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El estrecho de Ormuz enfila el tercer mes de bloqueo y acerca la economía mundial a un punto de no retorno

Buques con bandera de EEUU 'patrullan' en estrecho de Ormuz.

Álvaro Celorio / Yuly Jara

8 de mayo de 2026 22:22 h

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El bloqueo (doble) del Estrecho de Ormuz, la lengua de 40 kilómetros fundamental para el tránsito mundial de la energía, enfila ya el tercer mes de duración y acerca peligrosamente a la economía mundial a un punto de no retorno. Bancos de inversión como Goldman Sachs ya advierten de que los inventarios globales de petróleo apenas cubren 100 días más, el sector turístico teme la escasez del queroseno que alimenta los aviones y las reservas de gas europeas están en mínimos tras el invierno.

Los ataques combinados de Israel y Estados Unidos sobre Irán del pasado 28 de febrero, que en la Casa Blanca confiaban en que derivarían una rendición rápida del régimen de los ayatolás, han provocado la mayor crisis energética global de la historia reciente, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Solo por Ormuz pasaba, hasta el 28 de febrero, el 20% del petróleo y el gas natural que se consume en todo el mundo, así como fertilizantes y otros insumos fundamentales para la industria global.

Si bien en Europa queda muy reciente el colapso que provocó la invasión rusa de Ucrania, numerosos países asiáticos, los más expuestos, ya están racionando combustibles. El precio del barril de petróleo Brent, de referencia en Europa, ha aumentado más de un 40%, desde los 70 dólares antes del conflicto al entorno de los 100 en el que se ha movido esta semana. Pero la cercanía del verano promete apretar la demanda de energía… y una subida inevitable de los precios.

“En ese sentido sí que creo que nos estamos acercando a un punto de no retorno”, apunta Jorge León, vicepresidente senior y jefe de Análisis Geopolítico de la consultora noruega Rystad Energy. El experto pone de ejemplo lo sucedido en 2022, al hilo de la crisis desatada en Europa por el corte del suministro del gas ruso, cuando los precios realmente comenzaron a repuntar no tanto al inicio del conflicto, sino con la subida de las temperaturas. “Si no vemos una solución en las próximas semanas, con la demanda estacional del verano es cuando realmente va a afectar a todo el sistema energético”, detalla en conversación con elDiario.es.

Los mercados, hasta ahora, descuentan un final relativamente próximo del conflicto, más aún después de los avances diplomáticos conocidos esta semana. Y a pesar del “golpecito cariñoso”, como definió el presidente Donald Trump los ataques cruzados entre tropas iraníes y estadounidenses en el estrecho de Ormuz durante la madrugada de este viernes. Para León, que en estas circunstancias el petróleo, fundamentalmente, se esté comportando de manera tan moderada indica que las expectativas de los inversores pasan por un acuerdo temprano, con una reapertura escalonada de la vía marítima y una progresiva recuperación de la circulación de crudo, gas natural y otras materias primas críticas.

Pero, de no haber acuerdo, apunta que el precio del barril de crudo podría dispararse hasta los 180 dólares, una cota nunca vista, que desencadenaría una espiral inflacionista, subidas de tipos de interés para frenar las alzas de precios… y ahogar un crecimiento que, en el caso de la zona euro, lleva varios trimestres –y años– siendo raquítico.

Reservas de gas en mínimos desde 2022

Funcas, uno de los principales centro de estudios del país, rebajó esta misma semana sus previsiones económicas para este año, hasta el 2,2% (dos décimas menos), pero disparó sus previsiones de inflación hasta el 3,3% a final de año, 0,8 puntos más de lo que estimaban en febrero, antes de la guerra. Un impacto comedido ante un conflicto que creen “puntual” y “transitorio”, pero que dejará notar sus secuelas durante meses. Calculan que el barril de petróleo, a finales de año, seguirá siendo un 30,7% más caro que en febrero, de acuerdo con las cotizaciones de los contratos a futuro.

“Esto significa que, incluso en el caso de una apertura temprana del Estrecho de Ormuz, hay efectos que van a permanecer porque se han destruido activos productivos en el Golfo Pérsico y esto va a seguir pesando, aunque cada vez menos, con esa hipótesis de que poco a poco se va resolviendo el conflicto”, detalló durante su presentación el director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas, Raymond Torres.

