arteaga.

Así, si Trump quiere evitar el choque frontal con la Unión Europea puede optar por “instrumentos aduaneros, que permitan la no importación temporal de determinados productos debido a cuestiones sanitarias o fitosanitarias”. “Es una cláusula de salvaguarda”, señala el experto.

Más allá del encaje legal de una medida de este tipo, España compra a Estados Unidos más de lo que vende, señala González Laya. “Otra de las lecciones que nos deja este último año es que el 90% de los aranceles los están pagando las empresas y los consumidores estadounidenses. Teniendo en cuenta la situación de su economía, el aumento de los precios de la energía, el nivel de inflación y que la Reserva Federal no va a poder bajar los tipos… La inflación se les va a descabalgar. Él verá si quiere que siga subiendo”, apunta la exministra.

Otras voces, sin embargo, minimizan el impacto en aquel país. “Estados Unidos es una economía enorme y muy poco abierta al exterior, porque en el interior encuentra gran parte de lo que necesita, a diferencia de nuestro país o en Europa. Salvo el jamón ibérico, cabe esperar que otros países nos sustituyeran. No creo que preocupe tanto allí como nos debe preocupar a nosotros”, responde la catedrática Latorre.

Pero, aunque en términos comerciales, algunos sectores como el agroalimentario –las exportaciones de aceite de oliva o vino son claves– pudieran verse afectados, los anhelos de Trump podrían traducirse en otras medidas, más allá de embargos o tarifas. Estados Unidos es el primer inversor en nuestro país: 130.000 millones de inversión acumulada, según datos de la Cámara de Comercio estadounidense en España. En 2024, fue el primer destino de inversión de las empresas españolas (7.709 millones de euros), y fue el segundo país que invirtió más en España (6.158 millones), después de Reino Unido, de acuerdo con los datos del Ministerio de Economía.

“Una de las vías es que el Gobierno estadounidense intente condicionar las inversiones de empresas americanas en España”, apunta el profesor Victoria. Justo esta semana, con motivo del Mobile World Congress, la multinacional Amazon anunció 18.000 millones extra para sus centros de datos en Aragón. Jeff Bezos, su fundador, fue uno de los donantes de la investidura de Trump y, a través de su control del Washington Post, ha rebajado la tensión mediática sobre el presidente. Sin embargo, González Laya estima que esta operación en concreto no está en peligro, al tratarse de “una empresa con gran anclaje” en España. 

Pero la mera mención de una crisis comercial tiene “efectos directísimos” en las empresas españolas. Tanto en las que están en procesos de inversión o implantación en el exterior como en las que se plantean aumentar su actividad comercial. “Nadie mete dinero [en otro país] sabiendo que en cualquier momento le pueden parar”, razona Arteaga.

Otra posible vía es dificultando la entrada de españoles al país. “Lo ha hecho con ciudadanos europeos, como al comisario francés Thierry Breton, a quien le retiró el visado porque fue el artífice de la legislación europea en mercados digitales”, detalla la decana González Laya.

El impacto de las declaraciones de Trump ya se está traduciendo, eso sí, en incertidumbre para algunas decisiones empresariales. La cooperativa aceitera Dcoop anunció este miércoles su decisión de “ralentizar, aplazar o aparcar” la compra del 100% del capital de la compañía oleícola estadounidense Pompeian, de la que ahora tiene un 50%. “Solo con estos anuncios, aumenta la incertidumbre y el shock que provoca sobre los mercados y las expectativas es gigantesco: en términos de consumo, de inversión, de expectativas y previsiones”, explica el profesor de ICADE.

Pero ese daño no afecta únicamente a la economía española, el David que se enfrenta al Goliat estadounidense. “Cuando uno mira las cifras, no hay grandes inversiones en Estados Unidos porque muchas empresas están esperando a ver cómo se estabiliza un entorno regulatorio que es muy inestable”, señala González Laya, para quién el conflicto en Irán añade una nueva capa de inestabilidad. 

Al margen de la proporcionalidad de la respuesta de Trump a la negativa española a involucrarse de ninguna manera en la operación iraní, que Sánchez ha justificado con un “no a la guerra”, Latorre recuerda que la política exterior es “un área especialmente sensible, que afecta a todos españoles y en la que es importante sentirse bien representado”. “Me parece que no es bueno singularizarse frente a la economía más importante del mundo, sobre todo si se hace sin consenso en el Congreso”, apunta para indicar que “sería muy distinto si se hubiera obrado en consenso con otros países de la UE o, mejor aún, con todo el frente común de la UE”.

El Gobierno, sin embargo, se muestra confiado en que el tiempo traerá, al menos, a un parte de los países del entorno a ese consenso. “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo, simplemente por el miedo a las represalias”, defendió Sánchez.

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