Pero si la situación del petróleo es así, peor es en el caso del gas, un mercado en el que “la tensión sería todavía más duradera”, dicen los economistas del ‘think-tank', y donde los contratos de futuros anticipan un precio un 35% más caro hasta el próximo invierno.

Justo ahora, después de los meses más fríos, Europa se enfrenta al reto de llenar sus reservas estratégicas de cara al verano. Ahora mismo, los tanques de la Unión se encuentran al 34%, en las cifras más bajas de los últimos años. La situación del almacenamiento europeo es similar a la de 2022, aunque los precios todavía están muy lejos de las cotas alcanzadas tras el estallido de la guerra en Ucrania. Portugal (91%) y España (65,5%) son, de lejos, los países con una mejor situación en sus almacenamientos, pero potencias muy dependientes de esta fuente de energía como Alemania apenas tienen un cuarto (26,6%) de su capacidad total.



El verano presiona el gas y el queroseno

Y si la llegada de la primavera, con temperaturas más suaves y más horas de luz, restó presión al principio del conflicto, cuanto más se acerca el verano más se exacerban los temores de nuevas presiones energéticas. El Gobierno asegura que la economía española está más protegida, ya que las renovables marcan el precio el 84% de las horas en el mercado eléctrico (frente al 25% de 2019) y ejercen como “escudo” frente al impacto de la guerra.

Hasta el Banco Central Europeo (BCE) lo ha puesto en valor: “Un análisis del BCE de la crisis energética actual muestra que países con una cuota más elevada de electricidad generada de fuentes de combustible no fósiles, como España y Portugal, han estado más protegidos del aumento de los precios del gas”, dijo su presidenta, Christine Lagarde, a principios de semana.

Pero los picos de demanda para asegurar la climatización en los meses más cálidos van a provocar una subida de los precios que es casi inevitable, y ni siquiera el despliegue de energías renovables será capaz de frenarlo. “En Europa y en España el precio de la electricidad lo marca el marginal [el precio de la última tecnología en entrar en la generación] y ese, normalmente, es el gas. Si el gas es más caro, a pesar de que uses muy poco, necesariamente la electricidad va a ser más cara”, explica León.



Otra de las derivadas del conflicto viene por la escasez de queroseno, el combustible fundamental para los aviones. IAG, la matriz de Iberia, ha anunciado este viernes unos costes adicionales de 2.000 millones de euros por la subida de precios de este refino. Aerolíneas como Vueling o Volotea ya han anunciado posibles subidas en los billetes, en función de cómo evolucione este coste. En Estados Unidos, esta situación ya se ha llevado por delante a Spirit, una especie de Ryanair a la americana.

Desde el Gobierno, la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, trató de mandar un mensaje de calma tras reunirse con varios representantes de las gasistas y las petroleras. Aunque aseguró que estamos ante “la mayor crisis de nuestra historia” en términos energéticos, la titular de Energía subrayó que España cuenta con reservas de queroseno para 90 días y que trabajan en soluciones a escala europea para garantizar el combustible no solo para los vuelos españoles, sino para los que lleguen a nuestro país.

“El queroseno es el punto flaco de la situación para Europa”, apunta León, el experto en energía. “Y lo preocupante es que los vuelos que se están cancelando son los de, más o menos, de 2 a 3 horas de distancia, porque son los más ineficientes en cuanto al queroseno que se consume. Y el turismo a España viene más o menos del resto de Europa: Alemania, Austria, Reino Unido… Y esos son los vuelos que pueden estar más en peligro”, apunta.

Precisamente una de las razones por las que los expertos están manteniendo las previsiones de crecimiento de España es por la hipótesis de que, ante un conflicto en Oriente Medio, gran parte del turismo dirigido a esa zona apostará por destinos como nuestro país. Algo que podría torcerse en el caso de un conflicto más largo de lo estimado. Según Funcas, un conflicto enquistado podría restar todavía más crecimiento a la economía española (1,8% este año) y dispararía la inflación por encima del 4%.

Lo que es cierto es que ni en el mejor de los escenarios (una reapertura inmediata de Ormuz) la crisis pasará sin cicatrices. El precio de los fertilizantes ha aumentado un 50% y, de acuerdo con Torres, estos incrementos tardan unos seis meses en trasladarse al coste de los alimentos frescos. El golpe a los bolsillos está claro: la inflación en los productos más básicos podría escalar al 7% una vez pasado el verano.

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